Joaquín Almunia
“Europa es hoy más fuerte ante las turbulencias financieras”
Asunción Valdés

El Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios analiza los 10 años del Euro y, aunque resalta su fortaleza, advierte también de algunos retos que la Unión Europea debe afrontar respecto a la moneda única.

Nº15 julio 2008

José E. Martell Mejía, Embajador de Honduras en España; Trinidad Jiménez, Secretaria de Estado para Iberoamérica y Miguel Ángel Navarro Portera, Secretario General para la Unión Europea.
El euro está de cumpleaños y el máximo responsable de velar por su salud, el Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, el español Joaquín Almunia, analiza las virtudes de su implantación, pero sin olvidar que quedan aún bastantes retos por afrontar. En su discurso ante el Parlamento Europeo, el pasado 7 de mayo, calificó los diez años del euro como “un éxito económico y político incontestable”.

Sin embargo, algunos países que lo adoptaron sufren tasas de inflación por encima del 4% y el déficit comercial se ha agravado por la reevaluación del euro frente al dólar. Es indiscutible que gracias al euro los europeos disfrutamos hoy de mayor estabilidad macroeconómica, de tipos de interés más bajos y de una evolución de los precios mucho más moderada que en décadas anteriores, a pesar del reciente repunte de la inflación.

En el caso de los españoles, por ejemplo, en 1985, el año anterior a la adhesión a la UE el tipo de inflación era de casi 9% y el tipo de interés superior al 12%. Esos niveles bajaron después de la adhesión y sobre todo con los preparativos –lo que se ha llamado proceso de convergencia- para la creación de la moneda única en 1999. Gracias ésta, la zona euro también es una zona mucho más integrada económicamente, con mayores intercambios entre países, con mayores oportunidades de negocio y de empleo y con un funcionamiento más eficiente de los mercados. Nuestras economías gozan de una mayor protección frente a los choques externos y han ganado peso e influencia en los mercados globales.

Todo ello se ha traducido en muchos beneficios concretos para los ciudadanos, el mayor de los cuales es, sin duda, la creación de 16 millones de empleos. Es verdad que los diferenciales de inflación persisten y que algunos países han perdido competitividad externa. Pero eso no es nuevo. Lo que es nuevo es que mientras que en el pasado se resolvía periódicamente y de forma artificial el problema a través de desvalorizaciones monetarias, ahora debemos hacerlo de forma más estructural y sana, o sea resolver el problema por la raíz, aumentando la competitividad de nuestros productos con un mayor esfuerzo en productividad, innovación y un sistema de educación mas adaptado a la competencia mundial.

¿Por qué cree que el crecimiento económico ha sido más bajo del esperado?

El crecimiento ha sido bajo esencialmente en un país, pero un país grande cuyo peso influenció la media de la zona euro. Estoy hablando de Alemania y su situación particular ligada al coste de la reunificación que ha sido superado sólo en los últimos años. Pero en 2006 y 2007, Alemania y la zona euro crecieron a buen ritmo por encima del 2.5 (casi 3% en 2006) lo que es superior al potencial.

Gracias a las reformas realizadas en Europa, y Alemania en particular, y al esfuerzo de saneamiento de las finanzas publicas, Europa es hoy mucho más fuerte y está en mejores condiciones de hacer frente a las turbulencias en los mercados financieros relacionadas con las hipotecas subprime americanas y al aumento de los precios de las materias primas energéticas y alimenticias.

Pero ello no implica, por muy positivo que sea nuestro juicio, que se hayan cumplido todas las esperanzas depositadas en la moneda única. Efectivamente, debemos aún aumentar el crecimiento económico potencial para hacer frente a la bomba de relojería representada por los costes futuros del envejecimiento de la población y disminuir los diferenciales de inflación y de competitividad para poder vivir armoniosamente con una política monetaria común. Para poner en marcha el euro fue necesario armonizar las políticas económicas de los países miembros.

¿Cree que se ha llegado al suficiente grado de convergencia o persisten todavía diferencias entre las economías de la zona euro?

Persisten divergencias entre las economías de la zona euro, como consecuencia de la falta de incentivos suficientes para acometer todas las reformas estructurales necesarias. La interdependencia entre las economías europeas es hoy mayor que nunca. Debemos tomar plenamente conciencia de ello y avanzar con determinación, en interés de la Unión en su conjunto y de cada Estado miembro individualmente, hacia una verdadera coordinación de las políticas económicas

¿Cree que son suficientes los mecanismos de vigilancia presupuestaria de la Unión Económica y Monetaria?

Para lograr una verdadera coordinación de las políticas económicas, debemos seguir profundizando la vigilancia presupuestaria –regulada en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento- sobre aspectos relacionados con la calidad de las finanzas públicas y la sostenibilidad a largo plazo de las mismas, extendiendo la vigilancia a aspectos macroeconómicos más allá de lo estrictamente presupuestario. Y estableciendo una vinculación más estrecha entre la vigilancia sobre el desarrollo de las reformas estructurales y las estrategias de consolidación fiscal.

En su opinión, ¿están funcionando eficazmente los mecanismos de gobierno por los que se rige la Unión Económica y Monetaria?

El conjunto de instituciones y de instrumentos que gobiernan esa Unión son los apropiados. De lo que se trata, por lo tanto, es de utilizar plenamente esos instrumentos. La mejor gobernanza vendrá de una profundización de la agenda de los debates del Eurogrupo, en particular en cuanto a la coordinación de políticas; de una asociación plena del Ecofin (Consejo de Ministros de Economía y Finanzas) en los asuntos de la Unión Económica y Monetaria, y de un diálogo aún más estrecho entre la Comisión y el Parlamento, así como entre el Eurogrupo y el Parlamento. Esta evolución es aún más importante a medida que, como sucederá en los próximos años, la composición del Eurogrupo se irá acercando cada vez más a la del Ecofin. La zona euro ahora cuenta con 15 miembros, con Eslovenia, Chipre y Malta que se incorporaron desde su adhesión a la UE en 2004, y en 2009 dará la bienvenida a Eslovaquia. A partir de Enero 2009, 320 millones de europeos compartirán el euro. Pero el euro tiene vocación de ser la moneda de todos los países de la UE, por lo que tenemos la responsabilidad de mejorar el funcionamiento de la Unión Económica y Monetaria en base a los diez años de experiencia acumulados.

Además de la incorporación de Eslovaquia ¿se prevén futuras ampliaciones de la zona euro?

Todos los países de la UE tienen el derecho y la obligación de adoptar el euro con la excepción de Reino Unido y Dinamarca que optaron con el Tratado de Maastricht por mantenerse al margen de la moneda única.

El Primer Ministro de Dinamarca ha anunciado que le gustaría reconsiderar esta situación y someter a referéndum la adopción del euro. En realidad, la economía danesa y el banco central de ese país ya siguen estrechamente la política monetaria de la zona euro y, la City of London, por ejemplo, se ha beneficiado ampliamente del desarrollo importante del euro como moneda internacional.

Nuestra posición es la de considerar que lo que importa no es tanto cuándo los nuevos Estados Miembros de la UE adopten el euro, sino seguir políticas macroeconómicas estables, responsables y sostenibles que, de llevarse a cabo, culminarán previsiblemente con la adopción del euro.

¿Se corresponde el peso del euro y de las economías europeas con la imagen exterior de la Unión Europea a nivel mundial?

Hay que reconocer que todavía no hemos articulado una presencia exterior sólida y homogénea que nos permita pesar a nivel mundial de acuerdo con el tamaño y la importancia de nuestra economía. La zona euro tiene una población y una cuota del comercio mundial superior a la de los EE.UU. Su moneda, en muy poco tiempo, se alzó como la segunda moneda internacional con un peso creciente en las reservas mundiales y los mercados financieros.

Pero, excepto en raras ocasiones, no conseguimos hacernos oír a nivel mundial. Para hablar con una sola voz, la primera tarea es definir y coordinar mejor nuestros intereses.

En su aludida intervención ante el Parlamento Europeo calificó el euro como “la segunda moneda mundial de referencia”. ¿Qué responsabilidades a nivel internacional implica esta posición del euro?

La posición internacional alcanzada por el euro conlleva ventajas indudables, como la mayor protección frente a choques externos. En la última década hemos vivido momentos críticos en los que este papel protector ha sido puesto a prueba.

Pero el status del euro conlleva igualmente responsabilidades y riesgos. Europa debe asumir plenamente su responsabilidad en la consecución de una mayor estabilidad económica mundial. Tiene que definir para ello una estrategia acorde con los intereses de la zona euro y defenderla con coherencia en el exterior. Y no cabe duda que, el mejor modo de asegurar esa coherencia, es a través de una representación única del euro en el exterior. Aunque sea difícil llegar a ella en el corto plazo, dados los intereses en juego.

¿Podríamos decir que los ciudadanos de la Unión son conscientes del peso del euro a nivel interno?

En gran medida los ciudadanos no son conscientes de las ventajas objetivas del euro. Por un lado, se olvida demasiado fácilmente lo que solía ser la inflación y tipos de interés de muchos países que ahora comparten la moneda única. Por otro lado, porque la adaptación a una nueva moneda ha sido siempre un fenómeno progresivo y, en fin, porque ven actualmente el impacto del aumento de los precios internacionales del petróleo y de los productos alimentarios en su bolsillo. De poco consuelo le serviría a los ciudadanos que yo les diga que el euro nos protege en parte –porque el precio del carburante no aumentó al mismo ritmo que los más de 600% del precio del barril en dólares en los últimos cinco años- o que les haga mirar lo que sería el impacto si el euro valiese un dólar y no los más de 1,50. Hubiera sido mucho peor sin el euro. Por lo tanto, los beneficios y la protección son reales, no hay ninguna duda.

¿Cree que el euro está siendo un factor aglutinador para la identidad europea?

¡Sin duda! Para el ciudadano europeo hay pocas cosas que simbolizan a la integración europea tan bien como el euro. Quizás la eliminación de los controles de identidades a las fronteras. Pero el euro es más fuerte porque la moneda es algo cotidiano y estoy seguro que se sienten muy orgullosos cuando les informan que pueden pagar sus compras con su moneda en Nueva York o reservar un hotel en San Petersburgo, un privilegio antes reservado únicamente al dólar.

¿Está satisfecho con la manera de transmitir a los ciudadanos las ventajas del euro?

No, pero, esto es un tema en que todos tenemos una responsabilidad: las instituciones europeas, claro, pero también las asociaciones de consumidores, las autoridades públicas y, en, particular, los políticos así como los medios informativos. Las mejores campañas se quedarían sin efecto si al nivel de los Estados Miembros se sigue utilizando al euro o a la Comisión como el chivo expiatorio de todos los males reales e imaginarios. También me sorprende que los medios de comunicación presten más atención a anécdotas, amplificándolas, como la de un comerciante, particularmente astuto en técnicas de marketing, que anuncia que acepta los francos que aún pudieran estar en el fondo de los cajones familiares y que es interpretado como rechazo del euro...

Las ventajas son enormes en términos de estabilidad de precios y de bajos tipos de interés, pese al reciente repunte de origen internacional de los precios, además de otros beneficios asociados al hecho de contar con un mercado y una moneda únicos para 320 millones de personas.

¿Cuáles son los retos que el euro debe afrontar en el futuro?

Aún queda mucho para mejorar el funcionamiento de la Unión Económica y Monetaria. Hasta cierto punto, hemos hecho lo más fácil... o lo más difícil, porque no era tan obvio sustituir tantas monedas nacionales y políticas monetarias por una moneda única y la misma política monetaria para todos. Pero nos queda por hacer realidad la "E" de la Unión Económica y Monetaria (UEM). Nos queda considerar en serio, como lo prevé el Tratado, que las políticas nacionales son un tema de interés común y que las decisiones y políticas en un país tienen un interés y un impacto en los demás. No sólo debemos hacerlo ahora para que la Unión Económica y Monetaria funcione aun mejor en los próximos 10 años, sino también para estar mejor preparados frente a los nuevos retos que se nos plantean: globalización, envejecimiento de la población, cambio climático. Es obvio que este nuevo contexto no era fácilmente previsible hace casi veinte años, cuando se empezaba a elaborar el Tratado de Maastricht. Sobre la base de estos parámetros, hay que trabajar ahora para lograr una Unión Económica y Monetaria más sólida, con un funcionamiento interno más eficiente y una proyección externa más homogénea.

¿Cree que otros sistemas de integración regional de América Latina podrían emprender una experiencia similar a la de la Unión Económica y Monetaria?

Desde luego que sí. Pienso que la experiencia de integración europea es un referente para otras regiones del mundo, y en particular para América Latina. No todas deben calcar el modelo de integración europeo, pero sí que se pueden inspirar del método comunitario, del aprendizaje común de la cultura del compromiso, de entender que el todo es más fuerte que la suma de las partes. La integración ha supuesto para Europa paz, democracia y prosperidad; no hay razón alguna para que no ocurra lo mismo en otras partes del mundo.

 

 

Confianza y optimismo para el futuro
El pasado 7 de mayo, el Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquín Almunia, pronunció ante el Parlamento Europeo un discurso en el que analizó la evolución del euro en la última década, con motivo del décimo aniversario de la decisión de adoptar una moneda única para los paríses miembros. En esa intervención, Almunia concluyó. “Los líderes que redactaron el Tratado de Maastricht (...) estuvieron a la altura de las circunstancias, creando un instrumento que ha aportado a los ciudadanos la protección y los beneficios que demandaban. (...) Podemos pues afrontar la nueva etapa con confianza y optimismo, pero debemos hacerlo con la misma determinación y con el entendimiento de que lo que beneficia a la Unión Económica y Monetaria, beneficia a la Unión en su conjunto, a los Estados miembros y a sus ciudadanos”.
Joaquín Almunia

Nacido en Bilbao el 17 de junio de 1948, casado y con dos hijos, Joaquín Almunia es el Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Monetarios. Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por la Universidad de Deusto, profesor universitario, experto economista con responsabilidades en UGT y en la Oficina de las Cámaras de Comercio Españolas en Bruselas, Almunia atesora una destacada trayectoria política primero como diuptado en el Congreso español por el PSOE, del que llegó a ser protavoz parlamentario. También ocupó el cargo de secretario general de los socialistas españoles entre 1997 y 2000.

Entre 1982 y 1986 fue Ministro de Trabajo durante el Gobierno de Felipe González. En la siguiente legislatura, ocupó la cartera de Adminstraciones Públicas. Fue candidato a la presidencia del Gobierno de España por el PSOE en el año 2000.

Desde el 26 de abril de 2004, es miembro de la Comisión Europea, responsable de los Asuntos Económicos y Monetarios. Joaquín Almunia es, además, miembro del patronato de la Fundación Euroamérica.

Revista Forum es una publicacion de la Fundación Euroamérica
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