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| Las previsiones de futuro hablan de un crecimiento de las energías renovables.
En esta imagen
se puede apreciar cómo conviven distintas fuentes de energía en un mismo entorno. |
La primera adquisición tuvo lugar en 1992, con la compra –junto con la francesa EDF- de la distribuidora eléctrica argentina Edenor. Si bien, no fue hasta 1999, con la toma de control del holding chileno Enersis, cuando su presencia en la región tomó la dimensión que actualmente ostenta. Las razones que llevaron a Endesa a embarcarse en esta estrategia de crecimiento son muy diversas, pero se pueden resumir en las siguientes:
1.- Oportunidad de inversión derivada de los procesos de privatización que se produjeron en la región en dichos años.
2.- Entorno macroeconómico con suficiente estabilidad y con perspectivas de alto crecimiento.
3.- Marcos regulatorios en el sector eléctrico en múltiples países latinoamericanos que se encontraban en la vanguardia de la liberalización y del tratamiento transparente, objetivo y no discriminatorio de los agentes y de las inversiones.
4.- Capacidad para intercambiar mejores prácticas operativas y de gestión entre el negocio en España y las empresas eléctricas que se fueron adquiriendo en la región.
5.- Percepción de afinidad cultural o, al menos, lingüística que podría facilitar el proceso de adaptación empresarial.La realidad ha demostrado que, si bien es cierto que la utilización de un mismo idioma (o relativamente similar, en el caso de Brasil) facilita la adaptación personal de los directivos, se debe tener un especial cuidado con las diferencias culturales, sociales y empresariales que no se perciben con toda su riqueza desde España.
Endesa es hoy la mayor compañía eléctrica privada de América Latina, con 14.707 MW de capacidad instalada y distribución a 12 millones de clientes en los cinco países donde está presente: Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú. Latinoamérica representa entre un 30 y un 35 por ciento del negocio del Grupo Endesa y tiene una gran relevancia en la estrategia corporativa al ser la plataforma principal de crecimiento. El Consejo Mundial de la Energía en su Congreso celebrado el año pasado en Roma enunciaba tres grandes objetivos para alcanzar la sostenibilidad en materia energética, en su prospectiva hacia 2050:
1.- Accesibilidad a una energía moderna y económica.
2.- Disponibilidad en términos de continuidad, calidad y fiabilidad del suministro.
3.- Aceptabilidad, desde el punto de vista social y medioambiental.
Se trata de retos clásicos en el sector energético mundial que son perfectamente aplicables a Latinoamerica y a los cuales habría que añadir un cuarto objetivo, muy relevante desde la perspectiva del inversor, que es la estabilidad macroeconómica y jurídica.
América Latina, en general, y los países donde opera Endesa, en particular, cuentan en la actualidad con fuertes crecimientos anuales de la demanda eléctrica con porcentajes superiores al 5%. Asimismo, estos países comparten un gran potencial de crecimiento a largo plazo. En términos percápita, el consumo actual de electricidad de la región se sitúa muy por debajo del de las economías desarrolladas.
En las próximas décadas, y si el desarrollo económico acompaña, los ratios tenderán a igualarse con el consecuente crecimiento asociado. Latinoamérica cuenta, afortunadamente, con importantes reservas energéticas aún pendientes de explotar: petróleo en Brasil, Venezuela y México, gas natural en Colombia,Venezuela, Bolivia y Perú, carbón en Colombia y potencial hidroeléctrico en Brasil, Chile y Colombia. A pesar de esta riqueza de recursos, la oferta eléctrica no está respondiendo de forma adecuada al fuerte crecimiento de la demanda. La inversión en nuevas infraestructuras energéticas se ha visto desincentivada por el deterioro en algunos países del marco regulatorio y jurídico, fruto del populismo y nacionalismo energético así como la ausencia de un mercado energético regional que permita el intercambio eficiente de los recursos.
Uno de los ejemplos más relevantes es la actual crisis de abastecimiento de gas natural en el cono sur. Las importantes reservas de gas natural de Bolivia o Argentina no están siendo bien aprovechadas, ya sea por falta de voluntad política, falta de infraestructura de transporte o por deficiencias en las políticas de asignación de precios, que desincentivan la inversión en prospección y extracción, originando falta de gas y la necesidad de acceder a mercados internacionales de GNL a precios muy superiores. En el sector eléctrico, el hecho de que el ritmo de inversiones no esté acompañando al crecimiento de la demanda está provocando que los márgenes de reserva se hayan reducido a niveles peligrosamente bajos, en especial frente a condiciones adversas de la hidrología, que es una de las fuentes energéticas más importantes en la región. Este panorama provoca una escalada de los precios de la electricidad que servirá a medio plazo como incentivo para el desarrollo de grandes inversiones. Las exigencias de inversión en Latinoamérica son muy significativas. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima en su World Energy Outlook 2006, que en los próximos 25 años será necesaria una inversión media anual en el sector eléctrico de la región de 28.800 MUS$ en generación, transporte y distribución. Gran parte de esta inversión buscará la seguridad del suministro mediante la diversificación de fuentes de energía. En un afán de reducir la fuerte dependencia hidráulica - 65% de la energía total frente a una media mundial del 19% -, la AIE estima que la producción con carbón crecerá a un ritmo del 3,6% medio anual, la de gas natural un 6,4%, la procedente de renovables un 5,7%, mientras que la producción la hidráulica sólo crecerá un 2,4%.
ESTABILIDAD
La región ha mantenido una recuperación rápida y sólida de la crisis financiera que se produjo en 2001-2002. La economía latinoamericana ha tenido 5 años consecutivos de crecimiento medio del PIB superior al 5%. Hay economías como la argentina, venezolana, panameña o dominicana que han crecido a tasas “asiáticas” de entre el 7 y el 10%. Políticas macroeconómicas y financieras responsables como la flotación del tipo de cambio con metas de inflación, disciplina fiscal, el manejo más sofisticado del endeudamiento o la supervisión bancaria más profesional han provocado una mejora sustancial de los saldos de las balanzas de pagos de la mayoría de las economías. Esto se comprueba en los saldos positivos por cuenta corriente, en el aumento de las reservas de divisas y en una reducción del endeudamiento externo.
Se han saneado de manera importante las cuentas públicas como resultado del efecto combinado del aumento de las recaudaciones de impuestos junto con un incremento de las exportaciones (en volumen y precio) de productos básicos, y un mayor dinamismo de la demanda interna. En algunos países, como Chile, la recaudación extraordinaria por exportaciones ha permitido constituir fondos de reserva, de carácter anticíclico, para preservar financieramente a la economía ante posibles crisis. Así se puede concluir que América Latina es menos sensible a las crisis económicas “foráneas”.
De acuerdo con la opinión mayoritaria de los expertos, en el caso de Latinoamérica, el factor de sostenibilidad más crítico en los próximos años será la necesidad de reducir los índices de pobreza y de desigualdad.
A pesar de los importantes avances macroeconómicos, Latinoamérica continúa teniendo importantes bolsas de pobreza y una muy desigual distribución de la renta. Los ritmos de mejora en ambos aspectos son muy lentos. El debate entre crecimiento y mejora de los indicadores sociales ha cobrado importancia en la región en los últimos años. La atracción de inversión mediante estabilidad macroeconómica y seguridad jurídica es una condición necesaria, pero no suficiente. La estabilidad social se presenta también como una condición más para la atracción de inversiones, representando un reto, no solo para los gobiernos sino también para las empresas, que actúan cada vez con mayor responsabilidad social. El cambio climático es, igualmente, un reto global. El planeta en el que vivimos se está calentando y de acuerdo a la comunidad científica esto se debe en gran parte a las emisiones de gases con efecto invernadero generadas por el hombre. Está aún pendiente de definir cuál ha de ser el papel que tendrán que jugar los países en desarrollo en el nuevo esquema mundial de lucha contra el cambio climático.
Latinoamérica cuenta con un enorme potencial renovable no convencional aunque, sin embargo, el desarrollo se espera sea bajo debido a la ausencia de incentivos para este tipo de proyectos, al tener estos países otras prioridades sociales. Los mecanismos de desarrollo limpio definidos bajo el protocolo de Kyoto pueden ser una alternativa siempre y cuando en Copenhague se extiendan la validez de estos más allá del 2012.
ENDESA EN LA REGIÓN
La apuesta de Endesa con Latinoamérica se ha realizado con una vocación de permanencia a largo plazo, habiendo desembolsado más de 6.000 M€ para la toma de activos en la región. La gestión llevada a cabo por Endesa en los últimos cinco años ha permitido la reducción de la deuda de sus filiales en más de 4.000M€ y la entrega de más de 2.800M€ al conjunto de los accionistas en concepto de dividendos y reducciones de capital.
Muestra del compromiso con la región fue la crisis de los años 2001-2002. Los problemas se dejaron notar en las cuentas de resultados y en las cotizaciones bursátiles, pero Endesa supo sobrellevarlo, no sin problemas, y a diferencia de algunas compañías extranjeras que redujeron posiciones e incluso se retiraron, Endesa prefirió permanecer y emerger sólidamente reforzada de esos años difíciles con unas cuentas totalmente saneadas.
Además de los objetivos económicos logrados, Endesa ha conseguido una mejora constante de los parámetros de calidad de servicio que ofrece. Nuestros clientes en la región han podido experimentar una transformación en estos últimos años, de un sujeto pasivo a un protagonista del proceso comercial.
El resultado es un enfoque del negocio orientado al cliente, que cada vez demanda una calidad del servicio mayor, por lo que es cada vez más importante mejorar la imagen del sector en la percepción pública. Se han reducido los tiempos de espera para disponer de suministro, los tiempos de espera en los ‘call center’, o en las oficinas comerciales, así como los tiempos en la resolución de reclamaciones. Se han mejorado los tiempos de interrupción de servicio (de 18,7 horas en 2000 a 9,6 en 2007) y la frecuencia (de 18,6 interrupciones promedio en 2000 a 7,1 en 2007). Asimismo, la compañía ha logrado incrementar los ratios de electrificación de la región, lo que, sin duda, ha contribuido a mejorar su estándar de vida y al desarrollo económico de los sectores más desfavorecidos.
Actualmente, el 100% de los clientes de Endesa que habitan en áreas urbanas tiene acceso a la electricidad. Algunas de las medidas adoptadas por las compañías participadas por Endesa han sido el poner en marcha actividades que permiten a sus clientes residenciales el acceso a ciertos servicios, que de otra manera no sería posible alcanzar. Así, algunas de nuestras distribuidoras ofrecen hoy a sus clientes servicios financieros (facilidades para la financiación en la compra de electrodomésticos), seguros del hogar (de asistencia domiciliaria, de vida y de asistencia exequial), y domiciliación de servicios (suscripciones a diarios y revistas y equipos de telefonía móvil, pueden cargarse a la factura). Endesa mantiene un alto grado de compromiso social y medioambiental.
La compañía destina el 1% del EBITDA a actividades de responsabilidad social corporativa. Además, prácticamente la totalidad de nuestras instalaciones en generación y distribución en Latinoamérica cuentan con la certificación ISO 14.001, que demuestra el alto estándar medioambiental de las mismas.