¿Qué significaron Tristan Garel Jones y Flora Peña para la Fundación?
Representaron la primera época de la Fundación Euroamérica. Flora fue el motor de la idea, la que se puso en contacto con muchos de nosotros. Tenía mucha experiencia como organizadora de eventos y jornadas a través de su empresa Alcestis, y nos propuso la idea de impulsar una fundación que tratará de establecer puentes entre los componente de la Unión Europea y los países de Iberoamérica basándose en que gran parte de su cultura y valore morales eran partícipes de la cultura europea. Yo ayudé en las primeras fases, a contactar con persona como Dominique Strauss-Kahn, que fue ministro d Hacienda de Francia, y entró en el patronato, o coi Simone Weil. Tristan también colaboró contactando con varias personalidades inglesas, como Nigel Lawson o Douglas Hurt. Se puso en marcha enseguida para conseguir patronos empresariales. Tristan fue clave, porque personificaba la idea de que era una Fundación no sólo de relaciones entre España e Iberoamérica, sino con la Unión Europea. Por el hecho de ser un inglés bien insertado en la sociedad española y haber sido ministro en el gabinete de Margaret Thatcher, daba la imagen que queríamos. Con el impulso de ambos y mi incorporación como vicepresidente y, más adelante, con el apoyo de los anteriores directores generales, como Pilar Zugaza, María Jesús Escribano y, finalmente, Ángel Durández, la Fundación consiguió organizar actos importantes. Todos ellos, en general, brillantes. Zedillo y Fox, los dos presidentes mexicanos, estuvieron en nuestros foros de México, cuyo último acto estuvo acompañado por Aznar. Todos fueron interesantes. También los de Chile, con Lagos; Argentina, con Fernando de la Rúa; Colombia, con Uribe; Perú, con el presidente Toledo, y Brasil, en el que Lula no pudo acompañar a Aznar.
¿Cuáles son los nuevos retos de la Fundación?
Ahora la Fundación puede considerarse consolidada. Invita a personalidades, muchas de ellas extranjeras en su paso por España, para debates, que se hacen en torno a almuerzos. También convoca becas en colaboración con el Instituto de Empresa para estudiantes de postgrado latinoamericanos, y edita esta publicación, que esperamos mejorar en intensidad. La Fundación no se plantea un cambio de orientación, pues es exitosa y vemos que aportamos en las relaciones entre Latinoamérica y Europa, pero deseamos intensificar nuestras actividades. Una buena vía es cooperar más intensamente con otras instituciones para aunar esfuerzos en la misma línea, como la Fundación Carolina o el Real Instituto Elcano.
¿Con qué equipo cuenta?
Tras la dimisión de Tristan Garel-Jones, tenemos un nuevo equipo que tengo el honor de presidir. Me acompañan en esta labor el vicepresidente Ángel Durández, que se hará cargo de la organización de todos nuestros actos y del seguimiento de su preparación. Seguiré contando también con Carsten Moser, que también será vicepresidente, y se encargará especialmente de las publicaciones. Y también, se añade al equipo directivo Emilio Casinello, embajador de España, una persona con larguísima experiencia en relaciones internacionales, que tendrá la responsabilidad de ampliar las relaciones con otras instituciones y conectar con la política del Ministerio de Asuntos Exteriores español. Además, se ha sumado recientemente a la Fundación Asunción Valdés, antes jefa de prensa de la Casa Real, como nueva directora general. Es una mujer extraordinariamente competente, con grandes cualidades para este trabajo.
¿Y su programa como nuevo presidente?
No va a haber una orientación distinta, no es necesaria. Intensificaremos lo que estamos haciendo. En estos momentos estamos preparando un encuentro en Chile y estamos pensando en uno con el nuevo gobierno de la República Dominicana, una vez asentada la situación macroeconómica y política. Pero necesitará tiempo de preparación...
¿Cómo ve el futuro de Iberoamérica?
A corto plazo, este año y probable-mente el siguiente, Iberoamérica estará saliendo de graves crisis financieras, la más grave de las cuales ha sido la de Argentina. Ahora, la región crecerá posiblemente en torno al 4% y, el año que viene, si se consolida la recuperación de la economía mundial liderada por Estados Unidos, podrá crecer en un porcentaje parecido. Los periodos de recesión y problemas económicos en América Latina se traducen en una inestabilidad social. Y en periodos de recesión, la vulnerabilidad financiera y la inestabilidad política crecen mucho. Para que continúe la profundización de la democracia es indispensable una tasa sostenible de crecimiento económico que, desgraciadamente, no está garantizada. Salvo durante los últimos dos años, en los últimos 25 años, ha habido una democratización cada vez mayor, un fortalecimiento de las instituciones, un mejor funcionamiento de la justicia y mayor transparencia en la región. Aunque ha habido dificultades y algunos rasgos populistas en algunos países de Latinoamérica, resulta-do del descontento básico. Pero, por ejemplo, el Gobierno Lula tiene pocos rasgos populistas, y su problema puede ser precisamente éste. Todo el mundo contempla el experimento brasileño. Es un gobierno demócrata que intenta compaginar el manejo de la política macroeconómica de forma ortodoxa con una evolución social. Pero si es favorable, puede ser un ejemplo para el resto de los países. Por otro lado, Latinoamérica está mejorando sus estructuras de mercado. Esto pasa por reducir la intervención estatal en la economía, que ha sido excesiva durante mucho tiempo, para fortalecer las instituciones, el derecho de la propiedad, la seguridad jurídica en los con-tratos, unos marcos estables en la regulación que hacen los Estados, un funcionamiento adecuado del mercado de trabajo. En Chile es donde más se está avanzando en estos aspectos. En otros países se progresa con mayores dificultades. Si se tiene éxito en mejorar la democracia, los derechos humanos, que haya transparencia, ausencia de corrupción, y se mejora el funcionamiento de la economía, Latinoamérica es una de las regiones con mayores perspectivas de crecimiento económico.
¿Y la situación de las relaciones con Europa?
Europa puede contribuir al éxito de Latinoamérica. Pero Estados Unidos también. Todo ello, a través de acuerdos comerciales que permitan el acceso de los bienes que exportan estos países a los mercados de los países desarrollados. No se trata de que Estados Unidos y Europa compitan para ver quien tiene mayor influencia en la zona, sino que complementen su relación, que debería ser de aliados naturales.
Ahora Repsol respira tranquila tras el resultado del referéndum sobre el gas en Bolivia. Tras algunos años difíciles para las empresas españolas en Latinoamérica, ¿ha llegado el momento de la estabilidad?
Hay que reconocer que las inversiones en esta región americana siguen teniendo un cierto riesgo, en parte por su vulnerabilidad económica, y en parte por su vulnerabilidad política. Pueden ser contaminadas por crisis financieras que unas veces se originan en el lugar, como en Argentina o Brasil, o crisis financieras que ocurren en sitios tan lejos como Rusia y el sudeste asiático. Este marco hace que las inversiones en la zona sean algo más arriesgadas que quizá en otras zonas. Pero no existe el choque cultural que existe entre europeos y asiáticos a la hora de entender las relaciones de cooperación o de trabajo. Pero para que Europa de verdad tenga un papel importante en América, no le va a bastar mejorar las relaciones internacionales en materia de política exterior ni le va a bastar mantener un flujo importante de inversiones. Necesita además mostrar un interés por facilitar el comercio exterior de aquellos países con la Unión Europea. Y, en particular, la UE tiene que reconsiderar tratar su papel, a veces agresivo, de la política agraria comunitaria con relación a esos países. No debe servirnos de consuelo las medidas de subvenciones agrarias de los Estados Unidos, que también dificultan el acceso de los bienes de estos países a este mercado. Ellos admiten, en general, los bienes manufacturados que les enviamos. Y nosotros no tenemos las medidas de reciprocidad de acoger sus productos en nuestros mercados.
¿Cuál debe ser el papel de España al respecto?
El enfoque de la Fundación es sobre las relaciones entre Iberoamérica y la UE. Pero España es la puerta de entrada de muchos países latinoamericanos en la UE y, junto a Portugal, somos los abogados que les puedan defender en los foros europeos. En este sentido, sería una especie de deserción no reconocer este hecho. Y no basta sólo con decir que podemos encabezar una propuesta de cooperación a nivel europeo, o dar préstamos en situaciones de crisis, sino que demos llevar a la UE la reflexión de las transformaciones que tienen que hacer en sus políticas económicas para favorecer la relación con Latinoamérica.