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FORO ARGENTINA-EUROPA
EMERCOSUR, tras los pasos de la Unión Europea
En el Foro Argentina-Unión Europea celebrado en Buenos Aires
organizado por la Fundación Euroamérica, destacadas personalidades
europeas y argentinas de la política, las finanzas, las
empresas y los medios de comunicación disertaron sobre las
"Consecuencias de la globalización en el desarrollo económico,
político y social: experiencias en Argentina y la Unión
Europea".
Es posible la globalización sin generar mayores diferencias
entre los países pobres y los países ricos? ¿qué grado de
globalización es necesario para lograr la integración mundial?
¿están respondiendo los organismos mundiales a las exigencias
planteadas por la mundialización? ¿es imprescindible la
creación de grandes áreas económicas, como la Unión Europea
(UE) o Mercosur, para que los países puedan enfrentarse
con éxito a los retos de la globalización? ¿sirve el modelo
de la UE para el Mercosur?... Para dar respuestas a todas
estas preguntas y plantear nuevos interrogantes sobre el
nuevo orden internacional emergente se celebró en Buenos
Aires el Foro Argentina-Unión Europea, organizado por la
Fundacion Euroamérica. Douglas Hurd, exministro de Asuntos
Exteriores del Reino Unido, inició con sus palabras el Foro
en la mañana del 3 de julio pasado y al día siguiente lo
clausuró con su discurso el presidente de la República Argentina,
Fernando de la Rúa. A lo largo de las dos jornadas destacadas
personalidades europeas y argentinas de la política, las
finanzas, las empresas y los medios de comunicación disertaron
sobre el motivo de esta reunión internacional bajo el título
"Consecuencias de la globalización en el desarrollo económico,
político y social: experiencias en Argentina y la Unión
Europea. Medio millar de personas asistieron a las conferencias
y mesas redondas que tuvieron lugar en el más amplio salón
del nuevo Hotel Hilton de la capital argentina, situado
en los remozados muelles de Puerto Madero, convertidos ahora
en una nueva área de esparcimiento de la ciudad. Douglas
Hurd señaló en la sesión inaugural la necesidad de iniciativas
como estas jornadas de Buenos Aires porque, en los tiempos
actuales, las distintas sociedades están demandando "una
nueva arquitectura", "un nuevo orden del día social" ahora
que existe en el mundo un enorme consenso ente las naciones,
en su opinión "el más amplio y profundo desde la cristiandad
medieval". La oportunidad e importancia de este Foro para
el país anfitrión luego resaltadas por el secretario general
de la Presidencia de la República Argentina, Jorge de la
Rúa, encargado del saludo "fundamentalmente protocolar"
a los participantes en el encuentro.
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| Intervención del ex-ministro del Reino Unido
Douglas Hurd, ante Ignacio Ozcáriz, presidente
de Recol Networks, Alfredo Llorente, presidente
de Enersis y José María Amusátegui, presidente
del BSCH. |
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José Luis Machinea, ministro argentino de Economía, en sus
breves palabras durante la ceremonia de apertura, lanzó
lo que habría de ser objeto de reflexión en las intervenciones
de otros oradores y uno de los principales ejes de debate
en el Foro. "Estoy convencido que la globalización no genera
más pobreza -dijo-. Por el contrario, creo que es una oportunidad
para integrar a nuevos sectores y a nuevos países al circuito
de la producción moderna. Sin embargo, lo que sí genera
la globalización es la obsolescencia del modelo tradicional
del Estado del Bienestar", y todo el mundo -concluyó- tiene
"la obligación moral de buscar nuevas formas de protección
y de incorporación para los excluidos brindándoles las oportunidades
que hoy no tienen". Sobre esta exigencia social para el
desarrollo de la globalización se expresó con rotundidad
el ex director gerente del Fondo Monetario Internacional
(FMI), Michel Camdessus. Para el orador francés, quien subrayó
la necesidad de estabilidad económica y la necesidad de
instituciones sólidas como condiciones para el desarrollo
y la eliminación de la pobreza, "también esta relación se
da en sentido inverso: para que la política de estabilización
y de reformas cuenten con el apoyo popular y tengan éxito,
toda la población, incluidos los más pobres, deben participar
en su adopción y por supuesto en sus beneficios". "Aquí
encontramos la posibilidad de un círculo virtuoso: políticas
macroeconómicas sanas que crean las condiciones y el espacio
para medidas de progreso social que a su vez crean condiciones
para un fortalecimiento del marco macroeconómico", concluyó.
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| Almuerzo en la conferencia de Argentina |
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La globalización fue unánimemente presentada en este Foro
de Buenos Aires como una necesidad impuesta por la interdependencia
de las naciones en el mundo moderno, acelerada por la revolución
sufrida por las comunicaciones, y que ha dado paso a una
nueva forma de entender la economía a escala mundial. Se
trata de un reto para todos los países del mundo, pero también
de una oportunidad, como señalaron el ministro Machinea,
el ex ministro de Finanzas del Reino Unido Nigel Lawson,
el vicepresidente argentino Carlos Alvarez, el ex presidente
español Felipe González, y otros conferenciantes. "La globalización
de mercados, unida a los cambios tecnológicos que se están
operando a través de las nuevas tecnologías de la información
y de otras están transformando nuestras economías y nos
ofrecen oportunidades de crecimiento y de progreso que hasta
ahora podían parecer imposibles de alcanzar", explicó el
vicepresidente del gobierno español Rodrigo Rato. Pero lo
que consumió la mayor parte del tiempo fue la exposición
y discusión de "qué se requiere para tener éxitos en la
globalización", como se preguntaba el presidente De la Rúa.
Responder a esta cuestión consumió buena parte de las intervenciones
del Foro, en el que se presentaron diferentes recetas desde
los distintos ámbitos allí representados. Hubo acuerdo en
la totalidad de conferenciantes en que la primera exigencia
para resolver los problemas planteados por la mundialización
es que cada país haga bien sus deberes y consiga en un clima
de transparencia y de seguridad jurídica, "un marco macroeconómico
satisfactorio y un sistema financiero sólido, sin los cuales
-en palabras de Michel Camdessus- es imprudente entrar en
las aguas turbulentas de la liberalización total". Existe
un desequilibrio evidente en esta interdependencia entre
las naciones, se subrayó en Buenos Aires, pero el español
Felipe González matizó: "no estamos ante la interdependencia
imperial de hace un siglo... en esta globalización no hay
equipos pequeños que no puedan arruinar o sacar de la competición
a los grandes", y recordó a continuación, los efectos en
todo el mundo de la crisis de Tailandia. La globalización
se presentó en el Foro Argentina-Unión Europea como un instrumento
útil para todos pues permite a los diferentes países el
acceso a financiación barata, a tipos de interés reducidos,
y a mercados de otra forma inaccesibles para algunos, lo
que, como explicó el secretario general de Comercio Exterior
de España, Francisco Utrera, "sirve de alivio para la carga
presupuestaria de los gobiernos, sobre todo de la carga
financiera derivada de la deuda, que puede ser utilizada
para otros objetivos de interés social o de producción económica".
La internacionalización como variable necesaria para adaptar
las políticas económicas a un mundo nuevo que se impone
vertiginosamente y para ganar competitividad fue destacada
también por varios oradores, como el italiano Mario Draghi,
director general del Ministerio del Tesoro o el español
José Gasset, presidente del Instituto de Crédito Oficial
(ICO).
Dentro de este contexto, en el Foro hubo abundantes elogios
a los esfuerzos realizados por el gobierno de De la Rúa
para ganar la confianza de los inversores externos. El presidente
de la Fundación Euroamérica, Tristan Garel-Jones, ex ministro
de Asuntos Exteriores Europeos y América Latina del Reino
Unido, aseguró ante el presidente de la República que los
europeos asistentes al Foro eran "marcadamente más optimistas
respecto a las perspectivas futuras de su país que los mismos
argentinos". Felipe González recomendó a los argentinos
que abandonaran el diván del psicoanalista en el que parecen
recostados, pues están a punto de recoger frutos espléndidos
de la política actual, en tanto que el financiero español
José María Amusátegui, presidente del Banco Santander Central
Hispano, trató de despejar los temores de la opinión pública
argentina afirmando que el país "tiene unos buenos gobernantes
que están haciendo bien el trabajo, se atreven con los problemas
y están recibiendo el respaldo social, que también es indispensable".
La unanimidad de los participantes se quebró al analizar
el papel que debe jugar el Estado en la mundialización.
El ex ministro de Finanzas de Francia Dominique Strauss
Kahn advirtió que no se puede dejar el proceso a merced
del mercado porque "el mercado es imperfecto", por lo que
es preciso "inventar nuevas formas de gobierno". "La globalización
-dijo- también puede actuar como una fuerza de exclusión"
y, en su opinión, "la globalización no va a ser sostenible
socialmente ni moralmente aceptable si parte de las ganancias
del comercio no se reparten entre quienes sufren de políticas
distributivas inapropiadas". "Hay lugar todavía para la
intervención gubernamental para aumentar la eficiencia -sentenció
el orador francés- y la función del político consiste en
encontrar la fórmula correcta que regule las exigencias
del mercado con las de los gobiernos y hacer que el sistema
sea más perfecto".
Más adelante el ex ministro británico Nigel Lawson calificó
de "equivocado" este punto de vista, pues "todos sabemos
que los mercados son imperfectos, pero esa no es una razón
para la intervención gubernamental que, frecuentemente,
es más imperfecta que los propios mercados". Para el ex
ministro Lawson lo que se necesita en este momento es "un
sistema en el cual los errores que se cometan se reconozcan
lo más rápidamente posible y se corrijan cuanto antes. Todos
sabemos -concluyó- que los gobiernos son los más reticentes
a admitir los errores y los más lentos a la hora de corregirlos".
En esta línea, Mario Draghi sugirió que los gobiernos se
sometan a auditorías, "como lo haría una empresa", explicó,
evaluando los riesgos financieros y económicos que potencialmente
podrían golpear la economía del país".
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| Carlos Ruckauf, gobernador de la provincia
de Buenos Aires, Enrique Giménez-Reyna,
secretario de Hacienda de España y Herbert
Steffen, miembro de la junta directiva de Siemens,
Alemania. |
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"La reflexión sobre si la tarea que están cumpliendo los
organismos financieros internacionales es todo lo que deben
hacer o si deben hacer algo más" fue planteada en estos
términos por el presidente de la República Argentina, Fernando
de la Rúa. La necesidad de una nueva arquitectura financiera
mundial, de profundas reformas en el Fondo Monetario Internacional
(FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio
(OMC) llamó la atención de distintos participantes en las
dos jornadas del Foro Argentina-Unión Europea. El ministro
de Economía de Argentina, José Luis Machinea, presentaba
esta necesidad preguntándose qué pueden hacer los países
emergentes, "los no graduados, pero que están haciendo bien
los deberes" en palabras suyas, para defenderse del contagio
de crisis generadas en países menos eficientes. Michel Camdessus,
que fue director gerente del FMI, indicó que, "puesto que
la globalización ha operado siguiendo los caprichos de unas
fuerzas finacieras y tecnológicas más o menos autónomas,
ya es tiempo de que asumamos estas responsabilidades", y
demandó a continuación "instituciones que faciliten la reflexión
conjunta de los niveles más elevados cuando haga falta y
que tengan la capacidad de velar para que se adopten y se
apliquen estrategias globalizadas cuando los problemas sólo
pueden resolverse con eficacia a escala mundial". Camdessus
recordó sus propuestas para reemplazar las cumbres del G-7
por una reunión cada dos años de los jefes de Estado y de
gobierno de los 24 países representados en los directorios
ejecutivos del FMI y del Banco Mundial junto con las autoridades
máximas de estos organismos y del secretario general de
las Naciones Unidas, con el fin de lograr la necesaria coordinación
al más alto nivel de todos los organismos que pueden "dominar
la globalización", términos empleados por el ex ministro
de finanzas francés Dominique Strauss Kahn. Una de las respuestas
más realistas que tiene a su alcance los países para hacer
frente a la mundialización es la creación de áreas económicas
regionales, de bloques que sirven a las naciones asociadas
para aproximarse a ese proceso más amplio y más importante
de la globalización. La regionalización, sus distintos modelos,
la comparación entre unos y otros y las relaciones entre
países y organismos regionales fue el otro gran tema de
debate en Buenos Aires.
En el Foro Argentina-Unión Europea hubo acuerdo general
a la hora de considerar la regionalización como un camino
más fácil para acceder con fluidez a la globalización, pues
al crearse un mercado más amplio crece la presión competitiva
dentro de su área obligando a las empresas a la racionalización
de su producción y mejoran su competitividad en el mercado
mundial. Pero "la otra cara de estas comunidades económicas
es que siempre conllevan un cierto grado de proteccionismo",
como señaló Frank K. Westermann, director general y miembro
del consejo de Ibero-Amerika Verein, fundación que fomenta
los intercambios de todo tipo entre Alemania y América Latina.
Unas veces puede ser un arancel común frente a terceros,
otras, diferentes tipos de barreras tarifarias o cupos a
la importación de determinados productos de otros países.
En este sentido, los asistentes europeos pudieron oír abundantes
referencias a las prácticas restrictivas de la UE a los
productos agrícolas latinoamericanos, "América Latina ha
dejado atrás décadas de proteccionismo y en la transición
hacia un régimen de mayor libertad de comercio ha pagado
un costo social importante -dijo el ministro argentino Machinea-.
Es imperioso si se quiere evitar el desaliento colectivo
y el resurgimiento de propuestas reaccionarias que todos
apliquemos políticas similares y tengamos conductas equivalentes.
No puede haber en esto asimetrías. El proteccionismo agrícola
en el seno de la Unión Europea y también en otros países
desarrollados es un ejemplo de la práctica que es necesario
remover", concluyó. Douglas Hurd, después de recordar como
había caído abruptamente el comercio de México con la UE
tras la entrada de este país en el Tratado de Libre Comercio
(TLC), reconoció la contradicción que representa "venir
a conferencias como ésta, asistir a reuniones bilaterales
entre países y gobiernos europeos y del Mercosur y hablar
largamente y con elocuencia acerca de nuestro vínculos políticos
y culturales y las grandes perspectivas que nos aguardan
y, al mismo tiempo, negarnos a adquirir los bienes agrícolas
que Mercosur nos quiere vender". "Podemos hacer una cosa
o la otra -añadió Hurd-, pero si seguimos creando una un
fortaleza europea en el sector agrícola no deberíamos sorprendernos
que suceda lo que ocurrió con México y que sea esa la opción
de algunos otros países latinoamericanos". En la línea de
los europeos partidarios de la máxima apertura de la UE
hacia la América hispana se sitúo Frank K. Westermann ,
quien aportó evaluaciones de expertos de que las exportaciones
de esta región hacia la Unión Europea podrían aumentar en
un tercio si se liberalizara el comercio de estos productos.
"Resulta impensable a largo plazo un aumento de las exportaciones
europeas hacia América Latina -dijo- sin un aumento de las
importaciones provenientes de la región latinoamericana.
El vicepresidente español, Rodrigo Rato, sin embargo, recordó
que "cuando en 1993 se produce el Tratado de Maastricht
y la definición de las nuevas condiciones de la unión económica
y monetaria en Europa, aparecieron entonces en muchos lugares
del mundo perspicacias que pretendían ver en el movimiento
de integración europea la construcción de lo que entonces
se llamaba 'la fortaleza de Europa'. Nada más lejos de la
realidad -dijo Rato-. El proceso de integración europeo
y la construcción de la tercera fase de la unión, la aparición
del euro, han supuesto un instrumento no sólo de integración
europea, sino un instrumento útil desde el punto de vista
de la política mundial".
La Europa unida como modelo, mereció la atención de los
oradores latinoamericanos, desde el presidente argentino
De la Rúa -"seguimos su ejemplo para fortalecer la integración
latinoamericana, donde el eje principal está en Mercosur",
dijo- a sus ministros y los representantes de los gobiernos
locales y periodistas allí presentes. Un modelo que atraviesa
momentos cruciales. En Europa globalización y descentralización
no son dos términos antagónicos, como señaló el español
Enrique Giménez-Reyna, secretario de Estado de Hacienda:
"en España, dijo, nos hemos descentralizado regionalmente
y nos hemos integrado en una unidad supranacional". Pero
los problemas de la UE siguen porque el Estado no se ha
diluido automáticamente en el proceso de integración y la
Unión ha de hacer frente a retos trascendentales simultáneos,
como el euroescepticismo de unos y la ampliación a treinta
miembros, como subrayó Carlos Bastarreche, secretario general
del Ministerios de Asuntos Exteriores de España. "Vamos
a entrar en una fase absolutamente fundamental -explicó
Bastarreche- y se van a tomar decisiones políticas y no
quedarse como hasta ahora en negociaciones opacas". "Se
va a producir un salto en todos los campos, no sólo en el
económico, sino también en el de seguridad y defensa, también
en los asuntos legales y además se va a producir un freno
que irrita, sorprende y molesta, pero creo que está ahí,
que es la diferenciación dentro del proceso de integración
europea" dijo refiriéndose a la llamada 'Europa de las dos
velocidades'.
¿Puede servir la UE de modelo a Mercosur? Fue otro de los
interrogantes planteados en el Foro y que suscitó la atención
de los asistentes. Para todos Mercosur es algo imprescindible
para el desarrollo de los países que lo integran y de los
que están Ilamado a sus puertas. "Mercosur no es un capricho
ni un invento (Felipe González); "es un espacio estratégico
para Argentina realmente importante, relevante no sólo en
lo que implica ampliar mercados, etcétera, sino además porque
el Mercosur nos permite una mayor capacidad de negociación
en el escenario internacional" (José Luis Machinea). Para
Carlos Solchaga, ex ministro de Economía y Hacienda de España,
se trata de "un proyecto inteligente, factible, realizable
y deseable para todos los países que lo implican". Para
este orador, estos dos espacios económicos regionales responden
a motivaciones diferentes y es fácil prever que ambos procesos
han de seguir diferentes pasos y cumplir diferentes plazos.
"La Unión Europea nunca ha sido exclusivamente un proyecto
económico -aseguró Solchaga-, ha sido fundamentalmente un
proyecto político dictado por las necesidades políticas
de un continente que venía desangrándose desde la segunda
mitad del siglo XIX" en terribles guerras. Aunque detrás
de Mercosur está la motivación política de aumentar la cooperación
entre países limítrofes, con una cultura y una lengua comunes
en la mayoría de los casos, pero que vivían de espaldas
unos a otros, como lo demuestra el bajo nivel de intercambios
comerciales y de relaciones, la ausencia de conflictos no
ha generado una necesidad política tan perentoria como en
el caso de Europa, según explicó el ex ministro español.
Otra de las diferencias que exigirán caminos y tiempos diferentes
es que "la Europa de los 50 era una zona en la que los países
que constituían la Comunidad Económica tenían una mayor
homogeneidad en cuanto a niveles de desarrollo, estructuras
productivas y formas culturales que las que quizás se pueden
apreciar entre los países de Mercosur", explicó Carlos Solchaga,
quien resaltó también que, desde la Edad Media, la relaciones
entre los distintos estados europeos había sido vivas e
intensas. "En Europa -dijo- el proceso de integración comercial
no interfería no tenía choques con posibles reformas estructurales,
lo que no es el caso cuando uno piensa en Mercosur".
A pesar de estas diferencias, el Foro Argentina-Unión Europea
sirvió para que los gobernantes argentinos expusieran su
firme voluntad de acelerar el proceso de confluencia regional
que, en su opinión, está muy atrasado y al que hay que "imprimirle
mayor velocidad aun a riesgo de cometer algunos errores",
en palabras de su ministro de Economía. "Mercosur languidecía
a fines del año pasado ganado por la crisis y la desconfianza
que generaron las puras cuestiones aduaneras sobre determinados
productos -explicó en la sesión de clausura el presidente
de la República, Fernando de la Rúa, al comentar la reunión
mantenida en Buenos Aires por los ministros de Economía
y los presidentes de los Bancos Centrales de los países
del Mercosur el fin de semana anterior a la celebración
del Foro, con el propósito de analizar las diferencias y
potenciar las coincidencias macroeconómicas que, prometió
el presidente De la Rúa, "permitirán la integración completa
y llegar incluso a una moneda común".
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