FORO ARGENTINA-EUROPA
EMERCOSUR, tras los pasos de la Unión Europea

Nº2 - noviembre 2000

En el Foro Argentina-Unión Europea celebrado en Buenos Aires organizado por la Fundación Euroamérica, destacadas personalidades europeas y argentinas de la política, las finanzas, las empresas y los medios de comunicación disertaron sobre las "Consecuencias de la globalización en el desarrollo económico, político y social: experiencias en Argentina y la Unión Europea".

Es posible la globalización sin generar mayores diferencias entre los países pobres y los países ricos? ¿qué grado de globalización es necesario para lograr la integración mundial? ¿están respondiendo los organismos mundiales a las exigencias planteadas por la mundialización? ¿es imprescindible la creación de grandes áreas económicas, como la Unión Europea (UE) o Mercosur, para que los países puedan enfrentarse con éxito a los retos de la globalización? ¿sirve el modelo de la UE para el Mercosur?... Para dar respuestas a todas estas preguntas y plantear nuevos interrogantes sobre el nuevo orden internacional emergente se celebró en Buenos Aires el Foro Argentina-Unión Europea, organizado por la Fundacion Euroamérica. Douglas Hurd, exministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido, inició con sus palabras el Foro en la mañana del 3 de julio pasado y al día siguiente lo clausuró con su discurso el presidente de la República Argentina, Fernando de la Rúa. A lo largo de las dos jornadas destacadas personalidades europeas y argentinas de la política, las finanzas, las empresas y los medios de comunicación disertaron sobre el motivo de esta reunión internacional bajo el título "Consecuencias de la globalización en el desarrollo económico, político y social: experiencias en Argentina y la Unión Europea. Medio millar de personas asistieron a las conferencias y mesas redondas que tuvieron lugar en el más amplio salón del nuevo Hotel Hilton de la capital argentina, situado en los remozados muelles de Puerto Madero, convertidos ahora en una nueva área de esparcimiento de la ciudad. Douglas Hurd señaló en la sesión inaugural la necesidad de iniciativas como estas jornadas de Buenos Aires porque, en los tiempos actuales, las distintas sociedades están demandando "una nueva arquitectura", "un nuevo orden del día social" ahora que existe en el mundo un enorme consenso ente las naciones, en su opinión "el más amplio y profundo desde la cristiandad medieval". La oportunidad e importancia de este Foro para el país anfitrión luego resaltadas por el secretario general de la Presidencia de la República Argentina, Jorge de la Rúa, encargado del saludo "fundamentalmente protocolar" a los participantes en el encuentro.

Intervención del ex-ministro del Reino Unido Douglas Hurd, ante Ignacio Ozcáriz, presidente de Recol Networks, Alfredo Llorente, presidente de Enersis y José María Amusátegui, presidente del BSCH.

José Luis Machinea, ministro argentino de Economía, en sus breves palabras durante la ceremonia de apertura, lanzó lo que habría de ser objeto de reflexión en las intervenciones de otros oradores y uno de los principales ejes de debate en el Foro. "Estoy convencido que la globalización no genera más pobreza -dijo-. Por el contrario, creo que es una oportunidad para integrar a nuevos sectores y a nuevos países al circuito de la producción moderna. Sin embargo, lo que sí genera la globalización es la obsolescencia del modelo tradicional del Estado del Bienestar", y todo el mundo -concluyó- tiene "la obligación moral de buscar nuevas formas de protección y de incorporación para los excluidos brindándoles las oportunidades que hoy no tienen". Sobre esta exigencia social para el desarrollo de la globalización se expresó con rotundidad el ex director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Michel Camdessus. Para el orador francés, quien subrayó la necesidad de estabilidad económica y la necesidad de instituciones sólidas como condiciones para el desarrollo y la eliminación de la pobreza, "también esta relación se da en sentido inverso: para que la política de estabilización y de reformas cuenten con el apoyo popular y tengan éxito, toda la población, incluidos los más pobres, deben participar en su adopción y por supuesto en sus beneficios". "Aquí encontramos la posibilidad de un círculo virtuoso: políticas macroeconómicas sanas que crean las condiciones y el espacio para medidas de progreso social que a su vez crean condiciones para un fortalecimiento del marco macroeconómico", concluyó.

Almuerzo en la conferencia de Argentina

La globalización fue unánimemente presentada en este Foro de Buenos Aires como una necesidad impuesta por la interdependencia de las naciones en el mundo moderno, acelerada por la revolución sufrida por las comunicaciones, y que ha dado paso a una nueva forma de entender la economía a escala mundial. Se trata de un reto para todos los países del mundo, pero también de una oportunidad, como señalaron el ministro Machinea, el ex ministro de Finanzas del Reino Unido Nigel Lawson, el vicepresidente argentino Carlos Alvarez, el ex presidente español Felipe González, y otros conferenciantes. "La globalización de mercados, unida a los cambios tecnológicos que se están operando a través de las nuevas tecnologías de la información y de otras están transformando nuestras economías y nos ofrecen oportunidades de crecimiento y de progreso que hasta ahora podían parecer imposibles de alcanzar", explicó el vicepresidente del gobierno español Rodrigo Rato. Pero lo que consumió la mayor parte del tiempo fue la exposición y discusión de "qué se requiere para tener éxitos en la globalización", como se preguntaba el presidente De la Rúa. Responder a esta cuestión consumió buena parte de las intervenciones del Foro, en el que se presentaron diferentes recetas desde los distintos ámbitos allí representados. Hubo acuerdo en la totalidad de conferenciantes en que la primera exigencia para resolver los problemas planteados por la mundialización es que cada país haga bien sus deberes y consiga en un clima de transparencia y de seguridad jurídica, "un marco macroeconómico satisfactorio y un sistema financiero sólido, sin los cuales -en palabras de Michel Camdessus- es imprudente entrar en las aguas turbulentas de la liberalización total". Existe un desequilibrio evidente en esta interdependencia entre las naciones, se subrayó en Buenos Aires, pero el español Felipe González matizó: "no estamos ante la interdependencia imperial de hace un siglo... en esta globalización no hay equipos pequeños que no puedan arruinar o sacar de la competición a los grandes", y recordó a continuación, los efectos en todo el mundo de la crisis de Tailandia. La globalización se presentó en el Foro Argentina-Unión Europea como un instrumento útil para todos pues permite a los diferentes países el acceso a financiación barata, a tipos de interés reducidos, y a mercados de otra forma inaccesibles para algunos, lo que, como explicó el secretario general de Comercio Exterior de España, Francisco Utrera, "sirve de alivio para la carga presupuestaria de los gobiernos, sobre todo de la carga financiera derivada de la deuda, que puede ser utilizada para otros objetivos de interés social o de producción económica". La internacionalización como variable necesaria para adaptar las políticas económicas a un mundo nuevo que se impone vertiginosamente y para ganar competitividad fue destacada también por varios oradores, como el italiano Mario Draghi, director general del Ministerio del Tesoro o el español José Gasset, presidente del Instituto de Crédito Oficial (ICO).

Dentro de este contexto, en el Foro hubo abundantes elogios a los esfuerzos realizados por el gobierno de De la Rúa para ganar la confianza de los inversores externos. El presidente de la Fundación Euroamérica, Tristan Garel-Jones, ex ministro de Asuntos Exteriores Europeos y América Latina del Reino Unido, aseguró ante el presidente de la República que los europeos asistentes al Foro eran "marcadamente más optimistas respecto a las perspectivas futuras de su país que los mismos argentinos". Felipe González recomendó a los argentinos que abandonaran el diván del psicoanalista en el que parecen recostados, pues están a punto de recoger frutos espléndidos de la política actual, en tanto que el financiero español José María Amusátegui, presidente del Banco Santander Central Hispano, trató de despejar los temores de la opinión pública argentina afirmando que el país "tiene unos buenos gobernantes que están haciendo bien el trabajo, se atreven con los problemas y están recibiendo el respaldo social, que también es indispensable". La unanimidad de los participantes se quebró al analizar el papel que debe jugar el Estado en la mundialización. El ex ministro de Finanzas de Francia Dominique Strauss Kahn advirtió que no se puede dejar el proceso a merced del mercado porque "el mercado es imperfecto", por lo que es preciso "inventar nuevas formas de gobierno". "La globalización -dijo- también puede actuar como una fuerza de exclusión" y, en su opinión, "la globalización no va a ser sostenible socialmente ni moralmente aceptable si parte de las ganancias del comercio no se reparten entre quienes sufren de políticas distributivas inapropiadas". "Hay lugar todavía para la intervención gubernamental para aumentar la eficiencia -sentenció el orador francés- y la función del político consiste en encontrar la fórmula correcta que regule las exigencias del mercado con las de los gobiernos y hacer que el sistema sea más perfecto".

Más adelante el ex ministro británico Nigel Lawson calificó de "equivocado" este punto de vista, pues "todos sabemos que los mercados son imperfectos, pero esa no es una razón para la intervención gubernamental que, frecuentemente, es más imperfecta que los propios mercados". Para el ex ministro Lawson lo que se necesita en este momento es "un sistema en el cual los errores que se cometan se reconozcan lo más rápidamente posible y se corrijan cuanto antes. Todos sabemos -concluyó- que los gobiernos son los más reticentes a admitir los errores y los más lentos a la hora de corregirlos". En esta línea, Mario Draghi sugirió que los gobiernos se sometan a auditorías, "como lo haría una empresa", explicó, evaluando los riesgos financieros y económicos que potencialmente podrían golpear la economía del país".

Carlos Ruckauf, gobernador de la provincia de Buenos Aires, Enrique Giménez-Reyna, secretario de Hacienda de España y Herbert Steffen, miembro de la junta directiva de Siemens, Alemania.


"La reflexión sobre si la tarea que están cumpliendo los organismos financieros internacionales es todo lo que deben hacer o si deben hacer algo más" fue planteada en estos términos por el presidente de la República Argentina, Fernando de la Rúa. La necesidad de una nueva arquitectura financiera mundial, de profundas reformas en el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio (OMC) llamó la atención de distintos participantes en las dos jornadas del Foro Argentina-Unión Europea. El ministro de Economía de Argentina, José Luis Machinea, presentaba esta necesidad preguntándose qué pueden hacer los países emergentes, "los no graduados, pero que están haciendo bien los deberes" en palabras suyas, para defenderse del contagio de crisis generadas en países menos eficientes. Michel Camdessus, que fue director gerente del FMI, indicó que, "puesto que la globalización ha operado siguiendo los caprichos de unas fuerzas finacieras y tecnológicas más o menos autónomas, ya es tiempo de que asumamos estas responsabilidades", y demandó a continuación "instituciones que faciliten la reflexión conjunta de los niveles más elevados cuando haga falta y que tengan la capacidad de velar para que se adopten y se apliquen estrategias globalizadas cuando los problemas sólo pueden resolverse con eficacia a escala mundial". Camdessus recordó sus propuestas para reemplazar las cumbres del G-7 por una reunión cada dos años de los jefes de Estado y de gobierno de los 24 países representados en los directorios ejecutivos del FMI y del Banco Mundial junto con las autoridades máximas de estos organismos y del secretario general de las Naciones Unidas, con el fin de lograr la necesaria coordinación al más alto nivel de todos los organismos que pueden "dominar la globalización", términos empleados por el ex ministro de finanzas francés Dominique Strauss Kahn. Una de las respuestas más realistas que tiene a su alcance los países para hacer frente a la mundialización es la creación de áreas económicas regionales, de bloques que sirven a las naciones asociadas para aproximarse a ese proceso más amplio y más importante de la globalización. La regionalización, sus distintos modelos, la comparación entre unos y otros y las relaciones entre países y organismos regionales fue el otro gran tema de debate en Buenos Aires.

En el Foro Argentina-Unión Europea hubo acuerdo general a la hora de considerar la regionalización como un camino más fácil para acceder con fluidez a la globalización, pues al crearse un mercado más amplio crece la presión competitiva dentro de su área obligando a las empresas a la racionalización de su producción y mejoran su competitividad en el mercado mundial. Pero "la otra cara de estas comunidades económicas es que siempre conllevan un cierto grado de proteccionismo", como señaló Frank K. Westermann, director general y miembro del consejo de Ibero-Amerika Verein, fundación que fomenta los intercambios de todo tipo entre Alemania y América Latina. Unas veces puede ser un arancel común frente a terceros, otras, diferentes tipos de barreras tarifarias o cupos a la importación de determinados productos de otros países. En este sentido, los asistentes europeos pudieron oír abundantes referencias a las prácticas restrictivas de la UE a los productos agrícolas latinoamericanos, "América Latina ha dejado atrás décadas de proteccionismo y en la transición hacia un régimen de mayor libertad de comercio ha pagado un costo social importante -dijo el ministro argentino Machinea-. Es imperioso si se quiere evitar el desaliento colectivo y el resurgimiento de propuestas reaccionarias que todos apliquemos políticas similares y tengamos conductas equivalentes. No puede haber en esto asimetrías. El proteccionismo agrícola en el seno de la Unión Europea y también en otros países desarrollados es un ejemplo de la práctica que es necesario remover", concluyó. Douglas Hurd, después de recordar como había caído abruptamente el comercio de México con la UE tras la entrada de este país en el Tratado de Libre Comercio (TLC), reconoció la contradicción que representa "venir a conferencias como ésta, asistir a reuniones bilaterales entre países y gobiernos europeos y del Mercosur y hablar largamente y con elocuencia acerca de nuestro vínculos políticos y culturales y las grandes perspectivas que nos aguardan y, al mismo tiempo, negarnos a adquirir los bienes agrícolas que Mercosur nos quiere vender". "Podemos hacer una cosa o la otra -añadió Hurd-, pero si seguimos creando una un fortaleza europea en el sector agrícola no deberíamos sorprendernos que suceda lo que ocurrió con México y que sea esa la opción de algunos otros países latinoamericanos". En la línea de los europeos partidarios de la máxima apertura de la UE hacia la América hispana se sitúo Frank K. Westermann , quien aportó evaluaciones de expertos de que las exportaciones de esta región hacia la Unión Europea podrían aumentar en un tercio si se liberalizara el comercio de estos productos. "Resulta impensable a largo plazo un aumento de las exportaciones europeas hacia América Latina -dijo- sin un aumento de las importaciones provenientes de la región latinoamericana. El vicepresidente español, Rodrigo Rato, sin embargo, recordó que "cuando en 1993 se produce el Tratado de Maastricht y la definición de las nuevas condiciones de la unión económica y monetaria en Europa, aparecieron entonces en muchos lugares del mundo perspicacias que pretendían ver en el movimiento de integración europea la construcción de lo que entonces se llamaba 'la fortaleza de Europa'. Nada más lejos de la realidad -dijo Rato-. El proceso de integración europeo y la construcción de la tercera fase de la unión, la aparición del euro, han supuesto un instrumento no sólo de integración europea, sino un instrumento útil desde el punto de vista de la política mundial".

La Europa unida como modelo, mereció la atención de los oradores latinoamericanos, desde el presidente argentino De la Rúa -"seguimos su ejemplo para fortalecer la integración latinoamericana, donde el eje principal está en Mercosur", dijo- a sus ministros y los representantes de los gobiernos locales y periodistas allí presentes. Un modelo que atraviesa momentos cruciales. En Europa globalización y descentralización no son dos términos antagónicos, como señaló el español Enrique Giménez-Reyna, secretario de Estado de Hacienda: "en España, dijo, nos hemos descentralizado regionalmente y nos hemos integrado en una unidad supranacional". Pero los problemas de la UE siguen porque el Estado no se ha diluido automáticamente en el proceso de integración y la Unión ha de hacer frente a retos trascendentales simultáneos, como el euroescepticismo de unos y la ampliación a treinta miembros, como subrayó Carlos Bastarreche, secretario general del Ministerios de Asuntos Exteriores de España. "Vamos a entrar en una fase absolutamente fundamental -explicó Bastarreche- y se van a tomar decisiones políticas y no quedarse como hasta ahora en negociaciones opacas". "Se va a producir un salto en todos los campos, no sólo en el económico, sino también en el de seguridad y defensa, también en los asuntos legales y además se va a producir un freno que irrita, sorprende y molesta, pero creo que está ahí, que es la diferenciación dentro del proceso de integración europea" dijo refiriéndose a la llamada 'Europa de las dos velocidades'.

¿Puede servir la UE de modelo a Mercosur? Fue otro de los interrogantes planteados en el Foro y que suscitó la atención de los asistentes. Para todos Mercosur es algo imprescindible para el desarrollo de los países que lo integran y de los que están Ilamado a sus puertas. "Mercosur no es un capricho ni un invento (Felipe González); "es un espacio estratégico para Argentina realmente importante, relevante no sólo en lo que implica ampliar mercados, etcétera, sino además porque el Mercosur nos permite una mayor capacidad de negociación en el escenario internacional" (José Luis Machinea). Para Carlos Solchaga, ex ministro de Economía y Hacienda de España, se trata de "un proyecto inteligente, factible, realizable y deseable para todos los países que lo implican". Para este orador, estos dos espacios económicos regionales responden a motivaciones diferentes y es fácil prever que ambos procesos han de seguir diferentes pasos y cumplir diferentes plazos. "La Unión Europea nunca ha sido exclusivamente un proyecto económico -aseguró Solchaga-, ha sido fundamentalmente un proyecto político dictado por las necesidades políticas de un continente que venía desangrándose desde la segunda mitad del siglo XIX" en terribles guerras. Aunque detrás de Mercosur está la motivación política de aumentar la cooperación entre países limítrofes, con una cultura y una lengua comunes en la mayoría de los casos, pero que vivían de espaldas unos a otros, como lo demuestra el bajo nivel de intercambios comerciales y de relaciones, la ausencia de conflictos no ha generado una necesidad política tan perentoria como en el caso de Europa, según explicó el ex ministro español. Otra de las diferencias que exigirán caminos y tiempos diferentes es que "la Europa de los 50 era una zona en la que los países que constituían la Comunidad Económica tenían una mayor homogeneidad en cuanto a niveles de desarrollo, estructuras productivas y formas culturales que las que quizás se pueden apreciar entre los países de Mercosur", explicó Carlos Solchaga, quien resaltó también que, desde la Edad Media, la relaciones entre los distintos estados europeos había sido vivas e intensas. "En Europa -dijo- el proceso de integración comercial no interfería no tenía choques con posibles reformas estructurales, lo que no es el caso cuando uno piensa en Mercosur".

A pesar de estas diferencias, el Foro Argentina-Unión Europea sirvió para que los gobernantes argentinos expusieran su firme voluntad de acelerar el proceso de confluencia regional que, en su opinión, está muy atrasado y al que hay que "imprimirle mayor velocidad aun a riesgo de cometer algunos errores", en palabras de su ministro de Economía. "Mercosur languidecía a fines del año pasado ganado por la crisis y la desconfianza que generaron las puras cuestiones aduaneras sobre determinados productos -explicó en la sesión de clausura el presidente de la República, Fernando de la Rúa, al comentar la reunión mantenida en Buenos Aires por los ministros de Economía y los presidentes de los Bancos Centrales de los países del Mercosur el fin de semana anterior a la celebración del Foro, con el propósito de analizar las diferencias y potenciar las coincidencias macroeconómicas que, prometió el presidente De la Rúa, "permitirán la integración completa y llegar incluso a una moneda común".
Fernando de la Rúa, Presidente de la República Argentina

 
Dominique Strauss Kahn, ex ministro de Finanzas de Francia

 
Michel Camdessus. Ex director gerente del Fondo Monetario Internacional.

 
José Luis Machinea. Ministro de Economía de Argentina

 
Felipe González Ex presidente del gobierno de España.

 
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