De la conferencia pronunciada en Sáo Pau (Brasil) en el
encuentro "UE - BRASIL: Realidades y expectativas de una
relación transatlántica" en diciembre de 1999.
Unión Europea y Mercosur, ¿matrimonio o unión libre? Las
relaciones entre estas dos entidades se han desarrollado
con fuerza durante estos dos últimos años, tanto en el plano
económico como en el plano político. Sin embargo, después
de este feliz periodo de unión libre podríamos preguntarnos
si sería conveniente examinar si las cuestiones del matrimonio
y sus diversos contenciosos no podrían deshacer estos lazos
o incluso acabar con la fórmula actual. Personalmente yo
estoy a favor de elaborar un contrato razonable de matrimonio
en toda regla y me concongratulo de que la cumbre de Río
haya permitido de alguna manera que yo publique esta opinión,
pero en el marco de¡ debate me parece interesante recordar
el fundamento de las preguntas preferentes. Existe un interés
nuevo en la UE por Mercosur así como por el conjunto de
toda América Latina; este interés se remonta a principios
de los años 90 y tiene como origen la democratización de
los regímenes Latinoamericanos y la entrada de España y
Portugal en la CEE. Por otra parte la UE diversifica sus
relaciones hacia el Este, hacia los países del Mediterráneo
y el Sudeste de Asia. Europa dialogó con el grupo de Río
después de la declaración de Roma del 20 de Diciembre de
1990. En 1994 la Comisión Europea propuso una estrategia
en dos fases: La conclusión de un acuerdo marco interregional
firmado en el 95 y la preparación de un acuerdo de asociación.
En este momento estamos en esa segunda fase, que yo espero
que conlleve a una estrecha unión entre los otros dos.
Empezaré por una presentación de Mercosur visto desde Europa
y después evocaré las razones por las que es conveniente
pasar a un tipo de relación mas estructurada. Visto desde
Europa, Mercosur dispone de un potencia¡ económico importante
y su estructura parece 'Sólida. A pesar de sus debilidades
parece que podrá superar la crisis financiera resultante
de la crisis Asiática. Sus relaciones con la UE son ya en
este momento densas y fructíferas. Incluidos los miembros
asociados, Mercosur representa cerca del 65 por ciento del
PIB de América Latina y cuenta con más de 220 millones de
habitantes. Los países que lo componen alcanzan un crecimiento
fuerte, incluso aunque este crecimiento haya sido menor
que el previsto después de las crisis financieras del 97
y 98. Su apertura al comercio mundial en la década de los
90 permitió constituir un importante mercado para las industrias
europeas. En términos de PIB, Mercosur es hoy en día la
cuarta unión comercial del mundo. Mercosur es ya desde ahora
una estructura sólida. Instituido en el Tratado de Asunción
en el año 91, tiene una tarifa exterior común para el 95
por ciento de los productos, con las notables excepciones
de la informática y las telecomunicaciones. Ha liberalizado
el comercio intra zona] para un 90 por ciento de productos
de intercambio, con regímenes especiales para el automóvil
y el azúcar. Durante la Cumbre de Montevideo los Estados
miembros decidieron fomentar el libre intercambio de servicios
en un plazo máximo de diez años. Es un punto de atracción
para los países vecinos, Chile y Bolivia se hicieron miembros
asociados en el 96 y 97. Mercosur firmó un acuerdo de libre
mercado con la comunidad andina en el 99. Su vocación es
desarrollar políticas comunes y se plantea la creación de
una moneda única. Sin duda Mercosur presenta todavía algunas
debilidades: La crisis monetaria brasileña, provocada por
la crisis asiática y rusa, despertó las tensiones proteccionistas
y desveló sus debilidades institucionales. Mercosur se apoya
sobre una estructura poco institucionalizada y en una forma
de decisión basada en el consenso. En la práctica los litigios
alcanzan los más altos niveles políticos. El sector del
automóvil en el 95, por ejemplo o mas recientemente la crisis
entre Brasil y Argentina de este verano. Como consecuencia
de la devaluación del real, Argentina había aumentado algunos
derechos aduaneros lo que llegó a poner en peligro el desarrollo
e impulso de Mercosur. Sin embargo Brasil y Argentina superaron
esta crisis, lo que demuestra una voluntad política común
de integración. Estas relaciones entre la UE y Mercosur
han producido ya efectos importantes: la UE es el primer
socio económico de Mercosur, su primer suministrador y su
primer cliente por delante de los EE.UU. Las importaciones
de Mercosur han aumentado enormemente durante la década
de los 90, mientras que desgraciadamente las exportaciones
se han mantenido bajas. La consecuencia ha sido la aparición
de un gran déficit comercial con el resto del mundo y correlativamente
un gran excedente comercial para la U E. A favor de la apertura
económica decidida al principio de la década, la UE se convirtió
en el primer inversor de Mercosur en términos de flujo,
aunque los EE.UU continuaban dominando en términos de Stock.
Los EE.UU mantenían el 36 por ciento del Stock total y la
UE solo el 30 por ciento. La UE se convirtió en el primer
inversor de ayuda pública al desarrollo en el conjunto de
los países de América Latina y el Caribe (casi 3 mil millones
de dólares de media anual durante los años 96 y 97). Cuando
esta ayuda se concentró en los países andinos y centroamericanos,
mas subdesarrollados que los anteriores, los países de Mercosur
y de Chile no recibieron mas que el 1 0 por ciento de los
fondos comunitarios.
Estas evoluciones económicas confirman las profundas afinidades
nacidas de la historia: los ideales de la revolución francesa,
la cultura latina, la legislación cercana al conjunto del
derecho europeo, etc. Las dos zonas también convergen en
su acercamiento a las cuestiones sociales. El compartir
la preocupación por la mundialización de los intercambios
no solo conlleva, pura y simplemente, a alcanzar un principio
de justicia social y solidaridad sino, a ser también solidarios
en la lucha contra la pobreza que continúa siendo una prioridad.
Esta convergencia puede encontrarse con el rechazo del todo
poderoso mercado del neoliberalismo del modelo americano.
Más allá de la conquista de las cotas de mercado, se trataría
de defender en conjunto una visión del mundo que no es exactamente
la de nuestros vecinos y amigos americanos, que desearían
difundir por todo el planeta su propio modelo.
Estas constataciones son esperanzadoras. Sin embargo los
europeos nos confundiríamos si creyéramos que el "status
quo" nos permitirá mantener las relaciones en este nivel.
Existen fuertes divergencias entre la UE y Mercosur (ya
lo saben ustedes) en el sector de los intercambios agrícolas.
Sin embargo, y esta será mi conclusión, estas dificultades
no deberían ser un obstáculo en la negociación de un acuerdo
de asociación duradero. Al principio, los europeos no podían
abstraerse de algunas realidades y se 1 imitaban a obtener
beneficios de esta reciente relación. En primer lugar nada
garantiza que los buenos resultados registrados en el plano
comercial se perpetúen. Mercosur corre el riesgo de adherirse
al proyecto americano que creará, en el 2005, una zona de
libre intercambio que cubra el conjunto de¡ continente Americano
denominada ALCA. Pero el único plan económico de integración
de México a la TLC (Tratado de Libre Comercio) tuvo consecuencias
muy negativas en los niveles de intercambio entre la UE
y México. La UE perdió la mitad de su cuota de mercado en
dos años. Este precedente debe animar a los europeos a avanzar
en su relación con Mercosur porque el "status quo" no puede
conducir mas que a un retroceso. Existen divergencias entre
la UE y Mercosur, no se deben negar. En efecto, en diferentes
aspectos de negociaciones comerciales que conciernen por
ejemplo a la agricultura, el textil, la propiedad intelectual,
el medio ambiente, y puede haber divergencias en el seno
de la Organización Mundial de] Comercio. Los países de Mercosur
son grandes potencias agrícolas; algunas de sus producciones
son competencia directa de algunas europeas. Su exportación
agrícola hacia la Comunidad Europea representa alrededor
de un 52 por ciento de toda su exportación agrícola. En
este campo la Comunidad sufre un déficit considerable con
respecto a sus exportaciones agrícolas a Mercosur. Brasil,
Argentina y Uruguay figuran entre los ocho primeros exportadores
mundiales de carne; Argentina exporta la mitad de su producción
de cereales y Brasil es el segundo exportador mundial avícola.
Estas producciones tienen una competitividad innegable.
Los precios suramericanos son inferiores a los de la Comunidad.
Pero también es cierto que estos países permanecen en silencio
ante las ayudas de los EE.UU a sus producciones agrícolas,
considerablemente más importantes si se hace una suma total,
pero que resultan mas disimuladas. Por otra parte, estas
exportaciones de productos industriales de la Comunidad
hacia Mercosur son objeto de medidas de protección importantes
y de excepciones en el proceso de aplicación de tarifas
exteriores comunes. Los países de Mercosur han suscrito
acuerdos sobre comercio de servicios pero permanecen mucho
menos abiertos que la UE que dispone, es verdad, de un importante
potencial exportador en ese sector.
Como ya saben ustedes, no me gustaría pasar por alto que
Francia ha prestado especial atención a los futuros acuerdos
de libre intercambio en el sector agrícola. Las cuestiones
esenciales desde su punto de vista han sido las del calendario
de negociaciones: no pueden comenzar ni muy tarde ni muy
pronto. Ni muy tarde porque el objetivo es terminar antes
de la puesta a punto del ALCA; ni muy pronto, para poder
asegurar una buena articulación con las negociaciones de
la OMC (Organización Mundial del Comercio) que acaban de
empezar en Seattie en condiciones difíciles, como bien saben,
y donde los europeos deben poder contar, en ciertos ámbitos,
con la solidaridad de Mercosur. En la Cumbre de Río, los
europeos y los países de Mercosur definieron unas líneas
directrices a todas luces satisfactorias. Las negociaciones
comenzaron en Noviembre del 99 sobre los aspectos no tarifarios.
Todo lo relativo al desmantelamiento de las tarifas y a
la liberalización de los servicios será abordado a partir
de julio del 2001. La PAC, reformada en Berlín, constituye
el mandato de negociación europeo que tratará el sistema
agrícola. El acuerdo de asociación económica y política
estará constituido por un acuerdo único y solo acabará cuando
las negociaciones tarifarias y no tarifarias estén preparadas.
Sobre estas bases, me parece que las posibilidades de éxito
en las negociaciones entre Mercosur y UE son grandes. Sin
duda, dependen mucho del éxito de las negociaciones de la
OMC. Los europeos, los norteamericanos y los latinoamericanos
se ponen de acuerdo en desear que el ciclo OMC sea relativamente
corto -tres años-, pero a los ojos de la UE este plazo no
constituye una fecha límite. Tratándose de un expediente
agrícola -los elementos favorables para una conclusión satisfactoria
existen- concurre también la presión generada por un eventual
dispositivo de libre intercambio entre la UE y Mercosur,
que no debe ser subestimada, y las diferencias de precios
agrícolas deberían disminuir con la puesta en marcha de
las decisiones tomadas por el Consejo Europeo de Berlín
y el aumento de nivel de vida en América Latina. Por otra
parte el potencial de exportación agrícola de los países
latinoamericanos hacia Europa debería también, por el efecto
del crecimiento previsible de los intercambios agrícolas
entre los países de Mercosur, atenuarse progresivamente,
y por otra parte la exportación hacia los países asiáticos
desarrollarse. Hay que considerar también que la liberalización
de los intercambios agrícolas, si se decidiera, se escalonaría,
como ya saben ustedes, en el tiempo a partir de la firma
del acuerdo y durante una decena de años, es decir, hasta
el 2015. Por lo tanto este expediente, que es denso y que
no hay que olvidar, está poco a poco, desde mi punto de
vista, evolucionando en una dirección favorable.
Es pues, sobre esta nota de optimismo con la que acabaré
esta intervención, que como han visto no es complaciente
con nadie, ni con Europa ni con Mercosur. Las negociaciones
comerciales son difíciles pero para un aficionado al rugby
como yo, un juego rudo, pueden ser también leales y fraternales.
Estamos construyendo algo más que un acuerdo comercial.
Los países de Europa y de América comparten una comunidad
de origen y de valores, al mismo tiempo que una misma filosofía;
comparten la misma visión del hombre: aperturismo y tolerancia,
pacifismo y democracia, mas justo y más solidario, donde
cada uno, ciudadanos y países, encuentren su lugar.