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Europa y América
en busca de nuevas vías de entendimiento
Ahora que
la globalización está abriendo nuevas formas de relación
entre los países, a uno y otro lado del Atlántico se siente
la necesidad de unir más aún a pueblos con una cultura común
y una misma visión del mundo. Personalidades americanas
y europeas exponen aquí sus ideas para tender nuevos y más
sólidos puentes entre la Unión Europea y América Latina.
Desde el primer encuentro Unión Europea Mercosur, que tuvo
lugar en Montevideo (Uruguay), en noviembre de 1996, un
gran número de políticos, empresarios e intelectuales americanos
y europeos se han movilizado para explorar nuevas vías de
entendimiento entre América y Europa. Allí nació la idea
de la Fundación Europa-América, que fue tomando cuerpo en
los posteriores encuentros de Madrid (mayo de 1999) y Sao
Paulo (diciembre de 1999). En este su primer número, la
revista Forum recoge las intervenciones de algunos de los
ilustres participantes en estos ciclos de conferencias.
Los textos que siguen son fragmentos de sus intervenciones
que, así, juntos, ofrecen una visión muy completa y autorizada
del momento actual de las relaciones entre la Unión Europea
y América Latina, a la vez que aportan nuevas ideas para
ampliar y mejorar estas relaciones en el futuro.
Rodrigo Rato
Vicepresidente segundo del Gobierno
de España
El compromiso con América Latina
La estabilidad macroeconómica por sí sola no es suficiente
para aprovechar de manera intensa los grandes beneficios
que puede darle a una sociedad el proceso de globalización
de mercados. Es imprescindible que además , los países se
doten a sí mismos de mercados, de bienes y servicios flexibles,
eficientes, con una clara desaparición de los monopolios
privados y públicos. El nuevo papel del Estado hace también
irrelevante la propiedad de las compañías e incluso aconseja
de manera importante que las decisiones políticas se distancien
de las decisiones empresariales.
Para muchos puede parecer que cuando el Estado es el propietario
de una gran compañía relacionada con servicios públicos,
el Estado a través de esa propiedad puede realizar actos
económicos de intervención que mejoran la vida de los ciudadanos.
La experiencia es la contraria. Las grandes compañías determinan
la política de los gobiernos, no al contrario. La experiencia
enseña que cuando un gobierno, además de ser responsable
de una determinada política de interés general, tiene que
velar por los intereses concretos de una compañía porque
es propiedad suya, no toma muchas de las decisiones que
tomaría porque cree que con eso protege a la compañía que
es de su propiedad. Es una experiencia que creo que todos
los gobiernos pueden determinar. Por lo tanto, el primer
interesado en poder tomar decisiones globales que beneficien
a todos del proceso de privatización son los gobiernos.
Este proceso de política económica, por otra parte, tiene
que venir acompañado de capacidad de movilización de la
sociedad, y esta capacidad sólo es posible en contextos
de diálogo, de concertación, de consenso y en contextos
en los que muchas de las decisiones se acerquen cada vez
más a los ciudadanos. Ese es el modelo sobre el que los
españoles hemos construido nuestra transformación en los
últimos veinte años, creo que es el contexto en el que Europa
ha construido su transformación también en las últimas décadas
y creo que es el contexto en el que México y otros países
iberoamericanos están avanzando. Se abren grandes posibilidades
de transformación en el futuro y en ese sentido España tiene
una clara vocación no sólo de país europeo, no sólo de país
mediterráneo, sino especialmente de país iberoamericano.
Estamos comprometidos desde los puntos de vista político,
cultural y también económico con la transformación de todas
las sociedades iberoamericanas. Y vuelvo a poner el caso
de México: las instituciones españolas tienen hoy allí una
presencia importante y creo que debe subrayarse el hecho
de que en los peores momentos de la crisis de la economía
mexicana del año 94 las instituciones financieras españolas
creyeron y apostaron por la economía mexicana. Creo que
en ese sentido demostraron que la visión que España tiene
de sus socios y de sus amigos y de sus hermanos iberoamericanos
es una visión a medio y largo plazo, muy lejos de cualquier
visión coyuntural. Desde luego el gobierno español y el
Estado español la subrayan y participan en ella de manera
total. En ese sentido, creo que las negociaciones entre
la UE y los países iberoamericanos deben ser una de las
prioridades de la agenda europea en los próximos años. Europa,
no solo España, no puede renunciar a un papel importante
de socio político y económico con un continente que, como
Iberoamérica, va a ser tan relevante en el siglo XXI.
(De la conferencia pronunciada en Madrid, en el encuentro
'México y Europa: Escenarios económicos y políticos", en
Mayo de 1999.)
Rosario Green
Ministra de Relaciones Exteriores
de México
Un país puente
Señalaba la importancia económica que la Unión Europea tiene
para México. Siendo el principal bloque comercial del mundo,
es también un elemento de enorme atracción. También saben
que, conforme nosotros avanzábamos en esta profunda vinculación
económica con Estados Unidos, nos quedamos un poco alejados
de la Unión Europea, más en las cifras comerciales y menos
en las cifras de inversión. Ahora la idea es que con el
Tratado, con el Acuerdo, y con sus aspectos comerciales
sobre todo, logremos volver al camino de una relación comercial
más intensa. Pero, si bien ya hablamos de la importancia
que tiene la relación económica con la Unión Europea para
mi país, yo sí creo que ustedes también están conscientes
de la importancia de México para la Unión Europea.
Yo creo que quizás el atractivo más importante que tiene
México es su ubicación geográfica. Por aquello que la geografía
no es cambiable, tenemos que empezar a buscarle las importantes
ventajas que aporta. Nosotros somos un país puente, somos
un país colocado en una posición geopolítica de gran estrategia,
porque somos un enlace para la América del Norte y la América
del Sur. No solamente somos un puente porque físicamente
estamos ahí; somos un puente porque tanto con América del
Norte como con América del Sur estamos trabajando en esquemas
de integración que permitirán en esta globalización de fin
de siglo, y sin duda característica del próximo, ir cumpliendo
la meta o las metas que México persigue de libertad en los
flujos de comercio y libertad en los flujos de capitales
sobre todo. Y este mundo, donde la globalización no se convierte
en un obstáculo sino en una especie de cresta de ola sobre
la que hay que subirse para participar fehacientemente
en el progreso mundial, México tiene con Estados Unidos
y Canadá este Tratado de Libre Comercio, que funciona desde
hace cinco años, que ha duplicado el comercio con Estados
Unidos y que, medido en importaciones, ha hecho crecer el
noventa por ciento el comercio con Canadá. En términos de
inversión también ha sido fundamental, y, por supuesto,
ha creado un clima de prosperidad y de asociación que no
se ha dado sin repercusiones en el diálogo político y en
el diálogo sobre cooperación. Con América del Sur hicimos
y estamos haciendo un esfuerzo importante para ir creando
mecanismos de acerca miento comercial y financiero que eventualmente
nos permitan insertarnos en una red de convergencia en esta
materia. Con Chile firmamos, inclusive, el primer Tratado
de Libre Comercio en el noventa y dos, mientras que el Tratado
con América del Norte es del noventa y cuatro, lo cual habla
de algo que nosotros defendemos mucho en América Latina:
la vocación latinoamericanista de México.
(De la Conferencia pronunciada en Madrid, en el encuentro
"México y Europa: Escenarios económicos y políticos", en
mayo de 1999.)
Mario Soares
Ex Presidente de la República de
Portugal
Nuevas formas de regulación
Comienza a admitirse ahora que el mundo realmente no está
regulado y es preciso encontrar algunas formas de regulación.
Me parece curioso que en el encuentro del G7 en Florencia,
que fue un encuentro de representantes de los países ricos
en el que estuvo también el presidente Fernando Henrique
Cardoso, por su prestigio internacional, el principal elemento
que salió de ese encuentro fue que había que encontrar el
vehículo fundamental en áreas donde necesitamos establecer
una cierta regulación. Quería decirse con eso que era preciso
avanzar en el camino de la regulación de los flujos de capital,
fundamentalmente para que economías con cierta estabilidad
no sean totalmente desestabilizadas por especulaciones venidas
del exterior, y también que para eso era necesario reformar
las instancias financieras internacionales heredadas de
Bretton Woods, que ya están un poco obsoletas en su metodología
y es preciso reformar hasta en las propias políticas económicas
del G7. El presidente Clinton, por ejemplo, casi al final
de su mandato, repitió una frase que es del primer ministro
Jospin y que es, además, una frase afortunada: "Sin una
economía de mercado no hay sociedad de mercado". En mi opinión,
el hecho de que Clinton se viera obligado a decir eso no
es fortuito y tiene algún significado.
¿Qué quiso decir?. Quiere decir obviamente que el mercado
es fundamental porque a través del mercado se llega al desarrollo
y se afirma la competitividad; pero que el mercado por sí
sólo no es todo, porque el mercado genera también desigualdades
sociales, algunas muy graves, como en el acceso a los bienes
primarios, a la vivienda, a la salud, a la educación, al
empleo, a la seguridad social, y desigualdad a la hora de
tener acceso al conocimiento y la información, que son quizás
hoy más importantes para las personas que el propio acceso
al dinero y al capital. Hay por tanto que establecer, y
parece que comienza a haber un cierto consenso en ese sentido,
algunas reglas: reintroducir ciertos valores humanos y ciertos
valores sociales. En el plano internacional, tiene que avanzarse
en el camino de la regulación financiera, y es importante
también que se afirme la democracia no sólo en los estados
nacionales sino también que se afirme la democracia en el
plano de las relaciones internacionales donde hasta ahora
no está suficientemente afirmada. El mundo, en mi opinión,
es muy complejo y muy vasto para poder ser dirigido por
un directorio de países ricos, por muy poderosos que sean.
Pienso que el mundo no puede ser dirigido ni por el G-7
ni por el G-8, como se quiera llamar. Tienen que volver
a discutirse los problemas del mundo en un sitio apropiado
para los debates, que es el sitio donde se deben tomar las
resoluciones internacionales, creando quizá un orden internacional
más justo y más adaptado al mundo para el próximo siglo.
Este sitio es naturalmente la ONU, una vez que la ONU pueda
ser reestructurada y mejor adaptada a las condiciones complejas
de nuestro tiempo.
(De la Conferencia pronunciada en Sáo Paulo, en el encuentro
"Unión Europea y Brasil: Realidades y expectativas de una
relación transatlántico", en Diciembre de 1999.)
Fernando Becerra
Ministro de Integración Nacional
de Brasil
Una relación en alza
Si hay algo que distingue las actuales relaciones económicas
internacionales es sin duda la difusión de los esquemas
regionales o bilaterales de liberalización a los que, de
forma quizá simplista, se da el nombre de regionalización.
Como ejemplo, destaca ciertamente la creación de Mercosur,
aunque pasamos por dificultades coyunturales: el bloque
subregional se consolidó como un programa de integración
económica estrechamente vinculado al proceso de afirmación
de la democracia por el que pasan esos países miembros.
La legitimidad nacional y externa de Mercosur es un hecho
incontestable y sumamente activo para superar los problemas
de la actual coyuntura. Como un bloque económico abierto
al mundo, Mercosur se embarcó en una negociación que ahora
inicia la nueva etapa y estableció con la Unión Europea
un amplio plazo del marco de cooperación en las áreas comercial,
económica y de integración. A Brasil y a Mercosur les interesa
buscar en las negociaciones con los grandes actores del
comercio internacional, particularmente la Unión Europea
y los Estados Unidos, el establecimiento de un esquema de
liberalización menos discriminatorio con relación a terceros
países. Aparte de esto, estas negociaciones serán imprescindibles
para hacer viable una mejora sustantiva en las condiciones
de acceso a esos mercados para los socios comerciales, especialmente
en lo que concierne a sectores actualmente perjudicados
por bajas no tarifarias o por tarifas excesivamente elevadas.
Un incremento de las relaciones comerciales entre Mercosur
y la Unión Europea es natural dada la intensidad de los
vínculos económicos existentes entre los dos bloques. La
Unión Europea es el principal socio comercial de Brasil
y de Mercosur, responsable de cerca del 25 por ciento del
comercio exterior de la subregión. Hay que poner de relieve
que las ventas europeas pasaron de ser alrededor de 6 mil
millones de dólares a más de 26 mil millones de dólares,
en el período del 90 al 97. Por otro lado, casi el 40 por
ciento de los flujos de inversiones directas externas efectuadas
en el bloque suramericano es originario de la Unión Europea,
y refuerzan en la subregión la presencia empresarial europea,
profundamente enraizada en la historia de la industria de
las naciones de los países de Mercosur.
(De la Conferencia pronunciada en Sáo Paulo en el encuentro
"Unión Europea y Brasil: Realidades y expectativas de una
relación transatlántico", en Diciembre de 1999.)
Felipe González
Ex Presidente del Gobierno de España
Inversiones duraderas
He hecho un acompañamiento, desde el año 91, a este magnífico
proceso de creación del Mercosur, que ha superado todas
las expectativas. Me parece que el resultado ha sido espectacular
y tengo además un gran honor: el de haber firmado, como
Presidente en ejercicio de la Unión Europea, el primer acuerdo
entre una región, Unión Europea, y otra región, Mercosur,
en diciembre del 95, la primera vez que Europa hacia eso.
Hace diez años en Harvard me tomaban por loco cuando proponía
una relación triangular con América Latina. La relación
ya está, tenemos una relación de tal naturaleza que somos
primer socio comercial, primer inversionista y primer cooperante
al desarrollo. Pero siendo esas tres cosas, para Europa
no parece suficientemente relevante lo que pasa en este
continente. Nos quejamos de que hemos perdido presencia
en México, ahora hay un acuerdo con México; como europeos
no sólo podemos recuperar presencia en México sino en todo
el territorio del Tratado de Libre Comercio del Norte. Pero
lo que me sorprende es que ni siguiera seamos lo suficientemente
egoístas (hablo de egoísmo inteligente) en Europa como para
prestar mucha más atención a lo que pasa aquí. Tenemos muchos
compromisos y no sólo España, que ha hecho un esfuerzo inversor
espectacular, en lo que va de década. Pero no inversor de
inversiones que se realizan en el plazo de una semana y
se van, sino inversiones para quedarse. Prestemos, por tanto,
un poco más de atención, hablo desde el punto de vista de
Europa.
Mercosur no tiene ninguna culpa de algunos de los elementos
de crisis que se han planteado en los últimos meses, después
de los efectos de la crisis financiera. Hay dos problemas
a mi juicio: uno, no hay sistemas de fusibles que salten
antes de llevarse toda la instalación por delante. Esto
es peligrosísimo. En esta empresa de Mercosur metan algunos
fusibles antes de que salte el fusible principal, que son
los presidentes de los países, que no pueden estar arreglando
uno a uno los conflictos. Dos, intenten armonizar las respuestas
a los choques económicos que producirá cualquier crisis
financiera o cualquier crisis cambiaría. No estoy proponiendo
que hagan una moneda única. Decidan el camino que quieran,
pero intenten prever y armonizar respuestas a estos choques
económicos y comerciales que producen las crisis financieras
cuando se tienen políticas monetarias divergentes o distintas
entre los países concernidos. Esto se puede hacer y se puede
prever.
(De la conferencia pronunciada en Madrid en el encuentro
"México y Europa: Escenarios económicos y políticos" en
Mayo de 1999.)
Luis Felipe de Seixas Corrêa
Vice Ministro de Relaciones Exteriores
de Brasil
Globalización simétrica
En junio pasado, como bien saben, en Brasil tuvo lugar la
primera cumbre entre jefes de Estado y de gobierno de América
Latina, del Caribe y de la Unión Europea. Se trató de una
ocasión simbólica para afirmar las propuestas de aproximación
entre las dos regiones. Uno de los principales frutos de
esta reunión fue la iniciación de las negociaciones comerciales
entre Mercosur y la Unión Europea con vistas a iniciar el
proceso que debe conducir a un área de libre comercio entre
los dos mercados. Será necesario para eso superar el proteccionismo
que aún rige en la Unión Europea en lo que respecta al sector
agrícola y que tanto perjuicio va a ocasionar en los países
de Mercosur en términos de acceso al mercado europeo y de
competencia entre mercados. Es importante que la Unión Europea
tenga presente la importancia política y estratégica de
esa negociación. La aproximación entre Mercosur y la Unión
Europea debe ser vista sobre todo como una iniciativa política
que trasciende el plano meramente comercial. Debe ser afrontada
como medio para asegurar el mantenimiento de la fuerte presencia
europea en América Latina, fortaleciendo por tanto la multipolaridad
y el equilibrio estratégico en el plano internacional.
Somos conscientes de las dificultades que tenemos por delante,
pero confiamos en los factores de convergencia que nos aproximan:
la naturaleza abierta por los dos procesos de integración,
el compromiso de ambos con las normas multilaterales de
comercio, el ya bastante elevado grado de nuestro intercambio
comercial, la presencia de importantes inversiones europeas
en los países de Mercosur, así como las afinidades históricas
y culturales que nos vinculan.
Es preciso por eso tener presente las asimetrías existentes
en el plano comercial. De hecho, el intercambio entre Brasil
y la Unión Europea se ha desarrollado de un modo extremadamente
desequilibrado en el decenio 88-97. En esos diez años, nuestras
importaciones de la Unión Europea crecieron un 355 por ciento,
nuestras exportaciones sólo el 28 por ciento. Brasil ha
sufrido efectos negativos evidentes de las prácticas comerciales
proteccionistas y necesita trabajar en conjunto con los
países de la Unión Europea para superarlas. Esa es, en líneas
generales, la estrategia que Brasil procura seguir para
afrontar los riesgos y aprovechar las oportunidades de la
globalización. Para promover aquello que el Presidente Fernando
Henrique Cardoso acostumbra a denominar como una "globalización
más simétrica". Teniendo en cuenta la necesidad de asegurar
la adecuada relación entre la lógica del mercado internacional
y las necesidades sociales internas de cada país.
(De la Conferencia pronunciada en Sáo Paulo, en el encuentro
"Unión Europea y Brasil: Realidades y expectativas de una
relación transatlántico", en Diciembre de 1999.)
Hans-Dietrich Genscher
Ex Ministro de Relaciones Exteriores
de Alemania
Movimientos Visionarios
La decisión de México, Estados Unidos y Canadá de crear
una zona de libre comercio (Tratado de Libre Comercio, TLC)
representó un movimiento visionario, casi revolucionario.
De hecho, fue la respuesta exacta al desafío de la globalización.
Casi podríamos decir lo mismo del proyecto de creación de
la zona de libre comercio en América, desde Alaska a Tierra
de Fuego. Latinoamérica se ha convertido en una de las zonas
económicas más dinámicas del mundo. Exceptuando Cuba, el
resto de países latinoamericanos ha emprendido el camino
hacia la democracia y la economía de mercado. El desarrollo
positivo de esta región se manifiesta también en la tendencia
cada vez mas frecuente a la integración regional, y se ha
puesto de manifiesto, por ejemplo, en el marco del MERCOSUR.
La integración regional en América se corresponde con el
auge en Europa, ya que la estabilidad en América es una
condición importante para llegar a una situación de estabilidad
general. Nunca antes en la historia habían existido perspectivas
tan prometedoras como las de ahora para que México y la
Unión Europea (UE) llegaran a ser socios. Ambas partes comparten
afinidades históricas, culturales y sociales. Pero no es
esta la única razón por la que la UE decidió escribir un
nuevo capítulo en la historia de las relaciones, negociaciones
de acuerdos y cooperación con México, durante la Presidencia
alemana en 1994. De hecho, la UE se ha dado cuenta de la
importancia e influencia tanto política como económica de
México en América y en todo el mundo. México y la UE comparten
los mismos valores y tienen intereses políticos y económicos
similares. En estos momentos, la UE es el segundo socio
comercial más importante de México, después de Estados Unidos.
Si por una parte, miramos tanto al Océano Atlántico como
al Pacífico como puente entre Estados Unidos y Centroamérica
y por otra, a Latinoamérica y Centroamérica, obtenemos un
panorama único desde el punto de vista geopolítico y geoeconómico.
México no pertenece solamente al TLC, ya que debido a su
situación como miembro del Foro de Cooperación Económica
de Asia y el Pacífico, está ineludiblemente ligado a la
dinámica región de Asia Pacifico. Actualmente, el producto
nacional bruto de México supera al de algunos Estados miembros
de la Unión Europea, México representa para la Unión Europea
la puerta al vasto mercado panamericano y no es de extrañar
que unas seiscientas empresas alemanas estén ya representadas
en el país.
(De la conferencia pronunciada en México D.F en el encuentro
"Europa y México: Presente y Futuro de una relación equilibrada",
Marzo 1998)
Douglas Hurd
Ex Ministro de Asuntos Exteriores
del Reino Unido
Más puertas abiertas
E1 punto crucial de este año es el área de cooperación económica
entre Europa y el resto del mundo. Hay un gran debate interno
en Europa. Estos debates, aunque difíciles, son necesarios:
somos quince democracias y debatir es una pieza esencial
del motor que mueve nuestros destinos. Hay discusiones entre
aquellos que quieren un libre mercado y aquellos que prefieren
la protección de los intereses existentes, perfectamente
legítimos por otro lado. He estado en muchas de las reuniones
del Consejo de Ministros en Bruselas donde este tema es
recurrente y creo que todos los europeos deben estar preocupados
por el gran número de disputas que están surgiendo al otro
lado del Atlántico entre EE.UU y Europa sobre algunos asuntos
comerciales.
Esta discusión continúa y continuará. ¿Por qué? porque la
gran mayoría de nosotros reconocemos que la libertad de
comercio tiene una influencia liberalizadora que de hecho
aumenta la prosperidad de todos. Si se reducen las barreras
comerciales, la lección es clara: la nación como un todo,
Europa o el Tratado de Libre Comercio (TLC) como un todo,
se benefician sus ciudadanos y son más prósperos. Pero si
se cuenta la nación como un todo o Europa como un todo,
esto no es válido en la misma medida para algunos intereses
particulares. Esto repercutirá negativamente en intereses
particulares y éstos tienen voz, la veces voces potentesl,
y es perfectamente legítimo. Pero en ocasiones estas voces
en contra influyen demasiado en aquellos que hacen política;
estamos familiarizados con este fenómeno tanto en México
como en Europa. Me estoy refiriendo a las largas y arduas
dilaciones que empleó Europa hasta que logró un acuerdo
con la nueva Suráfrica, con la Suráfrica de Mandela, con
la Suráfrica post-apartheid. Como decisión política, deberíamos
haber ayudado y abierto puertas rápidamente a Suráfrica
en vez de demorar años y años, lo que hace poco se ha conseguido.
Este es sólo un ejemplo. Es probable que no ocurra lo mismo
con México, que no tiene los productos agrícolas que tanto
defendía Europa. La negociación con México será eso espero-
más rápida y fácil. Esto prueba el debate permanente dentro
de Europa entre proteccionistas y partidarios del libre
comercio.
Creo que debemos mantener las puertas ya abiertas y abrir
nuevas puertas para que entre aire fresco en la ancestral
Europa. Si empezamos a cerrar puertas y no abrimos otras
nuevas, en el milenio que comienza el próximo año se enrarecerá
nuestra atmósfera, seremos ineficientes y perderemos nuestro
papel en la economía mundial. Espero que continuemos pensando
en Europa como un todo, con algunas reservas por supuesto,
y volviendo sobre nuestros pasos de vez en cuando para mantener
las puertas y ventanas abiertas y abrirlas con más frecuencia.
(De la conferencia pronunciada en Madrid en el encuentro
"México y Europa. Escenarios económicos y políticos' en
Mayo 1999.)
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