El pasado mes
de junio, casi nueve meses después de ser elegido presidente
de Brasil, Lula da Silva fue galardonado con el Premio Príncipe
de Asturias de Cooperación Internacional. Dotado con 50.000
euros y una escultura de Joan Miró, el premio reconoce la
esperanza que ha sabido transmitir a los países latinoamericanos.
Su historia es la de una superación personal. Da Silva nació
en el estado brasileño de Pernambuco en 1945, en el seno
de una familia numerosa y con unos padres analfabetos. Su
trayectoria laboral es sorprendente: trabajó como vendedor
callejero, limpiabotas y tornero, entró en el sindicato
metalúrgico, en 1969 y seis años más tarde llegó a su presidencia.
En 1980 fundó junto a varios compañeros el Partido de los
Trabajadores (PT), que llegó a ser la segunda fuerza política
de Brasil, y en 1989 se convirtió en candidato presidencial.
Fue derrotado por Fernando Collor de Melo y se dedicó a
la implantación del PT en todo el país. Diez años más tarde
encabezó la "Marcha de los Cien Mil", organizada por partidos
de izquierda y 80 organizaciones populares en Brasilia.
El 27 de octubre de2002 llegó a la presidencia, respladado
por más de 53 millones de votos y con la promesa prioritaria
de luchar contra el hambre y el paro del país.