Perú
Desafios y esperanzas del nuevo presidente Alan García

Nº12 noviembre 2006

Alan García vive los primeros meses de su segundo mandato como presidente de Perú como una especie de "luna de miel". Algo parecido había ocurrido ya el primer año después de que, en 1985, fuera elegido para ocupar la primera magistratura del Estado peruano. Pero su gobierno acabó entonces con el país sumido en el caos económico y financiero. Ahora hay buenas razones para pensar que la segunda presidencia del político del APRA va a acabar de otra manera, mejor. El propio Alan García manifiesta una y otra vez que no volverá a cometer los errores que se le escaparon entonces, cuando, aún antes de cumplir los 40 años, fue elegido presidente.

Por otra parte, de su antecesor Alejandro Toledo ha recibido el país en una buena situación económica. Durante su gobierno, el crecimiento de la economía peruana ha sido de un 5 a un 6 por ciento anual.

Fueron cinco años macroeconómicamente buenos, por una parte, gracias a la sensata política económica de Toledo y, por otra, por la subida de los precios de las materias primas, sobre todo minerales, como oro, cobre, plata y gas natural, de los que Perú posee ricos yacimientos. También la exportación de productos agrícolas peruanos experimentó un gran crecimiento. Acertadamente, se impulsó la agricultura en la costa, el cultivo de espárragos, aguacates y otros productos hortícolas. Al sur de Limacomo, por ejemplo, en torno a la ciudad de Ica, en el norte, cerca de Trujillo, surgieron feraces huertas de verduras y frutales. El Estado impulsó también la elaboración industrial de los productos agrícolas.

"Exportación" fue la palabra predilecta en la propaganda electoral de la mayoría de los partidos. Ahora Perú espera mucho de la exportación en el comercio internacional. Alan García anunció una "Sierra exportadora", aunque sin precisar qué podrían vender las pobres tierras montañosas de Perú. En la sierra vive aún la mayoría de los pobres — que todavía son la mayor parte de la población peruana. La buena situación macroeconómica de los pasados cinco años no ha vuelto acomodados a los pobres. No obstante, el número de peruanos que viven en lo que los parámetros internacionales definen como pobreza ha disminuido un 5 por ciento; el de los que viven en extrema pobreza, incluso, ha bajado un 8 por ciento.

La mayoría de los habitantes de la sierra votaron al populista nacio nalista Ollanta Humala. La confusión ideológica del partido contestatario de Humala le facilitó la afluencia de votos tanto de la izquierda radical como de la extrema derecha, y, sobre todo, una gran atracción entre los indios pobres de la sierra. El presidente venezolano Hugo Chávez apoyó enérgica y ruidosamente a Ollanta Humala. Su intromisión abierta en la política peruana y sus afrentas a García perjudicaron a Humala, y, en la segunda vuelta, fueron provechosas para García. Humala, que quiere dar el poder exclusivamente a los indígenas peruanos, y que ataca con proclamas racistas a los blancos que habitan en la costa, a los chilenos y a los judíos, no pudo sacar partido tampoco de la victoria en el país vecino, Bolivia, de Evo Morales, que, aun siendo mestizo, se jacta de ser indígena.

A muchos peruanos también les repelieron los llamamientos al uso de la fuerza de Humala y las noticias de los actos crueles que, siendo oficial, habría cometido en la lucha contra Sendero Luminoso. De esta manera, la derrota de Humala se convirtió también en la derrota de Hugo Chávez y de sus tesis ideológicamente confusas y, en cualquier caso, radicales.

Alan García es un orador que seduce, un político en la línea de la tradicional brillantez oratoria hispanoamericana. Con sus discursos, sabe ganarse a los peruanos de origen europeo de la costa. Cuando García aparece en televisión, algunos de sus adversarios se tapan los oídos para no arriesgarse a que les convenza. Por el contrario, los indios, los mestizos y la mayoría de los asiáticos, llamados "chinos", no se dejan seducir tan fácilmente por los grandes oradores hispanos. Bien lo sabe el elocuente escritor Mario Vargas Llosa que, en las elecciones de 1990, sucumbió en la segunda vuelta ante el taciturno y retóricamente inerme " japonés " Alberto Fujimori.

García ha llevado a su gobierno a más tecnócratas que nombres importantes de su partido, el APRA (Acción Popular Revolucionaria Americana). Eso le valió la rápida aceptación de la derecha económica. Ministro de Economía es el tecnócrata Luis Carranza, que antes trabajaba en España como profesor de Macroeconomía de la Universidad de Navarra y consultor financiero. El presidente del Consejo de Ministros es el político del APRA, amigo de García y ex alcalde de Lima Jorge Castillo. La mayor parte de los políticos conocidos del APRA son actualmente diputados del Congreso. Raras veces exterioriza ahora García los tan temidos gestos y reacciones autoritarias de su primer mandato.

Alan García ha anunciado que, en primer lugar, su gobierno trataría de mejorar la situación de los peruanos más pobres, tanto los de la sierra, como los que llegaron del altiplano a los barrios pobres —llamados "pueblos nuevos"—en los márgenes de las grandes ciudades. A los maestros y a su antecesor Alejandro Toledo les había doblado el sueldo. La gran mayoría de los trabajadores peruanos carece de contratos de trabajo. Los trabajadores y empleados informales apenas están sindicados. Al margen de una que otra marcha de protesta, los antes tan activos sindicatos peruanos aún no se han movido durante el gobierno de García. Los antiguos colaboradores de la dictadura de Fujimori que, en arresto domiciliario, aguardan en Santiago de Chile el resultado de la demanda de extradición, no representan ningún peligro para García. Por cierto que, al contrario de lo que a menudo se afirma, Alan García no huyó al exilio por acusaciones de corrupción, sino porque Fujimori le perseguía políticamente y amenazaba con quitarle la vida.

Dentro de Sudamérica, García quiere situar Perú entre los países gobernados por la así llamada "izquierda racional", es decir, Brasil, Chile, Uruguay, lejos de los gobiernos populistas, como los de Venezuela y Bolivia. Así se atrae la aprobación incluso de Washington. Perú está ahora abierto a la inversión extranjera y se considera un país estable y democráticamente gobernado para los próximos cinco años.

Dentro de Sudamérica Alan García "quiere situar Perú entre los países gobernados por la así llamada 'izquierda racional'".

 

Walter Haubrich
Analista internacional

 
 
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