Alain Barrau: Presidente de la Delegación ante la Unión Europea de la Asamblea Nacional de Francia
"Estamos construyendo algo mas que un
acuerdo comercial"

Nº1 - junio 2000

De la conferencia pronunciada en Sáo Pau (Brasil) en el encuentro "UE - BRASIL: Realidades y expectativas de una relación transatlántica" en diciembre de 1999.

Unión Europea y Mercosur, ¿matrimonio o unión libre? Las relaciones entre estas dos entidades se han desarrollado con fuerza durante estos dos últimos años, tanto en el plano económico como en el plano político. Sin embargo, después de este feliz periodo de unión libre podríamos preguntarnos si sería conveniente examinar si las cuestiones del matrimonio y sus diversos contenciosos no podrían deshacer estos lazos o incluso acabar con la fórmula actual. Personalmente yo estoy a favor de elaborar un contrato razonable de matrimonio en toda regla y me concongratulo de que la cumbre de Río haya permitido de alguna manera que yo publique esta opinión, pero en el marco de¡ debate me parece interesante recordar el fundamento de las preguntas preferentes. Existe un interés nuevo en la UE por Mercosur así como por el conjunto de toda América Latina; este interés se remonta a principios de los años 90 y tiene como origen la democratización de los regímenes Latinoamericanos y la entrada de España y Portugal en la CEE. Por otra parte la UE diversifica sus relaciones hacia el Este, hacia los países del Mediterráneo y el Sudeste de Asia. Europa dialogó con el grupo de Río después de la declaración de Roma del 20 de Diciembre de 1990. En 1994 la Comisión Europea propuso una estrategia en dos fases: La conclusión de un acuerdo marco interregional firmado en el 95 y la preparación de un acuerdo de asociación. En este momento estamos en esa segunda fase, que yo espero que conlleve a una estrecha unión entre los otros dos.

Empezaré por una presentación de Mercosur visto desde Europa y después evocaré las razones por las que es conveniente pasar a un tipo de relación mas estructurada. Visto desde Europa, Mercosur dispone de un potencia¡ económico importante y su estructura parece 'Sólida. A pesar de sus debilidades parece que podrá superar la crisis financiera resultante de la crisis Asiática. Sus relaciones con la UE son ya en este momento densas y fructíferas. Incluidos los miembros asociados, Mercosur representa cerca del 65 por ciento del PIB de América Latina y cuenta con más de 220 millones de habitantes. Los países que lo componen alcanzan un crecimiento fuerte, incluso aunque este crecimiento haya sido menor que el previsto después de las crisis financieras del 97 y 98. Su apertura al comercio mundial en la década de los 90 permitió constituir un importante mercado para las industrias europeas. En términos de PIB, Mercosur es hoy en día la cuarta unión comercial del mundo. Mercosur es ya desde ahora una estructura sólida. Instituido en el Tratado de Asunción en el año 91, tiene una tarifa exterior común para el 95 por ciento de los productos, con las notables excepciones de la informática y las telecomunicaciones. Ha liberalizado el comercio intra zona] para un 90 por ciento de productos de intercambio, con regímenes especiales para el automóvil y el azúcar. Durante la Cumbre de Montevideo los Estados miembros decidieron fomentar el libre intercambio de servicios en un plazo máximo de diez años. Es un punto de atracción para los países vecinos, Chile y Bolivia se hicieron miembros asociados en el 96 y 97. Mercosur firmó un acuerdo de libre mercado con la comunidad andina en el 99. Su vocación es desarrollar políticas comunes y se plantea la creación de una moneda única. Sin duda Mercosur presenta todavía algunas debilidades: La crisis monetaria brasileña, provocada por la crisis asiática y rusa, despertó las tensiones proteccionistas y desveló sus debilidades institucionales. Mercosur se apoya sobre una estructura poco institucionalizada y en una forma de decisión basada en el consenso. En la práctica los litigios alcanzan los más altos niveles políticos. El sector del automóvil en el 95, por ejemplo o mas recientemente la crisis entre Brasil y Argentina de este verano. Como consecuencia de la devaluación del real, Argentina había aumentado algunos derechos aduaneros lo que llegó a poner en peligro el desarrollo e impulso de Mercosur. Sin embargo Brasil y Argentina superaron esta crisis, lo que demuestra una voluntad política común de integración. Estas relaciones entre la UE y Mercosur han producido ya efectos importantes: la UE es el primer socio económico de Mercosur, su primer suministrador y su primer cliente por delante de los EE.UU. Las importaciones de Mercosur han aumentado enormemente durante la década de los 90, mientras que desgraciadamente las exportaciones se han mantenido bajas. La consecuencia ha sido la aparición de un gran déficit comercial con el resto del mundo y correlativamente un gran excedente comercial para la U E. A favor de la apertura económica decidida al principio de la década, la UE se convirtió en el primer inversor de Mercosur en términos de flujo, aunque los EE.UU continuaban dominando en términos de Stock. Los EE.UU mantenían el 36 por ciento del Stock total y la UE solo el 30 por ciento. La UE se convirtió en el primer inversor de ayuda pública al desarrollo en el conjunto de los países de América Latina y el Caribe (casi 3 mil millones de dólares de media anual durante los años 96 y 97). Cuando esta ayuda se concentró en los países andinos y centroamericanos, mas subdesarrollados que los anteriores, los países de Mercosur y de Chile no recibieron mas que el 1 0 por ciento de los fondos comunitarios.

Estas evoluciones económicas confirman las profundas afinidades nacidas de la historia: los ideales de la revolución francesa, la cultura latina, la legislación cercana al conjunto del derecho europeo, etc. Las dos zonas también convergen en su acercamiento a las cuestiones sociales. El compartir la preocupación por la mundialización de los intercambios no solo conlleva, pura y simplemente, a alcanzar un principio de justicia social y solidaridad sino, a ser también solidarios en la lucha contra la pobreza que continúa siendo una prioridad. Esta convergencia puede encontrarse con el rechazo del todo poderoso mercado del neoliberalismo del modelo americano.

Más allá de la conquista de las cotas de mercado, se trataría de defender en conjunto una visión del mundo que no es exactamente la de nuestros vecinos y amigos americanos, que desearían difundir por todo el planeta su propio modelo.

Estas constataciones son esperanzadoras. Sin embargo los europeos nos confundiríamos si creyéramos que el "status quo" nos permitirá mantener las relaciones en este nivel. Existen fuertes divergencias entre la UE y Mercosur (ya lo saben ustedes) en el sector de los intercambios agrícolas. Sin embargo, y esta será mi conclusión, estas dificultades no deberían ser un obstáculo en la negociación de un acuerdo de asociación duradero. Al principio, los europeos no podían abstraerse de algunas realidades y se 1 imitaban a obtener beneficios de esta reciente relación. En primer lugar nada garantiza que los buenos resultados registrados en el plano comercial se perpetúen. Mercosur corre el riesgo de adherirse al proyecto americano que creará, en el 2005, una zona de libre intercambio que cubra el conjunto de¡ continente Americano denominada ALCA. Pero el único plan económico de integración de México a la TLC (Tratado de Libre Comercio) tuvo consecuencias muy negativas en los niveles de intercambio entre la UE y México. La UE perdió la mitad de su cuota de mercado en dos años. Este precedente debe animar a los europeos a avanzar en su relación con Mercosur porque el "status quo" no puede conducir mas que a un retroceso. Existen divergencias entre la UE y Mercosur, no se deben negar. En efecto, en diferentes aspectos de negociaciones comerciales que conciernen por ejemplo a la agricultura, el textil, la propiedad intelectual, el medio ambiente, y puede haber divergencias en el seno de la Organización Mundial de] Comercio. Los países de Mercosur son grandes potencias agrícolas; algunas de sus producciones son competencia directa de algunas europeas. Su exportación agrícola hacia la Comunidad Europea representa alrededor de un 52 por ciento de toda su exportación agrícola. En este campo la Comunidad sufre un déficit considerable con respecto a sus exportaciones agrícolas a Mercosur. Brasil, Argentina y Uruguay figuran entre los ocho primeros exportadores mundiales de carne; Argentina exporta la mitad de su producción de cereales y Brasil es el segundo exportador mundial avícola. Estas producciones tienen una competitividad innegable. Los precios suramericanos son inferiores a los de la Comunidad. Pero también es cierto que estos países permanecen en silencio ante las ayudas de los EE.UU a sus producciones agrícolas, considerablemente más importantes si se hace una suma total, pero que resultan mas disimuladas. Por otra parte, estas exportaciones de productos industriales de la Comunidad hacia Mercosur son objeto de medidas de protección importantes y de excepciones en el proceso de aplicación de tarifas exteriores comunes. Los países de Mercosur han suscrito acuerdos sobre comercio de servicios pero permanecen mucho menos abiertos que la UE que dispone, es verdad, de un importante potencial exportador en ese sector.

Como ya saben ustedes, no me gustaría pasar por alto que Francia ha prestado especial atención a los futuros acuerdos de libre intercambio en el sector agrícola. Las cuestiones esenciales desde su punto de vista han sido las del calendario de negociaciones: no pueden comenzar ni muy tarde ni muy pronto. Ni muy tarde porque el objetivo es terminar antes de la puesta a punto del ALCA; ni muy pronto, para poder asegurar una buena articulación con las negociaciones de la OMC (Organización Mundial del Comercio) que acaban de empezar en Seattie en condiciones difíciles, como bien saben, y donde los europeos deben poder contar, en ciertos ámbitos, con la solidaridad de Mercosur. En la Cumbre de Río, los europeos y los países de Mercosur definieron unas líneas directrices a todas luces satisfactorias. Las negociaciones comenzaron en Noviembre del 99 sobre los aspectos no tarifarios. Todo lo relativo al desmantelamiento de las tarifas y a la liberalización de los servicios será abordado a partir de julio del 2001. La PAC, reformada en Berlín, constituye el mandato de negociación europeo que tratará el sistema agrícola. El acuerdo de asociación económica y política estará constituido por un acuerdo único y solo acabará cuando las negociaciones tarifarias y no tarifarias estén preparadas. Sobre estas bases, me parece que las posibilidades de éxito en las negociaciones entre Mercosur y UE son grandes. Sin duda, dependen mucho del éxito de las negociaciones de la OMC. Los europeos, los norteamericanos y los latinoamericanos se ponen de acuerdo en desear que el ciclo OMC sea relativamente corto -tres años-, pero a los ojos de la UE este plazo no constituye una fecha límite. Tratándose de un expediente agrícola -los elementos favorables para una conclusión satisfactoria existen- concurre también la presión generada por un eventual dispositivo de libre intercambio entre la UE y Mercosur, que no debe ser subestimada, y las diferencias de precios agrícolas deberían disminuir con la puesta en marcha de las decisiones tomadas por el Consejo Europeo de Berlín y el aumento de nivel de vida en América Latina. Por otra parte el potencial de exportación agrícola de los países latinoamericanos hacia Europa debería también, por el efecto del crecimiento previsible de los intercambios agrícolas entre los países de Mercosur, atenuarse progresivamente, y por otra parte la exportación hacia los países asiáticos desarrollarse. Hay que considerar también que la liberalización de los intercambios agrícolas, si se decidiera, se escalonaría, como ya saben ustedes, en el tiempo a partir de la firma del acuerdo y durante una decena de años, es decir, hasta el 2015. Por lo tanto este expediente, que es denso y que no hay que olvidar, está poco a poco, desde mi punto de vista, evolucionando en una dirección favorable.

Es pues, sobre esta nota de optimismo con la que acabaré esta intervención, que como han visto no es complaciente con nadie, ni con Europa ni con Mercosur. Las negociaciones comerciales son difíciles pero para un aficionado al rugby como yo, un juego rudo, pueden ser también leales y fraternales. Estamos construyendo algo más que un acuerdo comercial. Los países de Europa y de América comparten una comunidad de origen y de valores, al mismo tiempo que una misma filosofía; comparten la misma visión del hombre: aperturismo y tolerancia, pacifismo y democracia, mas justo y más solidario, donde cada uno, ciudadanos y países, encuentren su lugar.
Alain Barrau, Presidente de la Delegación ante la Unión Europea de la Asamblea Nacional de Francia

 
 
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