Morelia es una de las ciudades mexicanas de mayor tradición. Cuna de grandes liberales y grandes conservadores, es el cruce ideológico de México. Felipe Calderón nació en Morelia, en 1962, en el seno de una familia de clase media. Estudió la primaria con las hermanas del Espíritu Santo y con los padres maristas. Sus primeras actividades sociales consistieron en ayudar a comunidades pobres organizadas por los maristas. Su padre, Luís Calderón Vega, fue periodista, escritor y uno de los fundadores del Partido Acción Nacional. De niño y joven, Felipe vivió con pasión e intensidad la difícil y, con frecuencia, ingrata carrera política de don Luís que, como todos los panistas de la primera y segunda generación, transitaron por la hegemonía del PRI como apóstoles de una democracia que sólo existía en sus sueños y proyectos. El y sus hermanos participaron con frecuencia en sus mítines callejeros. Calderón Vega renunció al PAN en 1981, y murió en 1989, luego de varias embolias cerebrales. Cuando su padre salió del partido, Felipe encontró en Carlos Castillo Peraza —escritor, filósofo y político, nacido en 1947— al mentor intelectual que le ayudaría a trazar su camino.
Estudió leyes en la Escuela Libre de Derecho. "Era desafiante, era retador intelectualmente, combinaba una lucidez intelectual notable con cierta irreverencia hacia los maestros", recuerda Juan Miguel Alcántara, su maestro. Acaso por revertir la azarosa vida política del padre, su signo fue la precocidad. Gracias al apoyo de don Luís H. Álvarez (personaje central en la vida del PAN por medio siglo), fue postulado como diputado de la naciente Asamblea Legislativa del DF en 1988, y como diputado federal en 1991. En ese tiempo cursó una maestría en Economía en el ITAM. Su primer viaje al extranjero fue a Texas, en 1989. En 1993, Castillo Peraza se convirtió en presidente del PAN y Calderón ocupó la Secretaría General. En 1995, se lanzó como candidato al gobierno de Michoacán, y aunque mejoró la votación del PAN del 11 al 25%, resultó perdedor. No sería la primera vez que enfrentaría la adversidad, pero de esas experiencias saldría fortalecido.
La relación con Castillo Peraza quedó lastimada a partir de 1997, a raíz de la fallida campana de Castillo por la Jefatura del DE A pesar de que Felipe le pidió que se quedara, Castillo Peraza renunció al PAN en 1998, y poco después, en 2000, de alguna forma, renunciaría a la vida: la pesadumbre por el fracaso lo ensombreció, y un ata-que cardíaco lo abatió durante un viaje por Alemania. Por desgracia, la muerte los encontró distanciados. Calderón siguió su camino. Como presidente del PAN, lo marcó su colaboración con el presidente Ernesto Zedillo, en particular en la trascendental reforma política que desembocaría en la transición democrática de México. El acuerdo tácito fue: reforma electoral definitiva a cambio del apoyo panista en las Cámaras. Ambas experiencias dejarían insatisfecho al PAN y tendrían costos para Felipe. La relación con Zedillo se fracturó a consecuencia del programa de rescate bancario, pero las negociaciones siguieron. Como presidente del PAN, tuvo trato frecuente, incluso amistoso, con el presidente del PRD, Andrés Manuel López Obrador. En el libro que López Obrador escribió sobre el Fobaproa (Fondo Bancario sobre la Protección del Ahorro), el nombre de Felipe no aparece dentro de los responsables de esa operación.
A los 36 años —luego de haber sido dos veces diputado, secretario general del PAN, candidato a gobernador de Michoacán, líder nacional de su partido—, decidió hacer estudios de postgrado en Harvard. "Recuperé la capacidad de sentirme feliz." Se vinculó fuertemente a su familia. Más sereno y preparado técnicamente, en el 2000 regresó a México, acompañó a Vicente Fox en algunas giras, pero lo cierto es que la relación entre ambos nunca fue sencilla. Desde la Cámara de Diputados, Calderón ofrecía a Fox un puente para el cabildeo parlamentario en torno a las reformas urgentes que el país requería (requiere aún) para su modernización. Fox no entendió ni atendió al Legislativo, ni siquiera a los representantes de su propio partido. La relación se vio aún más afectada a raíz de su paso fugaz por la Secretaria de Energía. Francisco Ramírez Acuña, gobernador de Jalisco, mencionó a Calderón como posible candidato a la Presidencia. Fox le dio un regaño público que Calderón no admitió, y presentó su renuncia.
El siguiente obstáculo fue ganar la candidatura a la Presidencia en el PAN. Contra todo pronóstico y contra las preferencias explícitas del presidente, lo logró. Ahora tenía que enfrentar un adversario formidable (Andrés Manuel López Obrador) y durante los primeros meses su campana no prendió. Nadie lo conocía. Tuvo que modificar sobre la marcha su estrategia, y conservar la fe en medio del desaliento y la desconfianza que llegaron a privar entre sus propios seguidores. Su experiencia parlamentaria le fue muy útil en los debates. Sobre todas las cosas, fue tenaz, inteligente y sobrio. Para sorpresa de muchos, no de él mismo, ganó. Y en la victoria no ha sido soberbio. Su objetivo es la negociación razonable, sin componendas inadmisibles, con sentido práctico. Un dato más, importante en el contexto histórico de México: de su honestidad personal no hay la menor duda.
Se dice que duerme poco y que despierta a punta de tazas de café. Le gusta viajar por México. Tiene fama de mejor amigo que jefe, de mejor orador que diplomático, de ser más hábil en la negociación de la sustancia que en el cuidado de las formas. Alguien ha dicho que puede ser demandante y propenso al enojo, pero la impresión que da en la actualidad es la de un hombre reflexivo, reservado, cuidadoso y desconfiando. Cree en la labor de equipo y lo rodean jóvenes talentosos, no arrogantes. Es dicharachero y burlón. Le gusta celebrar cantan-do canciones de mariachi. Para alcanzar sus fines más altos, hay una persona de gran solvencia moral junto a él: su mujer, Margarita Zavala. Calderón representa la tercera generación o cuarta del PAN, una generación profesional que no estuvo ya dispuesta al quijotesco precepto de "bregar eternidades" (como predicaban los fundadores, su padre entre ellos) sino a asumir el poder con todos sus riesgos y posibilidades. Su sexenio comienza apenas. Ha mostrado sentido del poder y sentido de responsabilidad. Ahora debe reformar al país, respetando siempre el marco de la democracia. Y para ello debe huir de las posiciones ultramontanas, tan propias de un sector influyente en su partido. Por desconocer las reglas de la democracia y por ahondar las diferencias ideológicas, México (y su natal Morelia) vivieron amargas discordias en los siglos XIX y XX. Calderón debe esquivar esos desfiladeros de la historia nacional. El temple y la tolerancia que lo han caracterizado frente a la adversidad (natural en la vida, sobre todo en la política) le servirán en sus empeños.