Jürgen Sterlepper, director del Deutsche Bundesbank y Martin Pontzen "senior adviser" del Deutsche Bundesbank
Una herramienta, una condición necesaria para la integración
Nº3 - octubre 2001

No sólo en Europa existen aspiraciones regionales de integración, que incluyen también reflexiones y pasos encaminados a la unificación político-monetaria. Estas discusiones también tienen actualidad en Sudamérica, el Caribe y en algunos países del Golfo Pérsico.

Para responder a la pregunta de cuál es el papel que juega la creación de una moneda única en un proceso de integración regional se puede tomar como un buen ejemplo el desarrollo de los últimos cincuenta años en Europa.

Las etapas de la integración europea van desde la fundación de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (1951), pasando por la firma del Tratado de Roma (1957), la realización de la Unión Arancelaria (1968) y el comienzo del Sistema Monetario Europeo (1979) hasta llegar al Acta única Europea (1985), que allanó el camino para la creación de un mercado interior europeo común. Con el acuerdo sobre la Unión Económica y Monetaria celebrado en Maastricht en el año 1991 en el seno del Consejo Europeo y el comienzo real de la unión monetaria en 1999, este proceso alcanzó un nuevo punto culminante poco antes del salto al nuevo milenio.

Se plantea ahora la cuestión de principio de si, con la renuncia a las soberanías monetarias nacionales y la introducción del Euro, se ha llegado al punto final o si sólo se ha alcanzado otra etapa intermedia en el proceso de integración. Pero, desde el punto de vista del banco emisor, habría que especular menos sobre si una armonización completa de la política financiera seguirá a la política monetaria comunitaria, y cuando ocurrirá esto, y prestar más atención a la pregunta de si, realmente, se debería llegar a una política financiera común.



Por supuesto que, al buscar la respuesta "correcta" de la política financiera a la moneda común, no se opera en la oscuridad normativa. Según el principio de subsidiariedad establecido en el Tratado de Maastricht, la Comunidad (con excepción de los sectores que son de su competencia exclusiva) sólo entrará en acción cuando los estados miembros no puedan lograr de forma satisfactoria los objetivos previstos con las medidas tomadas por ellos y sí puedan alcanzarse con decisiones a nivel comunitario (Artículo 5 del Tratado de la CE). Aunque el principio de subsidiariedad deja un amplio margen para la interpretación, marca una pauta orientadora, al depositar la carga de la prueba sobre los hombros de aquellos que, además de una política monetaria comunitaria, están exigiendo también responsabilidades de política fiscal a escala supranacional.

En este contexto se debería mencionar al intelectual francés Alexis de Tocqueville que, en el año 1835, escribió lo siguiente en su famoso libro sobre la joven democracia americana: "En las naciones fuertemente centralizadas, el legislador está obligado a imprimir a las leyes un carácter uniforme que no siempre se amolda a las comunidades y al territorio, ya que no tiene en cuenta situaciones especiales porque sólo atiende a principios generales; la gente se ve obligada a aceptar las exigencias de las leyes aunque la legislación no se adapte a las necesidades de la gente y de la comunidad, lo que causa graves problemas y sufrimientos" La idea de que las preferencias de los ciudadanos se pueden atender mejor dentro de un ordenamiento estatal descentralizado no es de ninguna manera nueva. Sin embargo, se han puesto límites a un diseño político descentralizado. Una política autónoma, descentralizada, generalmente no deja de tener "efectos externos". Se llega a efectos externos o "spillovers" que sobrepasan las fronteras y, en determinadas circunstancias pueden perjudicar a los intereses de otros estados. En otras palabras: la política financiera autónoma tiene sus límites allí donde causa una influencia negativa en las finanzas de otros estados miembros. Justamente, después de las experiencias de la cumbre de Niza, el significado de la Unión Monetaria Europea para la integración de Europa vuelve a ser especialmente claro. La unión monetaria es, hasta ahora, el mayor éxito de la idea de una Europa unida. La política monetaria es el único sector en el que, realmente, se decide a escala europea. La política monetaria europea contribuye a la integración de la Comunidad Europea. La Cumbre puso de manifiesto la lucha de los gobiernos por lograr una reforma de la UE. Ésta es necesaria porque la ampliación que se avecina exige estructuras de decisión más rápidas y más democráticas. En la cumbre de Niza se dieron pasos en esta dirección que repercutirán positivamente en la UE actual y reforzarán la comprensión comunitaria.

El nuevo marco político monetario del espacio europeo modifica la economía y muy especialmente los mercados de dinero y de capital. El Euro ha actuado como catalizador en el desarrollo y la integración de los mercados financieros en la zona de la moneda única.

Entre las transformaciones más importantes producidas por el Euro en los mercados financieros cuenta, especialmente, el rápido crecimiento mancomunado de los mercados de dinero nacionales dentro del espacio europeo. Los grandes bancos actúan a escala europea y aceleran, sobre todo, la integración de los mercados de dinero.

En comparación con otros sectores políticos, la integración de la política monetaria en Europa es la que más ha progresado. Pero nuevos retos aparecen en el calendario inmediato. La reforma de las instituciones europeas y de la ampliación de la Unión Europea con países de Europa Central y del Este son tareas de gran importancia para los próximos años. Ambos proyectos -y por cierto, en ese orden exigen los más grandes esfuerzos. Con ello, resurge de nuevo la pregunta de cómo llegará a ser la definitiva Europa unificada.

Las experiencias europeas del último medio siglo han demostrado que una moneda unitaria no es ni el camino ni el objetivo de los esfuerzos regionales de integración. La moneda unitaria parece ser, más bien, una herramienta y una condición necesaria dentro del proceso de integración.
Jürgen Sterlepper

 
 
 
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