El establecimiento del Euro como moneda única de doce países
europeos a partir del próximo 1 de enero de 2002 representa
un hito en la historia de la integración de la Unión Europea.
El próximo 1 de enero, los ciudadanos
de Alemania, Austria, Bélgica, España, Finlandia, Francia,
Grecia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo y Portugal
abandonarán los marcos, los francos, las liras, los florines,
las pesetas, etcétera, y empezarán a utilizar el Euro como
moneda única común para todos estos países, Culmina así
un proceso de integración monetaria que comenzó en 1990,
cuando se eliminaron los obstáculos internos que impedían
la libre circulación de capitales entre los miembros de
la Comunidad Económica Europea (CEE), y que culminará el
1 de julio de 2002, cuando las actuales monedas de los doce
países del Euro pierdan su valor y desaparezcan definitivamente
en las estanterías de los establecimientos de numismática.
En el proceso han quedado como recuerdos la "serpiente monetaria",
establecida en 1972, y el ECU, la unidad monetaria común
de la CEE hasta 1995, en que fue rebautizado como euro.
Tras superar obstáculos, el Euro ha pasado a convertirse
en el signo más evidente para los ciudadanos de que la Unión
Europea (UE) avanza y de que el sueño de una Europa unida
está más cerca que nunca de convertirse en una espléndida
realidad.
Con su éxito, el Euro se ha convertido en un ideal para
los procesos de integración que se están gestando en el
mundo. La moneda única se presenta en algunos casos como
un instrumento necesario para las asociaciones regionales
y en otros como un hito imprescindible para poder alcanzar
mayores niveles de integración. La cuestión de moneda única,
por ejemplo, aparece intermitentemente en la historia de
Mercosur: en los inicios de esta asociación se habló del
"gaucho" como la moneda común para Argentina, Brasil, Paraguay
y Uruguay. No obstante, la moneda común o incluso la moneda
única pueden tener una incidencia muy variada en los procesos
de integración. El dólar de los Estados Unidos es también
la moneda oficial de Ecuador y de El Salvador, sin que por
ello exista ningún proyecto de integración económica o política
entre los tres países. Otro tanto ocurre con el franco CFA,
una moneda común que sirve a los países de África central,
sin otros pasos para una integración regional. El caso de
México representa el ejemplo contrario: miembro del Tratado
de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), no se
plantea siquiera adoptar la moneda de su principal socio,
los Estados Unidos, como explica en este número de FORUM
el secretario de Relaciones Exteriores, Jorge G. Castañeda.
El dólar del Caribe oriental constituye el modelo de una
moneda común para un grupo de pequeños países que han logrado
un cierto grado de integración, eliminando los aranceles
aduaneros, y han establecido una política comercial común.
No obstante no han llegado por el momento, a acordar una
política económica común ni proponerse alcanzar una política
global para todos los miembros del Mercado Común del Caribe
(CARICOM).
La moneda única europea es un modelo diferente, al que se
ha llegado a través del camino que busca la integración
política global. De las características y expectativas que
se abren en la Unión Europea a partir del 1 de enero de
2002 con la adopción del Euro tratan los siguientes artículos
del ex ministro español de Economía y Hacienda Carlos Solchaga
y de los ejecutivos del Bundesbank (Banco Central) de Alemania,
Jürgen Sterlepper, y Martin Pontzen.