Artículo publicado en
"Una década para conocernos más",
libro de la Fundación
La importancia de las cumbres iberoamericanas y
UE-América Latina para la cohesión social

Por Cristina F. de Kirchner

La presidenta de Argentina expone en este análisis los retos de futuro de las relaciones entre Europa y América.

Nº18 septiembre 2009


La presidenta argentina en un acto conmemorativo de la independencia de su país que, en su opinión, invita a una reflexión sobre el futuro.

La crisis que hoy atraviesa el capitalismo obliga a modificar los supuestos básicos sobre los cuales se asentó la dinámica social en las últimas décadas. Uno de dichos supuestos es el que se refiere a los vínculos que deben regir las relaciones entre las naciones o entre los bloques de naciones. Esta crisis ha demostrado, entre otras cosas, el sinsentido de la competencia salvaje sostenida por los fundamentalistas del mercado. Ahora debemos promover mayores y mejores niveles de cooperación y solidaridad.

La crisis es global y sólo con estrategias globales, que permitan la participación de todos, podremos salir de ella. Los nobles principios que deben guiar las acciones de cooperación y solidaridad entre las naciones, han estado por alguna razón que debemos desentrañar cada día con un mayor sentido de urgencia, llamativamente ausentes en la lógica que ha imperado en las relaciones económicas, comerciales y financieras, principalmente en este último tiempo.

De otra manera, no existiría la enorme necesidad de coordinar posiciones al máximo nivel político, sea en el G-20 o en otras instancias de coordinación regionales y de foros multilaterales para hacer frente a la terrible crisis que asola al sistema financiero en su conjunto, situación que pone en evidencia el complejo y enorme problema que ahora nos afecta, y que requiere de la participación del conjunto, a fin de encontrar la medicina más eficaz para retomar la salud de la economía global.

Para que sean posibles relaciones de cooperación entre naciones y bloques de naciones, es condición necesaria que los niveles educativos del conjunto de la población mundial crezcan en forma equitativa y que los conocimientos, las informaciones y la capacidad de innovación se distribuyan democráticamente.

Bicentenarios

El año próximo se celebran los bicentenarios de la independencia de los países de América Latina. Esta es una ocasión inmejorable para reforzar los vínculos de cooperación, en el marco de la madurez que han asumido las relaciones entre la Unión Europea y los países de América Latina, particularmente la República Argentina. Siempre hemos estado vinculados con Europa, pero la celebración del Bicentenario nos permite reflexionar, desde nuestra propia perspectiva histórica, sobre las rupturas y continuidades que se manifiestan en este vínculo.

Cuando la Argentina celebró su primer Centenario, era reconocida en el mundo como una de las principales potencias generadora de alimentos. Se veía a sí misma como un segmento más de la economía mundial y su papel se definía como productora de materias primas, no para atender las necesidades de nuestros ciudadanos, sino para el consumo en las potencias hegemónicas del momento. Los rasgos sociales de aquella Argentina del primer centenario eran más excluyentes, no contemplaban a todos los argentinos y sobre todo no priorizaban un aspecto fundamental que se ha constituido en el eje de la última cumbre Unión Europea –América Latina: la cohesión social.

Cambio de modelo

Tendrían que pasar varias décadas para que cambiara este modelo y un gobierno justicialista pusiera la industrialización del país como la base del desarrollo económico y la justicia social como fundamento de la cohesión. Las interrupciones democráticas culminadas en el cruento golpe de 1976, sumadas a las políticas neoliberales implantadas desde entonces hasta la crisis de 2001, echaron por tierra las esperanzas de consolidar estos logros e hicieron retroceder a la sociedad argentina a niveles de desigualdad inéditos en nuestra historia. Hemos superado esa crisis y recuperado la senda del crecimiento económico y la justicia social. La celebración de los Bicentenarios nos encuentra en una situación propicia para una reflexión diferente a la del pasado.

Queremos construir sociedades más justas y frente a este desafío nos sentimos tributarios de dos Cumbres de Presidentes que han marcado la agenda política de nuestra Región: por una parte la Cumbre Unión Europea y América Latina, donde hemos debatido acerca de la cohesión social y, por otro lado, la Cumbre Iberoamericana reunida recientemente en El Salvador, donde hemos planteado la urgencia y la necesidad de atender prioritariamente a nuestros jóvenes, fortaleciendo “el papel central del Estado en el establecimiento de políticas públicas destinadas a mejorar la calidad de las personas jóvenes y a lograr sociedades más inclusivas, justas y solidarias en nuestros países, que tomen en cuenta las protección y promoción de sus derechos…”. En este marco, hemos planteado la oportunidad de realizar la Cumbre Iberoamericana en la República Argentina en 2010 y que dicha Cumbre esté dedicada a debatir el tema de la educación. Sabemos que la educación anticipa el futuro. Si queremos construir sociedades más justas, es necesario que construyamos desde ahora sistemas educativos más justos, que brinden a todos igualdad de oportunidades y quiebren el círculo de reproducción de la pobreza y la dependencia.

Innovación y tecnología

Nuestro gobierno ha otorgado a la educación la máxima prioridad tanto desde el punto de vista presupuestario como político. Tenemos por delante dos desafíos fundamentales. Por un lado, es necesario saldar rápidamente las promesas incumplidas del siglo XX, expresadas en el objetivo de universalizar el acceso y la permanencia hasta el final de la escuela secundaria. Pero por otro lado, es imperioso que incorporemos a nuestra educación los cambios tecnológicos, que nos preparemos para incorporar el concepto de educación continua a lo largo de todo el ciclo de la vida, que articulemos la innovación científica y tecnológica con el aparato productivo y que formemos tanto a los ciudadanos como a las elites dirigentes en valores de solidaridad y justicia social.

Para enfrentar estos desafíos, la cooperación con Europa, es muy importante. Más allá de las diferencias en los niveles de desarrollo económico y las especificidades culturales de nuestros pueblos, tenemos metas comunes. La cooperación en este campo se basa en compartir información y conocimientos, en promover redes de investigadores y de universidades, en propiciar políticas que garanticen el carácter público del conocimiento y en actuar solidariamente para lograr un desarrollo educativo con calidad y equidad.

Decisiones políticas Es necesario avanzar en estas iniciativas, requiriéndose la instrumentación de una lógica a partir de la cual sea posible superar el carácter retórico de las declamaciones de las reuniones y los organismos internacionales y tomar decisiones de políticas que puedan ser implementadas con eficacia y eficiencia. En el marco de la crisis económica internacional que hoy sufrimos, debemos establecer acuerdos que protejan las inversiones educativas y aseguren los fondos necesarios para el cumplimiento de estas metas. Existen fuertes razones políticas y científicas para basar los vínculos entre nuestros países en principios de cooperación y solidaridad. La producción de conociinformación, compartir experiencias, comparar resultados.

Además, lograr niveles adecuados de equidad a nivel internacional es una condición necesaria del equilibrio y la paz mundial. Es necesario "aprender a compartir", porque el imperativo de la solidaridad se impone hoy como una condición de nuestra supervivencia colectiva.

Por todo ello, considero que el relanzamiento y el reforzamiento de las relaciones entre Europa y América Latina no puede tener un mejor escenario que el de potenciar la cooperación birregional para superar la actual crisis. La filosofía común asentada en valores compartidos, no sólo en función de objetivos económicos, sino también de los profundos lazos culturales, políticos y sociales que unen a ambas regiones, permitirá pensar en una asociación integral entre ambas regiones con una agenda común de gran alcance material y de gran profundidad y relevancia en sus vínculos.


Cristina Fernández de Kirchner es la presidenta de la nación Argentina. Nació el 19 de Febrero de 1953 en La Plata, Buenos Aires. Es abogada de profesión y está casada con el ex presidente argentino Néstor Carlos Kirchner. Antes de acceder a la presidencia de su país, fue Senadora nacional por Buenos Aires y por Santa Cruz, además de diputada nacional y también provincial. Es miembro del Partido Justicialista, integrante a su vez del Frente para la Victoria.

Para que sean posibles relaciones de cooperación entre naciones es condición necesaria que los niveles educativos de la población mundial crezcan en forma equitativa

La Cumbre Iberoamericana que se celebrará en la República Argentina en 2010 estará dedicada a debatir el tema de la educación

El reforzamiento de las relaciones entre Europa y América Latina no puede tener un mejor escenario que el de potenciar la cooperación contra la crisis










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