RICARDO LAGOS ESCOBAR
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE CHILE
Chile: regionalismo global

Nº2 - noviembre 2000

La economía mundial transita hoy por dos grandes procesos interrelacionados: el de globalización y el de regionalismo. La globalización expresa la fuerza determinante de los cambios tecnológicos, sociales, políticos, económicos y culturales que están dando forma a las sociedades modernas. Se trata de un proceso de crecientes interacciones que opera a nivel planetario. Una expresión concreta son las grandes fusiones entre los gigantes de la banca, las telecomunicaciones y la industria aeronáutica.

El país que opta por rechazar el proceso globalizador simplemente escoge el ostracismo y el estancamiento. En definitiva, la globalización es un proceso lleno de posibilidades, pero también pleno de contradicciones e incertidumbres.

El segundo proceso por el que transita la economía mundial es el regionalismo. Es un hecho que desde mediados de los años 80 se han multiplicado los acuerdos regionales. La Unión Europea se encuentra en plena profundización y ampliación; también aumenta la cooperación entre los países de Europa Central, y se fortalece la asociación entre los países bálticos.

En América del Norte el Tratado de libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México, más conocido como NAFTA, llevó al proceso de negociación de un Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Especialmente relevante ha sido el surgimiento del regionalismo en Asia, región que hasta hace muy poco se había mantenido al margen de esa tendencia. Así lo demuestran el acuerdo entre Australia y Nueva Zelanda, las negociaciones entre Nueva Zelanda y Singapur, y el creciente interés que han demostrado Corea, los países del ASEAN, y Japón en la eventual negociación de acuerdos de libre comercio. En África, se está consolidando la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADEC).

En América Latina, destaca especialmente el MERCOSUR, que constituye el proyecto económico y político de mayor potencial en esta área del mundo. Por su parte, el Mercado Común Centroamericano está emprendiendo un importante proceso de revitalización. En el caso del Grupo Andino, se han registrado iniciativas de rearticulación en los últimos años que pretenden acelerar la integración entre los países miembros y converger con otros bloques, como el Mercosur. Como consecuencia de todo lo anterior, alrededor del 60% del comercio mundial hoy se efectúa al interior de acuerdos de libre comercio o entre países comprometidos en cronogramas de integración. El nuevo impulso hacia la integración latinoamericana se ha caracterizado por un mayor pragmatismo en comparación a las experiencias anteriores y ha llevado a la superposición de múltiples vías de acción, que incluyen mecanismos formales e informales, procesos multilaterales o bilaterales, esquemas regionales o subregionales, acciones amplias y restringidas. Crecientemente, los proyectos de integración se abocan al desarrollo de la infraestructura física, la utilización de recursos compartidos, la conexión energética, el desarrollo tecnológico, la concertación de intereses y posiciones económicas frente a actores terceros y la adopción de posiciones conjuntas en materia de política exterior.

En una economía globalizada como la actual, el nuevo regionalismo no se opone al multilateralismo que acompaña a la globalización, sino que representa más bien la manera que tienen los Estados-naciones para competir mejor en el mercado mundial. Como bien se ha observado, en el actual contexto "post - Seattle" y de liberalización competitiva es bastante más fácil negociar acuerdos de libre comercio con países vecinos que con la totalidad de los miembros de la Organización Mundial de Comercio.

El "regionalismo global" tiene por motivo central lograr la reinserción de las economías nacionales en la economía mundial, mediante el aprovechamiento de las complementariedades y las ventajas de cercanía geográfica o cultural que poseen las naciones de una misma región. Diversos estudios en América Latina muestran que las exportaciones intraregionales poseen un contenido mayor de tecnología y en consecuencia, tienden a aportar más externalidades a las economías internas. Además la geografía importa mucho pues existen externalidades asociadas a la localización y aglomeración. En este contexto se plantea el dilema de Chile como nación, y el de la mayoría de los países de nuestro hemisferio. Nuestra incorporación al proceso de globalización es inevitable, pero no tenemos los recursos de poder para participar, de la forma que otros lo hacen, en dicho proceso. Representamos el 0,3% del comercio mundial y el multilateralismo todavía sigue siendo muy imperfecto, en la medida en que nos sigue sometiendo a las presiones proteccionistas de muchas economías del mundo. De ahí la necesidad de unificar recursos para enfrentar la globalización.

Insertarnos adecuadamente en la nueva economía, evitando la "brecha digital", plantea tareas de escala considerables que muchas veces trascienden las capacidades de nuestro reducido mercado interno. Por otra parte, como país relativamente pequeño, no podríamos aspirar a influir decisivamente en la agenda multilateral.

En los últimos años hemos avanzado mucho en esta estrategia de asociaciones regionales aplicando una política pragmática de regionalismo abierto en múltiples direcciones. Nuestra concepción regional no se opone a la búsqueda plena de una participación global porque el regionalismo que practicamos no se cierra sobre su propia realidad, sino que busca acumular la fuerza económica y política que le permita a nuestros países una participación más plena en el ámbito global.

Ciertamente, la vía de la regionalización no está exenta de dificultades. Algunas son externas, como las crisis mundiales, que pueden dificultar el avance del proceso de integración. Otras, internas a la región, más asociadas con la tendencia en nuestros países a buscar la integración para obtener beneficios sin estar dispuestos a asumir los costos. Finalmente, están también las dificultades internas, normalmente de carácter coyuntural que a veces hacen perder la perspectiva estratégica en la que deben evaluarse los esfuerzos de integración.

Chile, está decididamente comprometido en este movimiento de regionalismo global, que por ahora incluye el comercio y las inversiones, pero que crecientemente incorpora también los aspectos sociales, políticos y culturales de una verdadera convergencia regional. La perspectiva es ambiciosa, pero es imprescindible para construir un futuro más próspero, libre y justo.
Ricardo Lagos Escobar, Presidente de la república de Chile

 
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