¿A qué se debe la "fragilidad" democrática de muchos países latinoamericanos? ¿Es posible conciliar democracia y pobreza?
Hasta hace no muy poco, Latinoamérica era gobernada en su mayoría o por dictadores o por líderes carismáticos, hombres "clarividentes" que tenían la solución a todas las preguntas y ninguna respuesta verdadera. Hoy, Latinoamérica es, en su conjunto, salvo el anacronismo de Cuba, un continente plenamente democrático, y eso es lo importante. Debemos romper con nuestro pasado autoritario para lentamente poder ir construyendo una verdadera cultura democrática. Lo plantearía de otra manera: sólo es posible romper el círculo vicioso de la pobreza desde la cultura democrática, como enseña la experiencia histórica de las naciones. El verdadero desarrollo económico es posible sólo desde la crítica y la libertad, herramientas de la democracia.
En su ensayo "Por una democracia sin adjetivos" usted abogaba por la implantación de la plena democracia en su país, México. Después de la derrota electoral del PRI y la llegada de un presidente de otro partido político, ¿cuál es el balance que hace sobre la transición a la democracia en México?
El camino que hemos recorrido ha sido largo y lleno de grandes gestas y también retrocesos, pero al final hemos llegado a la "estación democracia". México vive plenamente en democracia, y esto es extraordinario. Tenemos un sistema pluripartidista confiable, un presidente acotado por los otros poderes del país (el legislativo, el judicial, la opinión pública, los poderes locales) y una sociedad en permanente discusión. A veces caemos en el desánimo por pensar que la democracia era el punto de llegada, pero yo creo, por el contrario, que la democracia era sólo el punto de partida.
En un artículo que publicó en El País a comienzos de año decía que América nunca será una en el sentido geopolítico del término. ¿Cree que la brecha se está acentuando más y más?
La brecha entre la América hispánica, que decía Rubén Darío, y la América anglosajona es tan amplia, en términos de visión del mundo, tradiciones, lengua, grados de desarrollo, que la unidad política (o de acción política) de América me parece una quimera, de la que no estoy seguro además que sea deseable. Otra cosa es la relación entre Estados Unidos y Latinoamérica. Creo que los Estados Unidos han actuado mal en términos históricos con el continente. Así como su saldo con Europa es casi inobjetable, en América Latina no supieron apoyar los brotes democráticos y se conformaron con tener aliados o enemigos, en una mentalidad de Guerra Fría muy costosa. En Latinoamérica suele ser antinorteamericana la opinión pública, pero no la gente común y corriente, que suele ver a ese país como un modelo en muchos sentidos. La relación más compleja de los Estados Unidos es con México. Tenemos una frontera de más de tres mil kilómetros, muchos millones de mexicanos viviendo "del otro lado", un importante (para ambas naciones) intercambio comercial y, en medio de eso, muchos resentimientos acumulados que hay que ir desterrando.
Y en Latinoamérica, ¿ha notado un cambio de mentalidad con respecto a Europa y a España?
Europa queda muy lejos del día a día de la gente. En general, se admira la Unión Europea y el progreso económico, pero es una relación de enorme distancia. Con España es otra cosa: España es el mínimo común denominador de los países latinoamericanos, a excepción claro de Brasil, y se le ve con enorme cercanía e interés.
¿Cómo ha evolucionado el sentimiento antiespañol de algunos sectores?
Existen grupos irreductibles a la razón que niegan la matriz española de nuestras culturas, y que, amparados en un indigenismo de libro, pretenden restaurar sus arcadias perdidas. Entre esos grupos, el chivo expiatorio es la "cruel España". Pero se trata de sectores minoritarios, más chuscos que peligrosos. Desde la transición a la democracia hasta nuestros días, para la mayoría, España es un modelo y un socio confiable.
¿Qué países están liderando y liderarán la región?
El modelo económico de Chile es un poderoso imán. Por tamaño, población y peso histórico, México es una de las indiscutibles cabezas de Amé-rica Latina, lo mismo que Brasil, con unos recursos inmensos y un potencial enorme, y Argentina, un país que reúne altas dosis de talento humano con recursos naturales también enormes.
¿Cuáles se están quedando en el furgón de cola? ¿Por qué?
Cuba lleva detenida cuarenta años, y una vez terminada su dictadura con la muerte de Castro tardará en entrar al mundo, pese al talento del cubano y la fuerza creciente del exilio. Venezuela está ante el riesgo de perpetuar a un líder carismático en el poder, lo que significaría su ruina política y económica. Por otra parte, la historia no está escrita y los fantasmas del populismo están vivos en muchas sociedades. Su triunfo puede ser funesto.
¿Cuáles son los grandes males de Latinoamérica y qué soluciones se le ocurren? Por ejemplo, para el populismo que usted critica.
La crítica, el debate organizado, la confrontación de datos y cifras, la discusión basada en hechos y estadísticas y no en creencias y buenas voluntades.
¿Qué opinión tiene del resultado del referéndum del gas en Bolivia? ¿Es una tranquilidad para empresas como Repsol? ¿O un revés para los intereses indígenas? ¿Cree que volverán las revueltas?
Todo el asunto del gas en Bolivia estuvo fuertemente manipulado. Celebro la apertura a la inversión.
¿Qué papel juega el indigenismo en Latinoamérica?
Es una corriente académica y un movimiento social. Desde Europa, el problema indígena de América Latina se ve con romanticismo cuando no con ignorancia. Su vocación histórica ha sido la integración, el mestizaje, como una forma de mejorar su calidad de vida y convertirse en ciudadanos de plenos derechos (lo que, por otra parte, no significa forzosamente renunciar a su cultura). El indigenismo académico no reconoce una obviedad monumental: todos en América Latina formamos parte de Occidente, y vivimos dentro de los amplísimos márgenes de sus valores. Desde luego que la marginalidad y la pobreza son lacras terribles que debemos combatir, pero no podemos hacerlo desde enfoques equivoca-dos o callejones sin salida.
Usted cree en el mestizaje cultural y social... ¿cree que el racismo es uno de los grandes males tanto en Europa como en Latinoamérica?
Creo en el mestizaje, desde luego. La gran riqueza de América Latina es el mestizaje, la amalgama, la suma de tradiciones, el sincretismo. Como reflejos de la sociedad de castas colonial, perduran, en ciertos núcleos sociales, hábitos racistas, algo que debemos combatir con toda firmeza, pero en términos generales diría que América Latina es una sociedad clasista, antes que racista.
¿Los intelectuales como usted, siguen manteniendo la esperanza en Brasil? ¿Cree que es demasiado utópico? ¿Las oposiciones que ha tenido, han hecho que Lula baje más a tierra?
Lula representa quizá la última esperanza de la izquierda latinoamericana para demostrar que puede gobernar con seriedad un país, de manera responsable y desde dentro de las instituciones, y en ese sentido, es que le deseo éxito. Otra cosa es lo que me parecen concretamente muchas de sus políticas y declaraciones.
Usted realizó la revista Vuelta, junto a Octavio Paz. ¿Cuál es la principal enseñanza de su convivencia con el Premio Nobel?
La pasión crítica y la curiosidad sin límites.
¿Cuál es el balance que hace de estos tres años de su revista, Letras Libres, en suelo español? ¿Qué tirada tiene, a qué público se dirige...?
Ha sido una gran experiencia. Se trata de la única revista de cultura latinoamericana que se edita regularmente en España. El diálogo entre autores de ambos lados del Atlántico ha sido mutuamente enriquecedor y la experiencia me llena de alegría y entusiasmo. La revista está dirigida a un público amante de la lectura, con interés en la literatura y la discusión política de altura: no el día a día, si no los grandes temas y retos de nuestro tiempo. Tenemos una tirada conservadora de veinte mil ejemplares, en lento pero en continuo crecimiento.
¿Cómo se ve la vida cultural española desde México?
España es un país democrático, socio de la Unión Europea, un país plenamente desarrollado. Eso hace que la vida intelectual esté acotada por la comodidad de tener muchos problemas resueltos. Es el objetivo de nosotros en México, en donde tenemos tantos y tan diversos problemas. Paradójicamente, nuestros inmensos problemas nos obligan a una gran vitalidad en las discusiones intelectuales y culturales y a una suma de libros y obras de arte que reflejan esta situación explosiva. En España la cultura es una página más de la oferta de ocio, en México es el motor de la discusión pública.
En Travesía Liberal, su libro más reciente, dedica una buena parte a pensar el mundo complejo de nuestros días. Desde esa óptica, ¿Cómo analiza usted el terrorismo islamista, cómo de grave es el problema y de qué medida puede solucionarse?
El desafío islamista es a toda la civilización occidental. Ellos no hacen distinciones entre izquierda o derecha, entre liberales o conservadores. Y es muy importante que la opinión pública europea despierte de su encantamiento y sepa que el desafío es real y serio. Otra cosa distinta es que la política de Bush sea errónea y hasta contraproducente, pero la conciliación y la buena voluntad tampoco son la solución. El mundo del islam vive con miedo la llegada de la modernidad y su enemigo no es éste o aquel político, éste o aquel problema regional: son la democracia, la separación de poderes, el Estado laico, y ésas son conquistas irrenunciables de Occidente.