Oportunidades de inversión en Brasil

Carlos Moreira
Embajador de Brasil en España 1997-2003

El autor expone con convencimiento que las empresas españolas con intención de invertir en su país deben respetar las reglas del juego nacionales para ser respetadas por los estamentos económicos.

Nº14 diciembre 2007

Brasil disfruta en 2007 de un gran momento histórico: termina el año como décima economía mundial, con todos los indicadores económicos y sociales apuntando unos resultados muy buenos.

Basta ver, muy rápidamente: una inflación dentro de la meta establecida por el Banco Central, un empleo en ascenso, una producción industrial in crescendo, una balanza comercial con un saldo altísimo (42.000 millones de dólares), una cuenta corriente con el exterior en positivo (superior a los 10.000 millones), más estudiantes en la escuela que nunca, más de seis millones de brasileños pasa-ron a convertirse en clase media el último año, y la esperanza día de vida subió más de dos a en la última década.

Por otra parte, en el campo financiero hemos tenido un cm milagro. Brasil, el país de la de externa "impagable", como di la izquierda en 1994 y en 1998, pagado, ya no tiene más deudas con el FMI y, en términos de d da pública es acreedor, pues tiene unas reservas de 160.000 millones y el sector público debe al exterior menos de 90.000 millones.

Todo lleva a que las agencias internacionales de calificación de riesgo suban el nivel del riesgo país, lo cual también se aplica, subsidiariamente, a las empresas brasileñas. Las tres principales —Moody's, S&P y Fitch— hoy sitúan a Brasil en un grado del llamado ‘investment grade' (grado de inversión), nivel a partir el cual los reguladores permiten la libre aplicación de recursos a través de los fondos de inversión.

Y otra sorpresa: en 2006, por primera vez, las inversiones de las empresas brasileñas en el exterior fueron superiores a las inversiones de las empresas extranjeras en Brasil (28.000 contra 18.000 millones). Es incuestionable que comienzan a surgir las multinacionales brasileñas y para 2007, además, se espera una mayor inversión en el extranjero. Por otra parte, las empresas acudieron en 2006, con más fuerza que en 2007, a la Bolsa como fuente de financiación, algo que constituyó también una novedad. En 2006 fueron 29.000 millones de reales de salidas a Bolsa, y en 2007 ya llevamos más de 47.000 millones de reales en ampliaciones de capital. Es una señal más de la consolidación capitalista.

Nueva financiación

Otra novedad para Brasil: a partir de un movimiento de caída acentuada de los intereses, que el Banco Central viene reduciendo regularmente en las últimas 18 sesiones del Consejo Monetaraio (antes era cada 30 días, a partir de 2006, cada 45 días), ha renacido la financiación inmobiliaria. Los bancos privados, y también las Cajas, comenzaron a financiar hipotecas a un ritmo acelerado, activando el mercado de la construcción y atendiendo a una demanda reprimida hace al menos 20 años, cuando se liquidó el Banco Nacional de la Vivienda, quebrado por políticas populistas de control de los intereses hipotecarios en una época de hiper-inflación.

Y una última novedad: en estos tiempos de barril de petróleo a más de 90 dólares, en 2006 Brasil conquistó, después de décadas de esfuerzo, una auto-suficiencia en petróleo, gracias no sólo a los descubrimientos y a la explora-ción de campos a lo largo de la costa de Río de Janeiro y de Sáo Paulo a grandes profundidades (a más de 2.000 metros, por lo que Petrobrás tuvo que desarrollar tecnologías específicas y hoy es líder en la exploración de aguas profundas), sino también gracias al enorme éxito del programa de producción de biocombustible a partir de la caña de azúcar. En el campo de la producción de metanol, Brasil también se ha convertido en líder en las tecnologías de combustibles renovables.

Claro que sólo estoy hablando de economía cuando cito todos es-tos éxitos, pues siguen atormentando a los brasileños los mismos problemas sociales que el país heredó de los 30 años de híper-inflación, cuando el sistema financiero tuvo que lidiar con varias monedas y ofrecía diferentes niveles de protección para evitar la devaluación del poder de compra de la moneda del momento. Así, tuvimos el cruzeiro, el cruzeiro nuevo, el cruzado, el cruzado nuevo, el cruzado real y finalmente el real, si es que no me he olvidado de algún moneda de vida corta. Creanustedes, los más ricos podían protegerse, con cuentas bancarias anónimas que pagaban intereses diarios de hasta el 1,8% al día, mientras que los más pobres, sin acceso al mercado bancario, veían como perdía su poder adquisitivo ese mismo 1,8% diario. Y esto durante ¡décadas! La desigualdad social, que siempre fue grande, se acentuó enormemente en ese período de híper-inflación, a lo cual se sumó la modernización de la agricultura y el consiguiente éxodo del campo a las ciudades, 30 millones de personas entre 1970 y 1990, formando inmensos cinturones de pobreza en la periferia de capitales como Río de Janeiro, Sáo Paulo, Belo Horizonte y otras. Estos emigrantes, pobres, sin educación formal, poco preparados para los empleos urbanos, algunos hasta sin documentos básicos como la partida de nacimiento o el carné de identidad, formando una masa de excluidos de la sociedad que los sucesivos gobiernos han intentado ayudar, educar y formar, pero con un éxito limitado. A ellos se dirige el mayor programa social del gobierno Lula, llamado Bolsa Familia, que ofrece una mensualidad a más de 11 millones de familias.

El azote de la inseguridad

Hay otro problema social que se ha ido agravando desde hace años: el de la seguridad pública. A lo largo de muchos años de políticas equivocadas, por populismo o, si se quiere, por ingenuas buenas intenciones, se han ido formando áreas controladas por los traficantes de drogas en las grandes ciudades. La policía, además de no disponer de una preparación técnica, no tenía el apoyo político para interferir y rescatar para el Estado el monopolio del uso de la fuerza. Esto fue el resultado de años de populismo, de gobiernos que afirmaban que la represión policial estaba dirigida especialmente contra los pobres, dejando de extender la protección del Estado a una inmensa mayoría de los ciudadanos que se vieron obligados a vivir en fa-velas por falta de medios, con numerosas dificultades para entrar en la sociedad formal, a pesar de ser honestos y, una gran mayoría, religiosos y trabajadores. Recientemente, en Río de Janeiro y también en otros grandes centros, los gobiernos locales, que controlan a la policía (como

Brasil es una federación, la policía federal tiene jurisdicción limitada, transfiriendo a los Estados la mayor parte del esfuerzo policial) pasaron a actuar de forma más activa, por lo que la sociedad brasileña discute hoy cómo evitar la formación de núcleos criminales.

Presencia española

Un éxito de taquilla -Tropa de Elite- ha suscitado el asunto de los límites aceptables de la actuación policial, algo muy discutido en los foros sociales brasileños.

En la coyuntura actual se han producido tres acontecimientos fundamentales para la presencia española en Brasil. Primero, el Banco Santander, tras comprar parte de ABN Amro en Holanda, se quedó con el control de su filial en Brasil, llamada Banco Real. ABN Amro había comprado el Banco Real, entidad con una gran tradición, además de una empresa bastante sólida e innovadora, en la misma época en el que el Santander compró Banespa, el antiguo banco estatal del Estado de Sao Paulo. Santander Banespa, así se llama en Brasil, al unirse con Real se convirtió en el segundo banco privado del Brasil, poco después de Bradesco, pero por delante de Itaú, un gigante que hace años disputaba el primer lugar con Bradesco y ahora pasa al tercer puesto.

Casi al mismo tiempo en que se anunció la compra de Real por el Santander, se fue produciendo un concurso de concesiones de carreteras, que se había discutido durante al menos ocho años. El modelo escogido, después de tantas discusiones, fue el de un concurso para ver quién ofrecía el menor precio por más de 3.000 kilómetros de carreteras que se privatizaban, a partir de un precio estimado por el regulador de transportes terrestres junto al Tribunal de Cuentas. Pues bien, de los siete tramos ofrecidos, todos importantes –Sao Paulo-Belo Horizonte, Sao Paulo –Curitiba, Curitiba–Florianópolis- cinco fue-ron conseguidos por OHL y uno por Acciona, dejando a un grupo brasileño sólo una de las concesiones, encima la más corta. Pero lo que más enfado causó no fue que los españoles ganasen casi todo, sino que llegaran a ofrecer más del 69% de descuento sobre el precio inicial, estimado a partir de otros peajes vigentes en Brasil. Las empresas brasileñas que participaron en el concurso en ningún momento llegaron a ofrecer nada parecido.

Telefónica y sus empresas

El tercer acontecimiento importante, y el más reciente, fue la autorización del regulador brasileño para la compra por parte de Tele-fónica de TIM, la compañía italiana de teléfonos móviles. Telefónica ya tiene en Brasil una filial de móviles, de la cual posee el 50% junto con la portuguesa PT Telecom, que es líder del mercado, con 27% de cuota. La segunda es TIM con cerca del 26% del mercado. suma de las dos ofrecería una cuota del 53% de todo el mercado brasileño. Por eso, el regulador impulso unas condiciones de autonomía en ambas empresas brasileñas, en Vivo y en TIM, por las que no pueden tener directores comunes ni pactar actuaciones de mercado iguales, entre otras limitaciones. Pero ciertamente, podrán tener políticas de compras conjuntas, algo que permitirá a Telefónica finalmente liberarse de la sociedad con los portugueses, que cada vez incomoda más a ambas partes.

Además, en escasos meses grandes empresas y pymes españolas tendrán protagonismo e la economía brasileña. Participarán en la compra de compañía concesiones de redes eléctrica, inversiones en hoteles y resorts de turismo e inversiones en otros sectores de gran visibilidad. Sin embargo, la Asociación Brasileña de Infraestructura e Industrias de Base, conocida en Brasil con las siglas ABDIB, tradicionalmente un influyente lobby empresarial, no lo ha visto todo con buenos ojos.

¿Competencia desleal?

Los portavoces de ABDIB alegan que los españoles que compran empresas en Brasil se están beneficiando de subsidios fiscales otorgados por el gobierno español en apoyo a la internacionalización de las empresas españolas. Dicen que esos subsidios pueden llegar a cubrir el 25% de las inversiones realizadas en Brasil y recuerdan que la Unión Europea tiene abierta una investigación sobre estas ventajas y que varios socios de España en la UE están considerando estas prácticas como desleales.

Lo que desea la ABDIB es que el gobierno brasileño también investigue la extensión de los beneficios fiscales que reciben las empresas españolas que invierten en Brasil e, idealmente, extienda a las empresas brasileñas beneficios equivalentes o tome otras medidas de compensación para que las compañías brasileñas puedan competir con las españolas en igualdad de condiciones.

Otros empresarios, ligados al sector de las carreteras, piden que la agencia reguladora de transportes terrestres también investigue a las empresas españolas que ganaron concesiones de carreteras para verificar si existe una igualdad de condiciones entre las españolas y brasileñas.

Todavía dicen que el gran financiador de proyectos de infraestructura del Brasil, el BNDES (Banco Nacional de Desenvolvimento Económico e Social, un banco federal que desembolsa anual-mente más de 60.000 millones de reales, con intereses mucho más bajos que los intereses interbancarios), también ha contribuido a favorecer a las empresas extranjeras. Ello se debe a que no exige que la empresa matriz en el exterior también sea responsable de las deudas contraídas por la filial brasileña junto al banco, algo que exige a las empresas brasileñas. Esta corresponsabilidad de las matrices brasileñas acaba por pesar en sus balances contables. En fin, una reacción poco coherente, todavía sin una línea central de actuación, en un país que nunca tuvo ningún sentimiento anti-español (incluso por razones históricas). Que los empresarios brasileños inicien campañas con un objetivo específico español es `novedoso'.

Y esto lleva a nuestra conclusión: las empresas españolas que han estado durante más tiempo en Brasil, como Santander y Telefónica, ya establecieron políticas de inserción en la sociedad brasileña que anulan este tipo de reacciones anti-españolas que narro y que parecen dirigidas específicamente a la operación de OHL. Esto fue así pues sorprendió a sus competidores por su enorme ventaja competitiva (suponiendo que OHL tenga las cuentas bien hechas y que sus ofertas sean factibles sin causar pérdidas en la operación. Pero como OHL desde hace años opera concesiones de carreteras en Brasil, tenemos que suponer que sí). Por lo tanto, las operaciones de Telefónica y de Santander no provocaron ningún movimiento contrario, apenas se escucharon quejas de sindicatos preocupados por los despidos por un temor a una excesiva concentración en mercados específicos.

Esta acción previa de inserción en la sociedad brasileña, por la que la empresa española se comporta como una brasileña de ver-dad, con una participación en la vida nacional y un deseo expreso de solidaridad con los demás con-ciudadanos, es a mi parecer un requisito indispensable para evitar reacciones indeseadas como la que he referido. Un ejemplo de esa actuación fue el proyecto `Alianza' conducido personalmente por el presidente de Telefónica César Alierta, que estudió, con prestigiosos expertos de Brasil y España, el estado de las relaciones bilaterales y dirigió al presidente Lula una agenda positiva concentrada en temas políticos, económicos, comerciales y culturales para aproximar los dos países y eliminar puntos conflictivos antes de que ocurriesen.

Por eso, mi conclusión es que, en una sociedad con las complejidades de la brasileña, las empresas españolas estarán siempre mejor cuanto más procuren hacerse brasileñas, en su día a día, en sus planes de actuación social y en sus comunicaciones con el público. No es ninguna novedad esto que digo, apenas un recuerdo siempre oportuno.

 

 

 

 

 

 

 
 
 
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