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Nuevas etapas, oportunidades y políticas
sociales
Foro Brasil - Unión Europea
Sao Paulo fue testigo, los pasados 29 y 30 de octubre, del
foro internacional convocado por la Fundación para analizar
las nuevas relaciones del gobierno de Lula con la Unión
Europea.
La conferencia celebrada en Brasil
a finales pasado mes de octubre para analizar la nueva etapa
inagurada por Luiz Inácio "Lula" da Silva, presidente del
país desde octubre de 2002, convocó a más de 250 asistentes.
Organizada por la Fundación Euroamérica y el Real Instituto
Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, los representantes
políticos y empresariales brasileños y españoles se concentraron
en tratar la seguridad jurídica de las inversiones extranjeras
en el país y en el reparto de la riqueza. Además, Sebastiao
Soares, secretario de Estado de Planificación e Inversiones
Estratégicas de Brasil hizo un repaso a la fiscalidad de
su país, comparándola con la española, que fue analizada
por Carlos Solchaga. A continuación se debatió el papel
de los empresarios y del Estado en el crecimiento social
y en la importancia de la comunicación y las infraestructuras.
Ya por la tarde, en la mesa redonda, se habló de las perspectivas
de futuro en Brasil.
Durante la segunda jornada, se trató la descentralización
política y económica, las estrategias para el desarrollo,
y se incidió en los problemas entre la Unión Europea y Brasil,
especialmente por la política agraria europea y el proteccionismo
brasileño. Reseñamos a continuación los aspectos más relevantes
de la interesante intervención de Francisco Utrera, secretario
de Estado de Comercio y Turismo de España que, puso especial
énfasis a aclarar algunos aspectos de la Política Agraria
Común (PAC) de la Unión Europea, así como su opinión sobre
la frustrada conferencia de la OMC en Cancún en septiembre
pasado.
1. La ambiciosa agenda de Cancún
Los supuestos desencuentros (título
de la mesa) en la Conferencia de la Organización Mundial
de Comercio llevada a cabo en Cancún hay que ponerlos en
su contexto. Desencuentros en el ámbito de los acuerdos
comerciales se tienen de forma continua, incluso dentro
de la propia Unión Europea. En la OMC, donde todos los miembros
pretenden alcanzar acuerdos que permitan que el comercio
mundial sea más libre, es lógico que se produzcan. Hay que
situar lo ocurrido en Cancún en el ámbito de las negociaciones
comerciales multilaterales que se estaban enfocando, distintas
de las clásicas. Por ejemplo, el tema que más preocupó,
la agricultura, sólo forma parte de la agenda multilateral
de negociaciones de liberalización comercial desde hace
menos de diez años. Lo mismo ocurre con los servicios.
Hay otra cuestión importante: la agenda de Cancún era muy
ambiciosa. En la metodología de las negociaciones comerciales,
antes de las negociaciones propiamente dichas, hay que aprobar
las modalidades de negociación, los conceptos metodológicos
sobre los que después se va a mover la negociación. A Cancún
ni siquiera se llevaron estas modalidades. No se trataba
de alcanzar acuerdos en sentido estricto, sino que se estaba
definiendo el dibujo de lo que deberían ser las negociaciones.
Por otro lado, si lo que se quiere es un comercio multilateral
eficiente, no se puede debatir un único asunto, como por
ejemplo, la agricultura. Éste fue uno de los principales
desencuentros que se tuvo con la posición negociadora de
Brasil. Ceñirse sólo a la agricultura y no abarcar temas
como la propiedad intelectual, la garantía jurídica de las
inversiones, y otros asuntos, significaría dejar muy reducido
el ámbito de debate de estas conferencias.
Hay un deseo generalizado de retomar las negociaciones,
pues aunque en Cancún el ambiente no era optimista, algunas
delegaciones han manifestado su deseo de volver a reunirse,
primero en Ginebra, y luego convocar una nueva fecha trimestral
para retomar el trabajo.
2. Agricultura
En el asunto agrícola hay dos problemas:
en primer lugar, la percepción de que la UE es un mercado
muy cerrado en el cual es muy difícil introducir productos
agroalimentarios. El segundo, que quizá no se entendió bien,
es cuál era la posición real que la UE llevaba a Cancún.
Respecto a lo primero, la UE es el primer importador mundial
(con 60.000 millones de dólares en 2001). Además, es el
primer importador mundial de productos agrícolas que se
originan en países en desarrollo (más de la mitad de esa
cifra). Importa más productos agro-alimentarios que EEUU,
Japón, Canadá y Australia juntos.
Por otro lado, no es un mercado cerrado, sino muy abierto,
que absorbe el 85% de las exportaciones agrícolas de África
y casi la mitad de las de América Latina. La UE cuenta con
un saldo importador neto por valor de 6.500 millones de
dólares este último año, y concede acceso a su mercado,
de manera libre, sin restricciones y sin arancel para todas
las exportaciones procedentes de los países más pobres.
El arancel consolidado medio de la UE en productos agrícolas
es del 30%, pero en la realidad, el arancel aplicado no
alcanza el 10%, dado que se han ido reconociendo beneficios
preferenciales a una enorme cantidad (142) de países. Además,
77 países se benefician de un sistema de preferencia mejorado
(acuerdo cotton con los países
La UE ha firmado acuerdos de libre comercio con México,
Sudáfrica, toda la cuenca mediterránea, y está en proceso
de negociación de otros acuerdos con Mercosur. La UE también
facilita arancel libre de restricción cuantitativa a los
productos originarios de los 49 países más pobres del mundo.
Con todo lo anterior, el arancel medio efectivo de la UE,
en torno de todos los países que son al 10%, es el miembros
de más bajo la OMC.
3. Reforma de la Política Agraria Comunitaria
Existen mecanismos perturbadores de
los mercados agrícolas internos, que irritan a los países
exportadores de productos agroalimentarios. Se trata sobre
todo de las subvenciones a la exportación, que no es más
que poner en el mercado internacional productos a precio
reducido que son consecuencia de políticas que promueven
la producción interna, lo cual genera unos stocks que, para
lanzarlos al mercado exterior, hay que hacerlo a unos precios
inferiores a los costes de producción. Así hacen la competencia
a los productos de los países que no subsidian ni la producción
ni la exportación de sus productos agrícolas. Es una primera
línea sobre la que la UE quiere actuar. Por eso, en la reforma
de la PAC se procedió a una reducción de las ayudas a la
exportación en torno al 50°/,. Hay que remarcar que las
ayudas de la UE a la exportación de productos agrícolas
han pasado del 25% del valor exportado en 1992 a un 5,2%
en 2001. Y sobre esto se reducirá el 50%.
4. ¿Reducción o eliminación de ayudas?
Otro desencuentro: "¿Se trata de una
reducción progresiva o de una disminución con un calendario
de eliminaciones?". Si ha llevado más de 50 años en el seno
de la OMC la liberalización de productos industriales, sería
ingenuo pensar que en agricultura la liberalización se va
a operar en 5 ó 6 años. Es importante dar tiempo al tiempo.
Algunos países, entre ellos Brasil, tienen una enorme resistencia
a la negociación en materia de servicios, para lo que se
hace eco la multifuncionalidad que la UE alega para la agricultura
o las cuestiones no comerciales". Esa defensa por parte
de Brasil y otros países en las negociaciones de servicios
frenan la liberalización en ese sector... Si la UE tiene
que apelar todavía a esas cuestiones no comerciales es porque
son ciertas, porque las estructuras de producción no se
pueden deshacer en dos o tres años. Lo que se entiende como
una propuesta atrevida e importante por parte de la UE es
el recorte sustancial de las subvenciones a la exportación.
Y no sólo eso: con los norteamericanos se consiguió que
se asimilaran a las subvenciones a la exportación otras
prácticas que tienen los mismos efectos, como los créditos
a la exportación subvencionados, el comercio a través de
empresas estatales o la ayuda alimentaría que supone una
apuesta por el mercado internacional a precios reducidos
y subvencionando los productos internos.
La segunda cuestión es la ayuda interna: hay ayudas que
afectan al comercio internacional y hay otras que no. Desde
la OMC hay que alcanzar acuerdos que reduzcan y, en su caso,
eliminen las ayudas que distorsionan el comercio internacional,
pero no las que no lo distorsionan, que formarían parte
de la política decidida por los estados soberanos para apoyar
a un sector. En muchos países, y España es uno de ellos,
hay un problema real de abandono del ámbito rural, de desequilibrio
regional. Hay que mantener poblaciones fijadas al territorio.
Las ayudas que se establezcan con ese fin no deben obstaculizar
el comercio internacional, y eso ha llevado a que las ayudas
no estén referidas al aumento de la producción, sino a lograr
que los agricultores reacondicionen su estructura de producción,
lo cual desde el punto de vista del comercio mundial tiene
efectos inocuos o escasos.
La tercera cuestión en la agricultura es el acceso al mercado,
las barreras arancelarias o el sistema de contingentes alternativos,
pudiéndose incluir toda esa variedad de restricciones con
justificación fitosanitaria, de seguridad, que limitan el
comercio de alimentos y de productos agrícolas. ¿Cuál es
la oferta de la UE?: Generalizar a todos los países afiliados
lo que en la UE ya se hace desde hace tres años: dar acceso
libre de aranceles y sin restricción a los países más pobres.
Eso no ha sido aceptado, pero no es culpa de los países
en vías de desarrollo, sino de otros desarrollados. Y luego,
el promover una reducción arancelaria importante, del orden
del 36(%, que añadida a la reducción que se realizó en la
Ronda Uruguay, llevaría a una reducción del 72% de los aranceles
de entrada de los productos en los países desarrollados.
5. Conclusión
La UE llevaba a Cancún una buena propuesta
de negociación también en productos agrícolas, y hay que
retomarla. Había un empeño en aproximar posiciones en los
temas más sustanciales, como era la negociación agrícola
y el acceso al mercado de productos industriales. Sin embargo,
en la agenda se incluyeron dos temas perturbadores: uno,
el algodón, un tema menor, bajo el pretexto de que eso era
luchar contra la pobreza de los países africanos. Y ese
asunto ha de encontrar solución en las instituciones internacionales
que tienen por objetivo la eliminación de la pobreza por
la vía de apoyos a los sectores productivos, como el Banco
Mundial u otros bancos de desarrollo, pero no la OMC, que
tiene por misión alcanzar acuerdos comerciales equilibrados
e integrar en los flujos de comercio internacional a todos
los países. La cuestión del algodón y el segundo asunto,
los temas de Singapur, no son negociaciones comerciales,
sino que dan un tono cualitativo a las transacciones comerciales.
En Cancún no se iba a hablar de acuerdos comerciales ni
de la metodología previa al acuerdo, sino de las modalidades
previas a la negociación que permitan que llegue a buen
puerto.
Al final, lo quedó es que, como todavía hay que ponerse
de acuerdo para alcanzar modalidades y después iniciar la
negociación, hay que ponerse manos a la obra rápidamente,
aunque la fecha inicial de principios de 2005 se puede dar
por perdida. Ha habido un retraso en alcanzar acuerdos en
una ronda que se calificaba Ronda del Desarrollo, donde
además todas las partes, estaban de acuerdo en que hay que
dar un trato especial a los países en vías de desarrollo
y sobre todo, en favor de los países no avanzados pero integrados
en el desarrollo. Se ha retrasado uno o quizá dos años el
desarrollo en países que aún no han alcanzado un nivel adecuado.
Esas discrepancias se pueden recuperar en los próximos meses.
Por tanto, todos ellos son desencuentros temporales o coyunturales
que, hay que ser optimista, se van a superar en fecha próxima.
En el foro participaron muchas de las
principales personalidades políticas y económicas de la
UE y Brasil
Por Europa:
José María
Aznar, presidente del gobierno español hasta las elecciones
del 14 de marzo; Miguel Ángel Cortés secretario de Estado
de Cooperación y Latinoamérica; Francisco Utrera, secretario
de Estado de Comercio y Turismo
de España; Eduardo Serra, presidente del Real Instituto
Elcano y Carlos Malamud, del mismo Instituto; Juan Miguel
Villar Mir, presidente del Grupo OHL; Ramón Aguirre, presidente
del ICO; José Juan Ruiz, director de Estrategia del Grupo
Santander; Jaime Montalvo, presidente del Consejo Económico
y Social de España; Carlos Solchaga, ex ministro de Hacienda
de España; Tristan Garel-Jones y Ángel Durández, presidente
y director general de la Fundación Euroamérica, respectivamente;
Elisa Robles Fraga, vicepresidenta de la Comisión del
Mercado de las Telecomunicaciones (CM T) de España; Edmond
Alphandéry, ex ministro de Hacienda de Francia, Jaime
Velasco, director de Actualidad
Económica; Ramón Pérez Maura, adjunto al director
del diario ABC; Walter Haubrich, del Frankfurter Allgemeine
Zeitung y Daniel Vernet, de Le Monde.
Por Brasil:
Kjeld Jakobsen, secretario municipal de Relaciones Internacionales
Xavier Ferreira, presidente del Grupo Telefónica de Brasil;
Eduardo Navarro de Carvalho, vicepresidente de Estrategia
Corporativa y Regulatoria del Grupo Telefónica de Brasil;
Dario Rais Lopes secretario de Transportes del Estado de
Sao Paulo; Geraldo Alckmin, gobernador del Estado de Sao
Paulo; Antonio Patriota, secretario de Planificación Diplomática
del Ministerio de Asuntos Exteriores; Mário Mugnaini Júnior,
secretario ejecutivo de Comercio Exterior, Ruy Martins Altenfelder,
presidente del Instituto Roberto Simonsen de Brasil y Tarso
Genro, secretario del Consejo de Desarrollo Económico y
Social,
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