Europa y América
en busca de nuevas vías de entendimiento

Nº1 - junio 2000

Ahora que la globalización está abriendo nuevas formas de relación entre los países, a uno y otro lado del Atlántico se siente la necesidad de unir más aún a pueblos con una cultura común y una misma visión del mundo. Personalidades americanas y europeas exponen aquí sus ideas para tender nuevos y más sólidos puentes entre la Unión Europea y América Latina.

Desde el primer encuentro Unión Europea Mercosur, que tuvo lugar en Montevideo (Uruguay), en noviembre de 1996, un gran número de políticos, empresarios e intelectuales americanos y europeos se han movilizado para explorar nuevas vías de entendimiento entre América y Europa. Allí nació la idea de la Fundación Europa-América, que fue tomando cuerpo en los posteriores encuentros de Madrid (mayo de 1999) y Sao Paulo (diciembre de 1999). En este su primer número, la revista Forum recoge las intervenciones de algunos de los ilustres participantes en estos ciclos de conferencias. Los textos que siguen son fragmentos de sus intervenciones que, así, juntos, ofrecen una visión muy completa y autorizada del momento actual de las relaciones entre la Unión Europea y América Latina, a la vez que aportan nuevas ideas para ampliar y mejorar estas relaciones en el futuro.

Rodrigo Rato
Vicepresidente segundo del Gobierno de España
El compromiso con América Latina


La estabilidad macroeconómica por sí sola no es suficiente para aprovechar de manera intensa los grandes beneficios que puede darle a una sociedad el proceso de globalización de mercados. Es imprescindible que además , los países se doten a sí mismos de mercados, de bienes y servicios flexibles, eficientes, con una clara desaparición de los monopolios privados y públicos. El nuevo papel del Estado hace también irrelevante la propiedad de las compañías e incluso aconseja de manera importante que las decisiones políticas se distancien de las decisiones empresariales.

Para muchos puede parecer que cuando el Estado es el propietario de una gran compañía relacionada con servicios públicos, el Estado a través de esa propiedad puede realizar actos económicos de intervención que mejoran la vida de los ciudadanos. La experiencia es la contraria. Las grandes compañías determinan la política de los gobiernos, no al contrario. La experiencia enseña que cuando un gobierno, además de ser responsable de una determinada política de interés general, tiene que velar por los intereses concretos de una compañía porque es propiedad suya, no toma muchas de las decisiones que tomaría porque cree que con eso protege a la compañía que es de su propiedad. Es una experiencia que creo que todos los gobiernos pueden determinar. Por lo tanto, el primer interesado en poder tomar decisiones globales que beneficien a todos del proceso de privatización son los gobiernos. Este proceso de política económica, por otra parte, tiene que venir acompañado de capacidad de movilización de la sociedad, y esta capacidad sólo es posible en contextos de diálogo, de concertación, de consenso y en contextos en los que muchas de las decisiones se acerquen cada vez más a los ciudadanos. Ese es el modelo sobre el que los españoles hemos construido nuestra transformación en los últimos veinte años, creo que es el contexto en el que Europa ha construido su transformación también en las últimas décadas y creo que es el contexto en el que México y otros países iberoamericanos están avanzando. Se abren grandes posibilidades de transformación en el futuro y en ese sentido España tiene una clara vocación no sólo de país europeo, no sólo de país mediterráneo, sino especialmente de país iberoamericano. Estamos comprometidos desde los puntos de vista político, cultural y también económico con la transformación de todas las sociedades iberoamericanas. Y vuelvo a poner el caso de México: las instituciones españolas tienen hoy allí una presencia importante y creo que debe subrayarse el hecho de que en los peores momentos de la crisis de la economía mexicana del año 94 las instituciones financieras españolas creyeron y apostaron por la economía mexicana. Creo que en ese sentido demostraron que la visión que España tiene de sus socios y de sus amigos y de sus hermanos iberoamericanos es una visión a medio y largo plazo, muy lejos de cualquier visión coyuntural. Desde luego el gobierno español y el Estado español la subrayan y participan en ella de manera total. En ese sentido, creo que las negociaciones entre la UE y los países iberoamericanos deben ser una de las prioridades de la agenda europea en los próximos años. Europa, no solo España, no puede renunciar a un papel importante de socio político y económico con un continente que, como Iberoamérica, va a ser tan relevante en el siglo XXI.

(De la conferencia pronunciada en Madrid, en el encuentro 'México y Europa: Escenarios económicos y políticos", en Mayo de 1999.)

Rosario Green
Ministra de Relaciones Exteriores de México
Un país puente


Señalaba la importancia económica que la Unión Europea tiene para México. Siendo el principal bloque comercial del mundo, es también un elemento de enorme atracción. También saben que, conforme nosotros avanzábamos en esta profunda vinculación económica con Estados Unidos, nos quedamos un poco alejados de la Unión Europea, más en las cifras comerciales y menos en las cifras de inversión. Ahora la idea es que con el Tratado, con el Acuerdo, y con sus aspectos comerciales sobre todo, logremos volver al camino de una relación comercial más intensa. Pero, si bien ya hablamos de la importancia que tiene la relación económica con la Unión Europea para mi país, yo sí creo que ustedes también están conscientes de la importancia de México para la Unión Europea.

Yo creo que quizás el atractivo más importante que tiene México es su ubicación geográfica. Por aquello que la geografía no es cambiable, tenemos que empezar a buscarle las importantes ventajas que aporta. Nosotros somos un país puente, somos un país colocado en una posición geopolítica de gran estrategia, porque somos un enlace para la América del Norte y la América del Sur. No solamente somos un puente porque físicamente estamos ahí; somos un puente porque tanto con América del Norte como con América del Sur estamos trabajando en esquemas de integración que permitirán en esta globalización de fin de siglo, y sin duda característica del próximo, ir cumpliendo la meta o las metas que México persigue de libertad en los flujos de comercio y libertad en los flujos de capitales sobre todo. Y este mundo, donde la globalización no se convierte en un obstáculo sino en una especie de cresta de ola sobre la que hay que subirse para participar fehacientemente

en el progreso mundial, México tiene con Estados Unidos y Canadá este Tratado de Libre Comercio, que funciona desde hace cinco años, que ha duplicado el comercio con Estados Unidos y que, medido en importaciones, ha hecho crecer el noventa por ciento el comercio con Canadá. En términos de inversión también ha sido fundamental, y, por supuesto, ha creado un clima de prosperidad y de asociación que no se ha dado sin repercusiones en el diálogo político y en el diálogo sobre cooperación. Con América del Sur hicimos y estamos haciendo un esfuerzo importante para ir creando mecanismos de acerca miento comercial y financiero que eventualmente nos permitan insertarnos en una red de convergencia en esta materia. Con Chile firmamos, inclusive, el primer Tratado de Libre Comercio en el noventa y dos, mientras que el Tratado con América del Norte es del noventa y cuatro, lo cual habla de algo que nosotros defendemos mucho en América Latina: la vocación latinoamericanista de México.

(De la Conferencia pronunciada en Madrid, en el encuentro "México y Europa: Escenarios económicos y políticos", en mayo de 1999.)

Mario Soares
Ex Presidente de la República de Portugal
Nuevas formas de regulación


Comienza a admitirse ahora que el mundo realmente no está regulado y es preciso encontrar algunas formas de regulación. Me parece curioso que en el encuentro del G7 en Florencia, que fue un encuentro de representantes de los países ricos en el que estuvo también el presidente Fernando Henrique Cardoso, por su prestigio internacional, el principal elemento que salió de ese encuentro fue que había que encontrar el vehículo fundamental en áreas donde necesitamos establecer una cierta regulación. Quería decirse con eso que era preciso avanzar en el camino de la regulación de los flujos de capital, fundamentalmente para que economías con cierta estabilidad no sean totalmente desestabilizadas por especulaciones venidas del exterior, y también que para eso era necesario reformar las instancias financieras internacionales heredadas de Bretton Woods, que ya están un poco obsoletas en su metodología y es preciso reformar hasta en las propias políticas económicas del G7. El presidente Clinton, por ejemplo, casi al final de su mandato, repitió una frase que es del primer ministro Jospin y que es, además, una frase afortunada: "Sin una economía de mercado no hay sociedad de mercado". En mi opinión, el hecho de que Clinton se viera obligado a decir eso no es fortuito y tiene algún significado.

¿Qué quiso decir?. Quiere decir obviamente que el mercado es fundamental porque a través del mercado se llega al desarrollo y se afirma la competitividad; pero que el mercado por sí sólo no es todo, porque el mercado genera también desigualdades sociales, algunas muy graves, como en el acceso a los bienes primarios, a la vivienda, a la salud, a la educación, al empleo, a la seguridad social, y desigualdad a la hora de tener acceso al conocimiento y la información, que son quizás hoy más importantes para las personas que el propio acceso al dinero y al capital. Hay por tanto que establecer, y parece que comienza a haber un cierto consenso en ese sentido, algunas reglas: reintroducir ciertos valores humanos y ciertos valores sociales. En el plano internacional, tiene que avanzarse en el camino de la regulación financiera, y es importante también que se afirme la democracia no sólo en los estados nacionales sino también que se afirme la democracia en el plano de las relaciones internacionales donde hasta ahora no está suficientemente afirmada. El mundo, en mi opinión, es muy complejo y muy vasto para poder ser dirigido por un directorio de países ricos, por muy poderosos que sean. Pienso que el mundo no puede ser dirigido ni por el G-7 ni por el G-8, como se quiera llamar. Tienen que volver a discutirse los problemas del mundo en un sitio apropiado para los debates, que es el sitio donde se deben tomar las resoluciones internacionales, creando quizá un orden internacional más justo y más adaptado al mundo para el próximo siglo. Este sitio es naturalmente la ONU, una vez que la ONU pueda ser reestructurada y mejor adaptada a las condiciones complejas de nuestro tiempo.

(De la Conferencia pronunciada en Sáo Paulo, en el encuentro "Unión Europea y Brasil: Realidades y expectativas de una relación transatlántico", en Diciembre de 1999.)

Fernando Becerra
Ministro de Integración Nacional de Brasil
Una relación en alza


Si hay algo que distingue las actuales relaciones económicas internacionales es sin duda la difusión de los esquemas regionales o bilaterales de liberalización a los que, de forma quizá simplista, se da el nombre de regionalización. Como ejemplo, destaca ciertamente la creación de Mercosur, aunque pasamos por dificultades coyunturales: el bloque subregional se consolidó como un programa de integración económica estrechamente vinculado al proceso de afirmación de la democracia por el que pasan esos países miembros. La legitimidad nacional y externa de Mercosur es un hecho incontestable y sumamente activo para superar los problemas de la actual coyuntura. Como un bloque económico abierto al mundo, Mercosur se embarcó en una negociación que ahora inicia la nueva etapa y estableció con la Unión Europea un amplio plazo del marco de cooperación en las áreas comercial, económica y de integración. A Brasil y a Mercosur les interesa buscar en las negociaciones con los grandes actores del comercio internacional, particularmente la Unión Europea y los Estados Unidos, el establecimiento de un esquema de liberalización menos discriminatorio con relación a terceros países. Aparte de esto, estas negociaciones serán imprescindibles para hacer viable una mejora sustantiva en las condiciones de acceso a esos mercados para los socios comerciales, especialmente en lo que concierne a sectores actualmente perjudicados por bajas no tarifarias o por tarifas excesivamente elevadas. Un incremento de las relaciones comerciales entre Mercosur y la Unión Europea es natural dada la intensidad de los vínculos económicos existentes entre los dos bloques. La Unión Europea es el principal socio comercial de Brasil y de Mercosur, responsable de cerca del 25 por ciento del comercio exterior de la subregión. Hay que poner de relieve que las ventas europeas pasaron de ser alrededor de 6 mil millones de dólares a más de 26 mil millones de dólares, en el período del 90 al 97. Por otro lado, casi el 40 por ciento de los flujos de inversiones directas externas efectuadas en el bloque suramericano es originario de la Unión Europea, y refuerzan en la subregión la presencia empresarial europea, profundamente enraizada en la historia de la industria de las naciones de los países de Mercosur.

(De la Conferencia pronunciada en Sáo Paulo en el encuentro "Unión Europea y Brasil: Realidades y expectativas de una relación transatlántico", en Diciembre de 1999.)

Felipe González
Ex Presidente del Gobierno de España
Inversiones duraderas


He hecho un acompañamiento, desde el año 91, a este magnífico proceso de creación del Mercosur, que ha superado todas las expectativas. Me parece que el resultado ha sido espectacular y tengo además un gran honor: el de haber firmado, como Presidente en ejercicio de la Unión Europea, el primer acuerdo entre una región, Unión Europea, y otra región, Mercosur, en diciembre del 95, la primera vez que Europa hacia eso. Hace diez años en Harvard me tomaban por loco cuando proponía una relación triangular con América Latina. La relación ya está, tenemos una relación de tal naturaleza que somos primer socio comercial, primer inversionista y primer cooperante al desarrollo. Pero siendo esas tres cosas, para Europa no parece suficientemente relevante lo que pasa en este continente. Nos quejamos de que hemos perdido presencia en México, ahora hay un acuerdo con México; como europeos no sólo podemos recuperar presencia en México sino en todo el territorio del Tratado de Libre Comercio del Norte. Pero lo que me sorprende es que ni siguiera seamos lo suficientemente egoístas (hablo de egoísmo inteligente) en Europa como para prestar mucha más atención a lo que pasa aquí. Tenemos muchos compromisos y no sólo España, que ha hecho un esfuerzo inversor espectacular, en lo que va de década. Pero no inversor de inversiones que se realizan en el plazo de una semana y se van, sino inversiones para quedarse. Prestemos, por tanto, un poco más de atención, hablo desde el punto de vista de Europa.

Mercosur no tiene ninguna culpa de algunos de los elementos de crisis que se han planteado en los últimos meses, después de los efectos de la crisis financiera. Hay dos problemas a mi juicio: uno, no hay sistemas de fusibles que salten antes de llevarse toda la instalación por delante. Esto es peligrosísimo. En esta empresa de Mercosur metan algunos fusibles antes de que salte el fusible principal, que son los presidentes de los países, que no pueden estar arreglando uno a uno los conflictos. Dos, intenten armonizar las respuestas a los choques económicos que producirá cualquier crisis financiera o cualquier crisis cambiaría. No estoy proponiendo que hagan una moneda única. Decidan el camino que quieran, pero intenten prever y armonizar respuestas a estos choques económicos y comerciales que producen las crisis financieras cuando se tienen políticas monetarias divergentes o distintas entre los países concernidos. Esto se puede hacer y se puede prever.

(De la conferencia pronunciada en Madrid en el encuentro "México y Europa: Escenarios económicos y políticos" en Mayo de 1999.)

Luis Felipe de Seixas Corrêa
Vice Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil
Globalización simétrica


En junio pasado, como bien saben, en Brasil tuvo lugar la primera cumbre entre jefes de Estado y de gobierno de América Latina, del Caribe y de la Unión Europea. Se trató de una ocasión simbólica para afirmar las propuestas de aproximación entre las dos regiones. Uno de los principales frutos de esta reunión fue la iniciación de las negociaciones comerciales entre Mercosur y la Unión Europea con vistas a iniciar el proceso que debe conducir a un área de libre comercio entre los dos mercados. Será necesario para eso superar el proteccionismo que aún rige en la Unión Europea en lo que respecta al sector agrícola y que tanto perjuicio va a ocasionar en los países de Mercosur en términos de acceso al mercado europeo y de competencia entre mercados. Es importante que la Unión Europea tenga presente la importancia política y estratégica de esa negociación. La aproximación entre Mercosur y la Unión Europea debe ser vista sobre todo como una iniciativa política que trasciende el plano meramente comercial. Debe ser afrontada como medio para asegurar el mantenimiento de la fuerte presencia europea en América Latina, fortaleciendo por tanto la multipolaridad y el equilibrio estratégico en el plano internacional.

Somos conscientes de las dificultades que tenemos por delante, pero confiamos en los factores de convergencia que nos aproximan: la naturaleza abierta por los dos procesos de integración, el compromiso de ambos con las normas multilaterales de comercio, el ya bastante elevado grado de nuestro intercambio comercial, la presencia de importantes inversiones europeas en los países de Mercosur, así como las afinidades históricas y culturales que nos vinculan.

Es preciso por eso tener presente las asimetrías existentes en el plano comercial. De hecho, el intercambio entre Brasil y la Unión Europea se ha desarrollado de un modo extremadamente desequilibrado en el decenio 88-97. En esos diez años, nuestras importaciones de la Unión Europea crecieron un 355 por ciento, nuestras exportaciones sólo el 28 por ciento. Brasil ha sufrido efectos negativos evidentes de las prácticas comerciales proteccionistas y necesita trabajar en conjunto con los países de la Unión Europea para superarlas. Esa es, en líneas generales, la estrategia que Brasil procura seguir para afrontar los riesgos y aprovechar las oportunidades de la globalización. Para promover aquello que el Presidente Fernando Henrique Cardoso acostumbra a denominar como una "globalización más simétrica". Teniendo en cuenta la necesidad de asegurar la adecuada relación entre la lógica del mercado internacional y las necesidades sociales internas de cada país.

(De la Conferencia pronunciada en Sáo Paulo, en el encuentro "Unión Europea y Brasil: Realidades y expectativas de una relación transatlántico", en Diciembre de 1999.)

Hans-Dietrich Genscher
Ex Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania
Movimientos Visionarios


La decisión de México, Estados Unidos y Canadá de crear una zona de libre comercio (Tratado de Libre Comercio, TLC) representó un movimiento visionario, casi revolucionario. De hecho, fue la respuesta exacta al desafío de la globalización. Casi podríamos decir lo mismo del proyecto de creación de la zona de libre comercio en América, desde Alaska a Tierra de Fuego. Latinoamérica se ha convertido en una de las zonas económicas más dinámicas del mundo. Exceptuando Cuba, el resto de países latinoamericanos ha emprendido el camino hacia la democracia y la economía de mercado. El desarrollo positivo de esta región se manifiesta también en la tendencia cada vez mas frecuente a la integración regional, y se ha puesto de manifiesto, por ejemplo, en el marco del MERCOSUR. La integración regional en América se corresponde con el auge en Europa, ya que la estabilidad en América es una condición importante para llegar a una situación de estabilidad general. Nunca antes en la historia habían existido perspectivas tan prometedoras como las de ahora para que México y la Unión Europea (UE) llegaran a ser socios. Ambas partes comparten afinidades históricas, culturales y sociales. Pero no es esta la única razón por la que la UE decidió escribir un nuevo capítulo en la historia de las relaciones, negociaciones de acuerdos y cooperación con México, durante la Presidencia alemana en 1994. De hecho, la UE se ha dado cuenta de la importancia e influencia tanto política como económica de México en América y en todo el mundo. México y la UE comparten los mismos valores y tienen intereses políticos y económicos similares. En estos momentos, la UE es el segundo socio comercial más importante de México, después de Estados Unidos. Si por una parte, miramos tanto al Océano Atlántico como al Pacífico como puente entre Estados Unidos y Centroamérica y por otra, a Latinoamérica y Centroamérica, obtenemos un panorama único desde el punto de vista geopolítico y geoeconómico. México no pertenece solamente al TLC, ya que debido a su situación como miembro del Foro de Cooperación Económica de Asia y el Pacífico, está ineludiblemente ligado a la dinámica región de Asia Pacifico. Actualmente, el producto nacional bruto de México supera al de algunos Estados miembros de la Unión Europea, México representa para la Unión Europea la puerta al vasto mercado panamericano y no es de extrañar que unas seiscientas empresas alemanas estén ya representadas en el país.

(De la conferencia pronunciada en México D.F en el encuentro "Europa y México: Presente y Futuro de una relación equilibrada", Marzo 1998)

Douglas Hurd

Ex Ministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido
Más puertas abiertas


E1 punto crucial de este año es el área de cooperación económica entre Europa y el resto del mundo. Hay un gran debate interno en Europa. Estos debates, aunque difíciles, son necesarios: somos quince democracias y debatir es una pieza esencial del motor que mueve nuestros destinos. Hay discusiones entre aquellos que quieren un libre mercado y aquellos que prefieren la protección de los intereses existentes, perfectamente legítimos por otro lado. He estado en muchas de las reuniones del Consejo de Ministros en Bruselas donde este tema es recurrente y creo que todos los europeos deben estar preocupados por el gran número de disputas que están surgiendo al otro lado del Atlántico entre EE.UU y Europa sobre algunos asuntos comerciales.

Esta discusión continúa y continuará. ¿Por qué? porque la gran mayoría de nosotros reconocemos que la libertad de comercio tiene una influencia liberalizadora que de hecho aumenta la prosperidad de todos. Si se reducen las barreras comerciales, la lección es clara: la nación como un todo, Europa o el Tratado de Libre Comercio (TLC) como un todo, se benefician sus ciudadanos y son más prósperos. Pero si se cuenta la nación como un todo o Europa como un todo, esto no es válido en la misma medida para algunos intereses particulares. Esto repercutirá negativamente en intereses particulares y éstos tienen voz, la veces voces potentesl, y es perfectamente legítimo. Pero en ocasiones estas voces en contra influyen demasiado en aquellos que hacen política; estamos familiarizados con este fenómeno tanto en México como en Europa. Me estoy refiriendo a las largas y arduas dilaciones que empleó Europa hasta que logró un acuerdo con la nueva Suráfrica, con la Suráfrica de Mandela, con la Suráfrica post-apartheid. Como decisión política, deberíamos haber ayudado y abierto puertas rápidamente a Suráfrica en vez de demorar años y años, lo que hace poco se ha conseguido. Este es sólo un ejemplo. Es probable que no ocurra lo mismo con México, que no tiene los productos agrícolas que tanto defendía Europa. La negociación con México será eso espero- más rápida y fácil. Esto prueba el debate permanente dentro de Europa entre proteccionistas y partidarios del libre comercio.

Creo que debemos mantener las puertas ya abiertas y abrir nuevas puertas para que entre aire fresco en la ancestral Europa. Si empezamos a cerrar puertas y no abrimos otras nuevas, en el milenio que comienza el próximo año se enrarecerá nuestra atmósfera, seremos ineficientes y perderemos nuestro papel en la economía mundial. Espero que continuemos pensando en Europa como un todo, con algunas reservas por supuesto, y volviendo sobre nuestros pasos de vez en cuando para mantener las puertas y ventanas abiertas y abrirlas con más frecuencia.

(De la conferencia pronunciada en Madrid en el encuentro "México y Europa. Escenarios económicos y políticos' en Mayo 1999.)
Rodrigo Rato, Vicepresidente segundo del Gobierno de España

 
Rosario Green, Ministra de Relaciones Exteriores de México

 
Mario Soares, Ex Presidente de la República de Portugal

 
Fernando Becerra, Ministro de Integración Nacional de Brasil

 
Felipe González, Ex Presidente del Gobierno de España

 
Luis Felipe de Seixas Corrêa, Vice Ministro de Relaciones Exteriores de Brasil

 
Hans-Dietrich Genscher, Ex Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania

 
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