 |
| El precio del barril ha llegado ya a su nivel más alto en términos reales desde la década de los setenta. |
El consumo mundial de petróleo es tan grande que las provisiones solo pueden durar unas cuantas generaciones más”. La cita es de Alexander Graham Bell, pronunciada en 1922. Hoy en día recogemos los frutos de esa observación.
El petróleo ha sufrido un repentino e inusual aumento de precio que ha tomado prácticamente por sorpresa a los dirigentes mundiales. En el último año prácticamente ha doblado su precio. Con el barril a 120 dólares en mayo de este año (cerró el primer semestre del 2008 por encima de los 140 dólares), el presidente de la petrolera Repsol, Antoni Brufau, aseguraba ya que su precio subiría de los 150 dólares y veía muy difícil que bajase de los 110 dólares, aunque considera que lo normal, si la situación no fuese tan extraordinaria, sería que se estabilizase en los 100 dólares.
En cualquier caso, el precio del barril ha llegado ya a su nivel más alto en términos reales desde la década de los setenta. ¿Por qué? Algunos analistas lo achacan a un cierto movimiento especulativo.
Creen que hay aún bastante liquidez en la economía mundial y, ante las crisis inmobiliaria y financiera, encuentra refugio en lo que ya denominan como la “burbuja petrolera”.
Aunque los representantes de las grandes petroleras creen que la especulación no es decisiva en esta espectacular subida de precio, en el marco del XIX Congreso del Petróleo celebrado el pasado junio en Madrid se alzaron voces como la del ministro de Industria, Turismo y Comercio de España, Miguel Sebastián, que insiste en que, en efecto, existe "un claro componente especulativo", por lo que ha pedido que se endurezca la regulación para desincentivar las inversiones de fondos de inversión en los mercados de futuros. Mientras, las grandes petroleras aseguran que la causa de esta situación es la dificultad de cubrir la creciente demanda de petróleo ante la voracidad de países como China o India y otras economías emergentes. Frente a esto, denuncian también que los países de la OPEP se niegan a aumentar la demanda e impiden entrar en los campos petrolíferos de sus países a las productoras internacionales.
En cualquier caso, la crisis petrolera no parece estar de paso. Parece que ha llegado para quedarse. Según estimaciones de la Comisión Europea, en 2030 la demanda global de energía será un 50% superior a la del 2007, con los combustibles fósiles todavía dominando en la combinación de combustibles.
¿Qué hacer ante este panorama? Los principales expertos suelen coincidir en que la diversificación de las fuentes de energía es la única solución estable al problema.
En este punto juega un papel muy importante la apuesta por las energías renovables, que ya acapara grandes esfuerzos en los países que hoy en día tienen una fuerte dependencia de las importaciones de petróleo. La promoción de la eficiencia energética para evitar derroches innecesarios, tanto en los países desarrollados como en los que están en vías de desarrollo, la mejora del acceso a los mercados del petróleo y una planificación más cuidada son otras de las soluciones complementarias que se han puesto sobre la mesa para que el petróleo, el oro negro, no tiña de ese color el futuro económico de los países que no son productores