Brasil, vocación de liderazgo

Uno de los países más grandes y poblados del mundo está llamado a ejercer cierto liderazgo en la región gracias a su capacidad mediadora y sus buenas relaciones internacionales.

Nº17 abril 2009

 

Los indios americanos conocían un árbol cuya sabia tenía un color rojizo similar al de las brasas. Pau brasil le llamaron los portugueses que, ocho años después del descubrimiento de América, llegaron a esta tierra. De ahí viene el nombre de Brasil, un país que se ha convertido hoy en el más grande de sudamérica (ocupa casi la mitad de la superficie del subcontinente), y que parece llamado a ejercer un cierto liderazgo en la zona. Sus cifras hablan por sí solas: es el quinto país más grande y más poblado del mundo y el décimo en PIB nominal. Está considerada una de las economías emergentes más prometedoras y su peso en la escena internacional es cada vez mayor. Como su famoso Cristo de Corcovado, Brasil parece tener la mano tendida no sólo a sus vecinos latinoamericanos, entre los que impulsa fórmulas de integración, sino a la Unión Europa, con la que mantiene una alianza estratégica, y a Estados Unidos, con quien ha retomado una nueva etapa de relaciones.

Brasil se prepara para ser la locomotora de Latinoamérica

La economía emergente brasileña y el prestigio del Presidente Lula afianzan la vocación de liderazgo de Brasil. La nueva administración Obama así parece entenderlo, mientras la Unión Europea también refuerza sus vínculos con este país.

La definición de la felicidad para el gran poeta brasileño Vinicius de Moraes era sentarse en un atardecer en la playa de Itapoa, con una copa de cachaza, y mirar al horizonte para poder “sentir la tierra rodar”. Trasladando este sentimiento a la geopolítica, Brasil se ha convertido hoy en el país de Latinoamérica donde mejor se siente la tierra rodar. De hecho, rueda sobre dos grandes ejes que le convierten, probablemente, en el líder de la región. Por una parte, el gobierno de Lula da Silva ha sabido estrechar lazos con la Unión Europea para convertirse en uno de los grandes referentes en la zona para el viejo continente.

Por otro lado, Lula ha conseguido que la nueva administración de Estados Unidos, comandada por Barak Obama, dirija sus miradas hacia un país que ha trascendido su imagen de carnaval, fútbol y caipirinha para emerger como un gigante latinoamericano.

En julio de 2007, Brasil suscribió una alianza estratégica con la Unión Europea que situó a la nación sudamericana al mismo nivel que China, Rusia y la India, en la relación con el viejo continente. Este acuerdo permitió a Brasil avanzar hacia una mayor cooperación en energía, transporte, ciencia, tecnología y lucha contra la pobreza, así como acceder a una situación mundial más importante.

Cumplido el objetivo de afianzar su relación con el otro lado del Atlántico, el gobierno de Lula se movió con acierto en otro nuevo frente: conseguir la atención del nuevo gobierno de Estados Unidos.

El presidente brasileño, Lula da Silva, y su homólogo estadounidense, Barack Obama, mantuvieron recientemente una reunión en la que el gobierno norteamericano pareció conceder cierta capacidad de liderazgo a Brasil, ya que consultó con Lula varios temas de ámbitos que transcienden la competencia del país carioca. Aunque la administración brasileña rechaza presentarse como representante de Latinoamérica ante Estados Unidos, lo cierto es que en la cumbre dio certeras claves sobre la situación en la región. Entre ellas, pidió al nuevo presidente norteamericano que, tras los importantes cambios en la zona, “intente relacionarse con esta América Latina de una forma distinta a otros momentos históricos”. Evitar la injerencia y fomentar la cooperación fueron los consejos de Lula, que también afrontó en esa reunión un análisis de la crisis económica mundial que afecta seriamente a Estados Unidos, Europa y Japón, y en menor medida a un Brasil que ya parece estar dando signos de recuperación.

De esta forma, rodando sobre estos dos ejes, el Gobierno brasileño está desarrollando un proyecto geopolítico que le dé a Brasil voz y voto en las grandes decisiones mundiales.

Así, Brasil se ha convertido en un influyente actor en las principales negociaciones de estos tiempos: las reglas que rigen el comercio internacional, la energía, el medio ambiente, el rediseño del sistema financiero internacional, la búsqueda de fórmulas para reactivar la economía mundial y la lucha contra la pobreza; es miembro del G20 y del G4, aspira a tener sillón propio en el Consejo de Seguridad de la ONU, y ha estrechado relaciones no sólo con dos de los más grandes actores internacionales como son Estados Unidos y la Unión Europea, sino también con gigantes emergentes como la India, e incluso con Sudáfrica. Al mismo tiempo, ejerce una labor no sólo mediadora en Lationamérica, donde modera las tensiones que, por la retórica de sus dirigentes, surgen en países como Venezuela o Bolivia, sino incluso impulsora de la integración regional, mostrándose como abanderado de proyectos de vital importancia como la organización UNASUR.

Esta Unión de Naciones Sudamericanas servirá para dirimir conflictos regionales de manera pacífica, por la vía del diálogo, lo que podría otorgar a la región una estabilidad sin precedentes.


Nuevas alianzas

El Gobierno de Lula da Silva ha desarrollado un proyecto geopolítico que conduce a Brasil a la primera división en la política mundial. Su alianza estratégica con la Unión Europea, su principal socio comercial, así como la nueva relación que se establece con la administración Obama en Estados Unidos, pueden convertir a Brasil en la locomotora de Latinoamérica. Su buena relación con los países de retórica más conflictiva le convierten en un excelente candidato para liderar la región.
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